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2 Catalunya Religió Dom, 17/04/2022 - 12:35

(Laura Mor/Roger Vilaclara –CR) Según ACNUR, ya son 4,6 millones los refugiados ucranianos que han huido a otros países desde que estalló la guerra el 24 de febrero. En Cataluña, muchas comunidades religiosas se han movilizado para hacer posible una primera respuesta. Es el caso del monasterio de Poblet que, desde hace cuatro semanas, acoge a una veintena de personas, la mayoría mujeres y niños. La acogida es un principio básico en la regla de san Benito y desde esta experiencia felicitamos a la Pascua a los lectores de Catalunya Religió.

Juliya es una de las madres que salieron en autocar desde la frontera de Polonia, gracias a la ONG Coopera, y que ahora viven junto al monasterio. Describe que en su país "cada día hay más y más angustia". Ha llegado con los hijos de la ciudad de Járkov, en el este de Ucrania. Se siente más cómoda hablando en ruso. Y así es como nos ha relatado lo que ha vivido. Pasaron diez días con un mendrugo de pan, encerrados en un sótano, mientras caían las bombas. Ahora vive pendiente de su marido y de sus padres, que no han podido huir.

"Procuramos en todo momento que se sintieran como en casa", explica en este vídeo el abad de Poblet, Octavi Vilà. Recibieron la petición urgente y enseguida respondieron con cinco pisos destinados a las visitas familiares de los monjes. Mientras grabamos la entrevista con el abad, una niña circula arriba y abajo en bicicleta. El entorno les facilita seguridad y les regala ratos de ocio. Pero también les han garantizado una buena conexión a internet, para no perder el hilo con sus amigos y familiares.

Reconfortadas, cerca de un monasterio

La Fundación Educat coordinó la puesta a punto de los espacios. Y ahora son un pequeño grupo de voluntarias, de Vimbodí y Espluga de Francolí, quienes acompañan a las familias en su día a día. Como Cesca Morgades y Carme Pàmies. Describen el miedo con el que llegaron los refugiados el primer día y poco a poco han ido ganando confianza. Los más pequeños ya hace unos días que van a la escuela y a partir del martes lo harán los mayores. Les dicen "aquí es como si llegáramos al cielo, porque hemos salido del infierno", apunta Pàmies.

Dice que se sienten reconfortadas de "tener a Dios cerca". El monje cisterciense también señala su religiosidad: participan de los oficios, van a las vísperas y le pidieron que bendijera los pisos. Sin embargo, viven este tiempo como un tránsito. Al llegar les preguntaron cuál era su intención. Y todos respondieron que querían volver a casa en cuanto acabe la guerra. No saben cuándo llegará ese momento.

En contexto de guerra en Europa, y después de un tiempo de pandemia "que ha sido desconcertante para todos", el abad de Poblet reflexiona sobre el sentido de la fiesta más importante de los cristianos: "La Pascua debe ser un tiempo de esperanza". Y pide "que entre todos seamos capaces de construir un mundo en paz, no sólo en Europa, sino en el resto del mundo".

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