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Antes de las palabras sobre el juicio a las naciones (25,31-46), encontramos en el evangelio de Mateo tres parábolas que giran sobre el retraso del regreso de Jesús, el lapso de tiempo intermedio como un tiempo de vela y espera y el juicio final o momento de pasar cuentas. Las parábolas son: el esclavo fiel (24,45-47); las diez muchachas (25,1-13) y los talentos (25, 14-30) que es la que leemos en el evangelio de este domingo.

Lo que sucede en la narración de la parábola parece estar inspirado en la actividad de alguno de los miembros de la familia de los Herodes que a menudo iban a Roma para negociar la adjudicación de algún reino o la obtención de algún cargo o privilegio; en estas circunstancias debían encargar la administración de sus bienes a funcionarios más o menos inteligentes y en general poco escrupulosos.

La parábola parece estar en contradicción con la recomendación hecha a los doce de no llevar ninguna moneda de oro, ni de plata, ni de cobre (10,9), el ruego de no amontonar tesoros en la tierra, de no servir al mismo tiempo a Dios y al dinero (6,19.24) o las palabras dichas al joven rico: "vende lo que tienes y dalo a los pobres" (19,21). La dificultad desaparece cuando se lee la parábola en clave de lo que debe hacer la comunidad cristiana durante la espera de la venida de su Señor. Se nota enseguida cuando leemos que el hombre que tenía que hacer un viaje, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. Se trata de convocar alguien para encomendarle una misión. Es un esquema que encontramos en otros lugares de la Escritura. El Señor llama a Moisés para enviarlo al Faraón para liberar a los israelitas (Ex 3,4.10); el Señor llama a Samuel para hacer algo enorme en Israel (1 S 3,10-11); el Señor dirá a su sirviente: "Te he llamado ... para que seas alianza de los pueblos" (Is 42,6). El trabajo que deberá hacer la comunidad cristiana es producir los talentos, es decir, las capacidades que le han sido dadas a fin de llevar a cabo la exigencia evangelizadora.

La alabanza no apunta a la cantidad de dinero obtenida sino en el hecho de haber trabajado o no. De hecho, en el evangelio de Mateo aparece a menudo la exigencia del rendimiento, de la productividad: "Dad frutos dignos de arrepentimiento" (3,8); "Todo árbol que no da buen fruto será cortado y arrojado al fuego" (7,19); "La semilla sembrada en tierra buena da buen fruto" (13,23); "El Reino de Dios os será quitado y será dado a un pueblo que produzca sus frutos" (21,43). La comunidad está llamada a rendir i producir  aumentando los bienes que ha recibido. Se pide a la comunidad que sea operativa. La espera del regreso del Señor, a diferencia de las muchachas que esperan sin hacer nada, debe ser una espera activa. No debe ser una espera como el que está en una cola sin hacer nada esperando que le llegue el turno.

La tarea de la comunidad es de una gran responsabilidad. La cantidad de dinero es muy elevada. Un talento equivale a seis mil denarios y un denario equivale a un día de trabajo. Esto es indicativo de una gran confianza por parte del dueño y que la tarea es de una gran envergadura. Al no dar instrucciones a los sirvientes de cómo deben trabajar se pide de ellos imaginación y creatividad, lo mismo que se pide a la comunidad que debe emprender la tarea de la proclamación del evangelio.

La parábola recuerda que habrá que rendir cuentas, que hay que tomar partido, que no se puede estar permanentemente en la indefinición. Es una crítica implacable a la actitud de pasividad del que no quiere entrar en la lógica constructiva del Reino de Dios.

Domingo 33 durante el año. 15 de Noviembre de 2020