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Aquest vepre ha mort el nostre estimat company Marc Vilarassau. Fa ja una mica de temps va escriure el que teniu a continuación. Gràcies, Marc

 
 LA PUERTA

— ¿Qué hay ahí detrás?
— ¿Es la primera vez que ves esa puerta?
— “Hospital de día. Sala de Oncohematología.”...Pues sí. ¿Lleva tiempo ahí?
— Mucho tiempo.
— ¿Quién está ahí dentro?
—Tendrás que pasar para comprobarlo.
— ¿Pasar? Pero...
—La suya es la número 7. ¡Adelante, acomódese que vengo en seguida a colocarle el gotero.
—Buenos días... con permiso, es que voy al lavabo, sí, con la máquina enchufada y todo.
Tranquilo, al final le coges el tranquillo.

Me siento en la butaca azul que me ha sido asignada, la número 7. Me he traído un libro, el ordenador, una botella de agua de litro y medio. Tengo para rato.

— ¿Desea auriculares para la televisión? Le ponemos el canal que desee, sólo tiene que pedirlo.

A mi izquierda, en la número 6, hay una chica joven, no más de 16 años, lleva un pañuelo en la cabeza, parece que ha vomitado, hoy no le pueden poner la quimio, llora. Se llama Estefanía. ¡Dios mío!

—Hola, cariño, hoy el cóctel me lo sirves frío y bien sacudío.

En la número 2 se acaba de sentar una mujer mayor, tiene la mitad del rostro paralizado. Hace broma y ríe mientras le colocan el gotero.

— ¡A dónde he venido a parar! ¡No se puede estar más escacharrá!

Voy descubriendo lo que hay detrás de esa puerta misteriosa que el Señor me ha invitado a traspasar. Aquí no se hace nada. Aquí se espera, en silencio, como en una ignota capilla con el Santísimo expuesto.

— ¿Vas entendiendo?
— ¿Por qué ahora?
— ¿Por qué no hasta ahora?
— ¿Por qué yo?
— ¿Por qué no tú?
—Es que acabo de cumplir 43 años.
—Ya, y Estefanía 16.
—Tienes razón. ¿Por qué hasta ahora tantos otros y no yo?
— ¿Por qué tantos? ... ¿Por qué tanto?
— ¿Por qué hasta ahora tú en la cruz?
—Acércate, vamos.
—No puedo acercarme a la cruz.
—Puedes, soy yo quien te acerca.
— ¿Puedo apoyar mi rostro en tu costado?
— ¡Claro!
— ¡Cuánto tiempo hablando de ti! ¡Cuántas cosas han pasado desde aquella contemplación ante la cruz en el retiro del Colegio cuando tenía 15 años! También entonces apoyé mi rostro en tu costado.
—Pero ahora es diferente, ¿verdad?
—Entonces me pregunté: Después de lo que has hecho por mí, ¿qué puedo hacer yo por ti?
—Y ahora, ¿qué te preguntas?
—Después de lo que has padecido por mí, ¿qué puedo yo padecer por ti?
—Padece esta parte de mi cuerpo que tanto amo.
— ¿Cómo?
—Que no se sienta solo, que no le falte ánimo ni el apoyo de mi costado.
—Y como jesuita, ¿qué hago?
—Lo mismo.
— ¿Lo mismo?
—Haz caso de Ignacio, ofrece tu enfermedad igual que ofreciste tu salud. No olvides que la Compañía de Jesús nació también, como toda la Iglesia, de mi costado.

MARC VILARASSAU, sj