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(Laura Mor –CR/Alcarràs) Es una mujer de nervio. "Ahora ya estoy jubilada y trabajo más que cuando no lo estaba", reconoce María Dolores Cabello, Hija de Jesús. Desde Cáritas parroquial de Alcarràs acompaña los temporeros que malviven en asentamientos de Alcarràs. La gente con la que comparte este trabajo puntualiza que esta religiosa "trabaja más que cualquier persona que conozcas". Granadina, y química de formación, dio clases hasta que decidió dejar la escuela y dedicarse exclusivamente al mundo social.

En 2008, con dos hermanas más, comienza la comunidad de las Hijas de Jesús en Alcarràs, a 12 kilómetros de Lleida. Colabora con la Fundación Raíces San Ignacio -como voluntaria y en el patronato- y con Cáritas Lleida. Pide combatir el racismo y aceptar el derecho a la movilidad humana. "Cuando te cuentan la historia de cómo han venido, hay arrodillarse ante tanta dificultad", dice en esta entrevista. Asegura que "acompañar estos procesos te hace sufrir porque entras en el sufrimiento del otro" pero también valora hacerlos "protagonistas de su vida".

¿Por qué vinieron a Alcarràs?

La Congregación quería ampliar el servicio a los inmigrantes. Es lo que el Señor nos está pidiendo en este momento. El hermano marista Benet Arbués, delegado episcopal de Cáritas, nos acompañó cuando empezamos. Entonces no estaba constituida la Cáritas parroquial. Vimos los asentamientos y nos impresionó tanto que dijimos "nos quedamos aquí'. Colaboramos con Raíces San Ignacio y Cáritas Lleida.

¿Cómo se ha implicado su comunidad religiosa?

Las Hijas de Jesús estamos aquí a todas. Nos hacemos presentes en todos los programas que llevamos a cabo conjuntamente con los técnicos de la diocesana: refuerzo escolar, vivienda, acogida a los temporeros, acogida social, acogida de asentamientos, orientación laboral, sensibilización y mediación intercultural. Yo me dedico más a asentamientos y temporeros.

¿Cómo eran estos asentamientos en 2008?

Primero había un asentamiento grandísimo, cerca del río, y otro más pequeño de gente de Ghana, al otro lado del río. Vivían en unas condiciones tremendas. Vino una técnica de Cáritas Diocesana de Lleida para orientar a los voluntarios, conocimos el rector de la parroquia de Alcarràs, Xavi Navarro, y vino gente a colaborar. Pocos, pero buenos y buenas [risas]. Empezamos a formarnos como Cáritas, comenzamos las clases de castellano, la acogida, visitábamos los asentamientos, los temporeros también venían en verano. Esto se hizo grande y pedimos ayuda a Cáritas Diocesana de Lleida.

¿Con qué recursos respondieron?

Comenzamos con el Plan Iglú. El Ayuntamiento nos cedió durante las semanas más frías del invierno la vivienda destinada a los temporeros que tienen un contrato con los agricultores. Como estaba vacío porque era fuera de campaña, nos lo dejaban e iban a dormir. Allí empezamos a tener un contacto más personal con estos chicos. Cuando se acababa el Plan Iglú y subía la temperatura, volvían al asentamiento. Entonces nos planteamos qué hacer: no tenía sentido que fueran de un lado a otro. Comenzamos con los pisos: llegamos a tener tres en Alcarràs. En dos años, el asiento grande se erradicar totalmente. Pero hay otros, en Alcarràs...

Actualmente quedan dos asentamientos. Uno que es más de temporeros: ahora en invierno queda muy poca gente; el problema es que están en un lugar privado, detrás de una fábrica. Viven en camiones frigoríficos. Hemos hecho procesos para erradicar esto y no se puede. En este asentamiento visitamos a los chicos. Llegan el mes de abril, mucho antes de que comience la campaña de la fruta, entre mayo y junio. Es un tiempo que todavía hace frío. Se les debe ayudar con mantas, ropa, comida. Unos porque han venido sin recursos porque han trabajado muy poco; otros porque vienen sin papeles y han trabajado con papeles de otros, vienen con la esperanza de seguir trabajando. Otros que envían lo que ganan a la familia; trabajen o no, este es el problema. Generalmente, quien trabaja mucho en la campaña de la fruta, ayuda a la familia.

Aparte de una manta para el frío, ¿qué más les ofrecéis?

Ofrecemos escucha, orientación, acompañamiento. Los hacemos una entrevista para ver qué proceso han seguido, de dónde vienen, cómo están, qué piensan hacer, si hay posibilidades de que trabajen. Una técnica de Cáritas Diocesana les hacía orientación laboral: los ayudaba con el currículo para pedir trabajo.

Aunque no encuentren trabajo, ¿se quedan aquí?

Se quedan los que no tienen papeles; saben que en otros lugares tampoco podrán trabajar. Aquí a veces trabajan tres días, cuando la fruta madura, de golpe les piden si tienen amigos que puedan ir; si los encuentran los inspectores, los echan. Los que tienen papeles vienen al principio, para pedir una manta para el frío. El asentamiento fuerte que nos preocupa es el de la granja. Una granja abandonada donde viven chicos que, en el momento de la crisis económica, no pudieron renovar el contrato y se quedaron sin papeles.

Si los quisieran recuperar, ¿qué deben hacer?

Comenzar el proceso de nuevo. Tres años de estar empadronados y, sobre todo, un contrato de trabajo que no encontrarán por su situación personal... En la granja permanentemente hay gente, pero las condiciones son terribles. Muchos están alcoholizados, están deteriorados física y mentalmente, hay enfermedades. Hace poco murió un chico de tuberculosis. La situación de estas personas nos preocupa mucho.

¿Siguen haciendo visitas 'in situ'? 

Tenemos tres voluntarias que van cada semana a los asentamientos, se arriesgan y han hecho una labor muy buena de convencer a los chicos que tienen que venir a Cáritas. Les decimos: "Nos interesan sus personas, ya sabemos que es muy difícil salir de la situación en que está, pero tenemos que buscar soluciones, como mínimo a qué aspira, qué posibilidades tiene...". Hemos puesto un servicio de duchas, de lavandería... Se desplazan arriba y abajo en bicicleta. Los hay que tienen hongos en los pies y no pueden caminar; debemos ayudarles de otra manera. Pero no vienen los que más lo necesitan. Puedes imaginarte el estado en que se encuentran, su deterioro personal...

Es una situación que ya ha denunciado...

Hemos hecho muchas actuaciones para revertir la situación. Se han hecho llegar escritos a muchas instituciones. Algunas no han contestado. Las que lo han hecho, dicen que es un problema de pobreza y no de sanidad... Hemos llegado hasta el Síndic de Greuges. Pero nada.

¿Y los pisos? 

El proceso a los pisos es muy bonito. Hay uno en Alcarràs de hombres y dos en Lleida, uno de hombres y uno de mujeres; y también tenemos dos para familias en Lleida. Cuando los chicos salen, vuelven algunos porque ya están en condiciones de encontrar un contrato, entonces hacen un proceso hasta que consiguen la residencia. Si los deniegan los papeles, vemos cuál es el motivo, según qué sea, tiene solución. Han ido saliendo, gente que ha renovado y siguen viniendo a vernos y estar con nosotros. Es un proceso muy bonito. Ayudamos con la documentación, sobre todo la partida de nacimiento, que se les tiene que enviar, el pasaporte, etc. Los que están en pisos, se empadronan y cuando salen hacen un proceso... Yo soy voluntaria. Mi responsabilidad es con los pisos de familia. En Cáritas Diocesana soy la responsable de voluntariado, estoy en la animación de Cáritas parroquiales...

Acompañar no es sólo dar una bolsa de comida o solucionar trabas burocráticas, ¿verdad?

No, con el acompañamiento me interesa la persona, y cuando se crea una relación se van abriendo y ves que el problema no es que necesiten una manta o comer, sino que tienen soledad, están enfermos, no los atienden, que es un calvario conseguir papeles... Todo esto tiene que mover algo por dentro. No nos podemos quedar indiferentes. Y también está la lucha por la sensibilización del pueblo.

Como religiosa, en un determinado momento, hace una opción por los más pobres.

Mi compromiso es con el pobre, está claro. Llevo cincuenta años de vida religiosa. Soy química y me he pasado toda la vida dando clases de física, química y matemáticas en las escuelas de la provincia. Pero antes de jubilarme, pedí reducción de jornada para poderme dedicar al mundo social, empecé con Proyecto Hombre Granada, después también en Málaga, hasta que llegó un momento que pedí a la provincial poder dedicarme más plenamente. Dejé las clases cuando me faltaban cinco o seis años para jubilarme y vine aquí.

¿Una apuesta de Congregación?

Hace tiempo que la Congregación de las Hijas de Jesús ha derivado de la escuela al campo social. Por lo tanto, mi dedicación no es una cuestión personal. Después del Concilio Vaticano II la vida religiosa se renovó y volvió a las fuentes. En nuestra fuente hay una mujer sencilla, que no sabe leer ni escribir, a quien Dios pide fundar una congregación de enseñanza en Salamanca, cuna de la cultura. La mujer está marginada en la época y la madre Cándida fue con las mujeres de servicio. Allí donde había escuelas de pago, ella abría por las que no podían pagar. Era muy sensible a la cultura de la mujer, a finales del siglo XVIII (1871). Quería una educación para todos. En el origen de la Congregación está presente el mundo social. Cuando pedían un milagro para beatificarlo la decíamos: "¿Qué otro milagro quieren que una mujer que no sabe leer ni escribir funde una congregación de enseñanza en el centro de Salamanca?". Y aquí estamos las Hijas de Jesús. Como dice un amigo mío, Jesús no hizo opción por los pobres, él fue pobre.

También ha trabajado en el mundo de la drogodependencia y la reinserción...

En Raíces soy tutora de uno de los chicos drogadictos; en Proyecto Hombre fui terapeuta. Empecé con el mundo de la reinserción y me atrae mucho. Jesús lo que hacía era recuperar las personas. Y es lo que estamos llamados a hacer. Son gente que sufre muchísimo, que tiene muchos problemas, uno no se droga porque sí. Lo más importante es que la persona descubra en el fondo qué le llevó a la droga. Y siempre hay problemáticas infantiles, de adolescencia, de autoritarismo, de abusos... Hay que recuperar las personas en su dignidad. Y es un trabajo que me gusta mucho: escuchar, animar, valorar... La persona se ha de salir por sí misma, pero el proceso lo viven dentro de una comunidad, con educadores que son profesionales, con quien estamos en continua comunicación. Los tutores escuchamos y hacemos apoyo.

¿Cómo alimenta este compromiso en el tiempo?

Yo llevo muchos años de formación, en Proyecto Hombre, Raíces, Cáritas... Y, como religiosa, con la teología y el reciclaje continuado. Y luego todo esto lo alimento desde la fe, con la oración de cada día, con el contacto con el Señor. Si todo esto no sabes desde dónde lo haces, o te quemas o te desanimas... El desánimo no cabe en mi vida: tengo un compromiso, una opción, en primer lugar, por Jesucristo.

¿Y en comunidad?

Las dos casas nos encontramos dos veces al mes, y una vez al mes hacemos retiro, por constituciones. En verano, hacemos 8 días de ejercicios, retiro total. El último día de retiro, para situarme de nuevo, miré que tenía pendiente, y lo puse en una lista... me salían 17 puntos y, comentándolo en la cena, un jesuita que cenaba conmigo esa noche me decía: "María Dolores, no te amontones"... Es mi vida, me encanta trabajar en equipo. Mientras pueda estar al servicio de los demás, soy feliz.