La música religiosa, como cualquier género que sale de su decadencia, lleva tiempo buscando nuevas formas que permitan su evolución y continuación. Desde tiempos inmemoriales, se han maridado el arte y la espiritualidad, pero, hasta hace dos décadas, se podía decir que en un marco secular como el nuestro, esta cooperación tan prolífica e intuitiva no pasaba por su mejor momento.