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A la vista d'algun dels documents previs al Sínode que s'ha de celebrar a Roma aquest mes d'octubre, el teòleg pastoralista vinculat a Caritas de Vitoria, Ramón Ibeas, escriu un apunt crític que hem cregut convenient transcriure íntegrament.

 

 

REFLEXIONES AL HILO DEL SINODO 2012.

    Tras leer atentamente el excelente trabajo se Antoine Sontag, me he decidido a realizar las siguientes reflexiones que ofrezco para el debate que, en Pax Romana MIIC-INMICA se está  llevando a cabo en estas jornadas preparatorias previas al Sínodo que se celebrará en Roma este mes de octubre de 2012.

    En principio, el tono del documento romano no  me ha sorprendido. De hecho coincide en lo fundamental con el planteamiento que se está defendiendo desde la Conferencia Episcopal Española. De manera clara desde el entorno de su Presidente, el Cardenal Rouco Varela  y desde los centros teológicos más afines a sus postulados como por ejemplo el CEU-San Pablo o la Facultad de Teología de San Dámaso. De hecho, los profesores de estos centros, con los que he compartido el Máster de Doctrina Social de la Iglesia en el Instituto León XIII en Madrid, defendían análisis de la realidad muy parecidos a los que como subraya Antoine, forman el corpus del “Instrumentum laboris”  del Sínodo.

    Por ello, creo que hay un primer elemento a profundizar. De la lectura de los documentos pontificios de Benedicto XVI, e incluso del teólogo Joseph Ratzinger, deducimos sus grandes preocupaciones, que podríamos enmarcar en estos aspectos:
·    El relativismo cultural y moral, consecuencia de un alejamiento del hombre respecto de Dios y de su mensaje de salvación.
·    La emergencia educativa, que el Papa define como el intento de que el hombre sea alejado de Dios utilizando un mecanismo con el que se pretendería eliminar la presencia de la religión en el ámbito educativo, alegando su “irracionalidad”
·    El concepto de Verdad. ”Caritas in veritate”. Una verdad de la que la Iglesia es transmisora y garante y que ofrece al mundo, necesitado de volver hacia Dios y hacia el hombre.
    Se supone que el documento previo al Sínodo es un recopilatorio reordenado y elaborado, de las propuestas que se han recogido en el período de consultas y, la verdad, que todo el episcopado coincida en sus preocupaciones con las preocupaciones del Papa no supone ningún problema, pero que no aparezcan otras puede llevar a pensar que estamos ante un documento doctrinal con un presupuesto: impulsar una “Nueva evangelización de un cuño particular. Respetable, pero no suficientemente colegiado en una Iglesia que se define universal y por tanto católica.

    Estamos ante un documentos que se asumen tal cual se han expresado en otros foros, las preocupaciones del Papa y de la Curia para, a partir de ahí, y en segundo lugar, recoger las preocupaciones  de parte del episcopado europeo, y a partir de ahí las del resto de los obispos cuando estos coinciden en lo fundamental con el planteamiento subyacente en el documento. Creo que el Sínodo puede verse en el compromiso de decidir si acepta o no una lectura parcial de lo que está ocurriendo en el mundo lo que tiene consecuencias importantes en las propuesta evangelizadoras.

    Por ello me permito hacer dos bloques de propuestas. En el primero más generales, dirigidas a oxigenar el  debate sinodal. Las segundas más concretas, mostrarían las preocupaciones que, como miembro de Pax Romana me gustaría que los Obispos tuviesen en cuenta.

    Comencemos por las primeras y en este sentido creo que es clave definir el clima en el que se quiere impulsar la “Nueva evangelización”. Por ello propongo tratar de establecer un espacio, un marco de debate común que ha de situarse en la búsqueda activa de espacios plurales de convivencia socio-política en los que, como no puede ser de otra manera, la religión ha de estar presente de manera propositiva. En esta línea, me gustaría que se tuviera en cuenta el debate que en torno al diálogo fe y razón, razón y fe,  mantuvieron el filósofo Jürgen Habermas y Joseph Ratzinger en primera instancia y ya posteriormente el Papa Benecito XVI.(1) Nos puede ayudar a situamos ante la necesaria relación ente la razón moderna con la filosofía que en ellas subyace y la religión y el ámbito de la teología, dimensiones ambas insustituibles en el contexto de construcción de lo humano. En palabras de Habermas, nos abriríamos al debate de “la conciencia de lo que falta” como espacio de encuentro en el Ágora.

    Este planteamiento evitaría en consecuencia, y esta es mi segunda propuesta, convertir la evangelización y la misión en una cruzada de conversión desarrollando además una metodología más propositiva. Este tema es crucial porque apunta a uno de los riesgos máximos que hoy viven las religiones, el del fundamentalismo. Es cierto que en el texto se apunta la necesidad de alejarse de actitudes sectarias, pero creo que es igualmente necesario alejarse del fundamentalismo para lo que es necesario un  diálogo con un triple escenario: ecuménico, interreligioso y político. Estos son los tres espacios de la nueva evangelización que me preocupan.

    En tercer lugar nos encontramos la cuestión del Amor.  Sin entrar ahora en el debate teológico suscitado en torno a la diferenciación que el Papa hacer entre “eros”  y “ágape” en Deus Caritas est, es necesario reflexionar sobre el amor de Dios y la articulación de ese Amor, que ha de permitir al hombre crecer en dignidad. La nueva evangelización ha de estar al servicio del Amor de Dios a los hombres o quedará reducida a una herramienta eclesiástica en el mundanal debate de las ideologías.  La nueva evangelización tiene que escuchar la voz de los pobres, de los que lloran, de los que tienen hambre, de los ciegos… (Lc 4, Mt 6,…) o no será evangelización, será otra cosa.

    Cuarta propuesta: humildad. Es necesario ser honestos con la lectura del mundo, que ciertamente está como está, pero que también ha crecido en otros parámetros de solidaridad, cultura, técnica, salud… es  cierto que de modo desigual e incluso en ocasiones excluyente, pero creo que no se justifica una lectura en que se da la impresión que todo tiene solución apelando a la necesidad de recuperar al mundo para Dios, algo que, además, se entiende ha de ser función de la Iglesia. Siendo serios ¿estamos seguros de que desde esa misma sociedad, tan criticada, no se puede hacer una lectura igualmente crítica para con la Iglesia? ¿Que no se puede extraer analizando sus miserias, un imagen absolutamente negativa de la Iglesia? ¿Nos parecería justo que se reduzca la Iglesia a sus miserias? ¿Porqué hacer lo mismo con el mundo y con la sociedad?

    No quisiera insistir, pero lo apunto porque creo que es importante: la pluralidad de sociedades, de comunidades cristianas, de maneras de situarse ante la realidad, que han de encontrarse en un diálogo enriquecedor. Creo que este es el espacio de Paz Romana MIIC-INMICA, por ello termino con recogiendo cinco aspectos que creo que deberíamos proponer como líneas de atención para los debates del Sínodo:

·    Una nueva evangelización que dignifique a todas las persona y a toda la persona, en su integridad. Populorum progresio nº 14.
·    Una nueva evangelización situada en el diálogo entre la fe y la razón, a la búsqueda de entendimiento y con humildad.
·    Una nueva evangelización inculturada, que entienda de sociedades, Iglesias locales, comunidades, culturas… que permita una pluralidad en la unidad.
·    Una nueva evangelización propositiva, que sea anuncio de la Buena Noticia de Cristo a los hombres.
·    Una nueva evangelización que mantenga e impulse la opción preferencial por los pobres. Porque “fe, esperanza y caridad están unidas” (2)

En Irún a 29 de agosto de 2012.    

 

Notas

(1) Para este debate, en español podremos consultar las siguientes obras. HABERMAS/RATZINGUER Entre razón y religión. Dialéctica de la secularización. Ed. FCE, México, 2.008. 55 pp. Y por otra parte HABERMAS, J. Carta al Papa. Consideraciones sobre la fe. Ed. Paidós. Madrid. 2009. 266pp.

(2) BENEDICTO XVI, Deus caritas est, nº39.