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(Roger Vilaclara -CR) La familia ignaciana se ha encontrado este sábado en la Sagrada Familia para celebrar el 500 aniversario de la conversión de san Ignacio y el 400 de su canonización. Comunidades, entidades sociales, centros de educación en el ocio e instituciones de la red Jesuita de Cataluña han concentrado a más de dos mil personas en una eucaristía en la que el jesuita Josep Maria Rambla ha asegurado que "en el cambio de época que vivimos, en la situación de pandemia y de guerra, san Ignacio estaría en primera fila en la búsqueda de respuestas humanitarias y pastorales".

"Nos unimos a las celebraciones que se tendrán en todos los lugares del mundo donde hay presencia de los jesuitas". Así ha dado la bienvenida el jesuita Enric Puig a toda la familia ignaciana presente en la basílica. "Conmemoramos y reivindicamos la experiencia espiritual que cambió a Ignacio de Loyola para siempre", ha dicho sobre esta celebración. Parafraseando el lema del Año Ignaciano, ha pedido "que él nos ayude a ver nuevas todas las cosas en Cristo".

El jesuita también ha tenido unas palabras dedicadas a la situación que vive Europa con la guerra en Ucrania y ha manifestado el "deseo de paz" de la Compañía.

Una nueva mirada crítica y liberadora

Rambla ha centrado la homilía en la "nueva mirada de Ignacio en el mundo". Una mirada que le hizo percibir las cosas "tal y como son". Por este motivo, ha pedido "mirar el mundo cara a cara" y no verlo "cómo querríamos que fuera". Un mundo en el que se vive "una destrucción continua", pero donde "el progreso y la tecnología han abierto inmensas posibilidades". Un mundo donde, en medio de la indiferencia, "existe también la globalización de la solidaridad".

Ante la mirada crítica, san Ignacio se preguntaba continuamente: "¿Qué hacer?". Una pregunta que, para el padre Rambla, se contesta buscando "las formas concretas de responder a las llamadas del espíritu".

En su homilía también ha hablado de una mirada liberadora. Ha asegurado que Ignacio, en la actualidad, "invitaría a todo el mundo a implicarse a fondo en el camino de la sinodalidad". También "promovería iniciativas para la tarea dura y apasionante de transmitir la fe y de buscar nuevos lenguajes para comunicarla", ha dicho.

"En la gran diversidad, una comunidad amplia"

"Es un gozo podernos encontrar y visibilizarnos como familia ignaciana", ha expresado la directora de Migra Studium, María del Carmen de la Fuente, antes de terminar la celebración. Una familia que, "en la gran diversidad", se reconoce como "una comunidad amplia".

En su discurso, ha destacado el proceso de conversión de san Ignacio. "Un proceso que todavía es luz para nosotros", ha asegurado. También ha dedicado unas palabras a los jesuitas, a las religiosas y a los laicos y laicas que, en los últimos 500 años, "han transmitido una forma de mirar la realidad y una pasión por la fe y la justicia que ha llegado hasta nosotros". Sobre esta labor de la Compañía de Jesús hacia los demás ha pedido: "No dejemos de hacerlo".

La celebración ha estado acompañada de un coro de más de 600 voces. Tras varios ensayos territoriales, 500 cantores voluntarios vinculados a la Compañía de Jesús y un centenar de voces del coro de jóvenes han cantado en la basílica. El delegado de los Jesuitas en Cataluña, Enric Puiggròs, ha dirigido el coro participativo desde el altar.

El cardenal y arzobispo de Barcelona, ​​Juan José Omella, ha sido el encargado de presidir la eucaristía. En su intervención, al término de la celebración, ha arrancado varios aplausos bromeando sobre la "gran dirección de cantos" que ha hecho Puiggròs. Ha agradecido "el trabajo hecho y que se hace" desde la Compañía y ha destacado su generosidad: "Este trabajo generoso por la Iglesia y por la humanidad es el que da frutos".

Omella también ha bendecido a los peregrinos que, desde este domingo, han emprendido el camino ignaciano desde Loyola hasta Manresa. Una peregrinación con una vertiente solidaria, ya que servirá también para hacer visible y colaborar con la labor de las entidades sociales de los Jesuitas en Cataluña.

Además de un gran grosor de jesuitas, la eucaristía ha contado con la presencia de superiores y superioras de diversas congregaciones religiosas; del párroco de la Sagrada Familia, Josep Maria Turull; el presidente delegado de la Junta Constructora de la Sagrada Familia, Esteve Camps; y la directora general de Asuntos Religiosos, Yvonne Griley.

"No es tiempo de dormir"

En el marco de esta celebración, el papa Francisco ha pedido a la Compañía no dejar de inquietarse "por el grito de sufrimiento del mundo". Lo ha hecho en la eucaristía celebrada también este sábado en la iglesia del Gesú de Roma y presidida por el general de los jesuitas, Arturo Sosa.

"Estamos llamados a salir donde el hombre se encuentra con Dios con dificultad", ha dicho el Papa. Sobre la comodidad, el "clima consumista" y el individualismo, Francisco ha hecho énfasis en la importancia de actuar para cambiar el mundo. "No es tiempo de dormir" ni de "cerrar los ojos a la realidad dándole la espalda".

La Compañía de Jesús inició las celebraciones del Año Ignaciano con la festividad de san Ignacio el pasado 31 de julio. El superior general de los Jesuitas, Arturo Sosa, presidió una eucaristía en el Santuario de la Cueva de san Ignacio coincidiendo con la inauguración de los nuevos mosaicos de Marko Rupnik en el santuario. 

Puede recuperar la celebración entera aquí: