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La rutina muchas veces nos asusta o nos aburre. Parece un espacio deshabitado, del que conviene huir cuanto antes. Sin embargo, la rutina forma parte de lo cotidiano y late como condición de posibilidad de la vida humana, tejida de ciclos y repeticiones. Estas páginas tratan de explorar la vida oculta de Jesús como clave de acceso a una iluminación creyente de la cotidianidad. El cristianismo alberga la noticia casi escandalosa de que Dios mismo conoce la rutina a través de su encarnación nazarena. La buena nueva, el «evangelio de Nazaret», es que no solo la conoce, sino que la habita, la recrea y nos la devuelve preñada de sentido. Durante dos milenios, la teología apenas se ha detenido junto al misterio de la vida oculta de Jesús. Algunas ricas aportaciones en la órbita de la espiritualidad no se han visto siempre fundamentadas por una reflexión dogmática suficiente. Necesitamos, pues, teología de la vida oculta.