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(Glòria Barrete –Mollet del Vallès /CR)  Mollet del Vallés cuenta con una única congregación religiosa a su población, las religiosas de la Compañía de María. Hace más de un siglo de la presencia de las hermanas de Lestonnac a través de la comunidad y la escuela concertada. Una comunidad que pretende ser testimonio de fraternidad y acogida y que cuenta actualmente con ocho religiosas de la Compañía de María. Hasta allí nos hemos desplazado para hablar con la religiosa Marga Pedraz, otro de los testigos de la 'Serie de los ex'. Un ejemplo más de religiosas y religiosos que siempre están disponibles.

Marga nos recibe en la puerta de la comunidad con una gran sonrisa. Nos abraza mientras nos conduce hacia el ascensor y nos cuenta que las hermanas viven sobre la escuela, junto a la sección de infantil, aunque con espacios independientes. Una vez dentro de la comunidad nos enseña el patio escolar, que se ve desde las ventanas, muestra orgullosa como de moderna y bonita ha quedado la escuela pintada de nuevo y nos insiste en que no entiende porque ella debería merecer uno de nuestros artículos. Ahora sabréis el porqué.

Salir de la propia tierra

Nacida en Salamanca en el seno de una familia cristiana, Marga, la mayor de seis hermanos, fue a la escuela con las Jesuitinas. Estudia en la universidad la carrera de Filología Románica y es en el cuarto curso de carrera cuando la idea de ser religiosa toma forma seriamente. A pesar de tener un gran recuerdo de su escuela y las jesuitinas, decide que su opción de vida necesita de una radicalidad y que hay que romper con todo lo que conoce, "sentía una llamada a dejar de ser la 'Marga Pedraz' de entonces" y esto la lleva a hacer el noviciado con la Compañía de María en Urduña, en el País Vasco, donde no conocía a nadie. "Ahora que releo mi vida me doy cuenta que siempre ha habido como una línea de fondo, un 'sale de tu tierra', que comenzó en aquel primer momento".

Posteriormente la envían a Madrid a hacer el Doctorado, lo acaba y la envían a Coruña. "Unos años preciosos", afirma Pedraz, en la que se materializó su deseo de que la entrega a Dios pasaba por ofrecer lo que tuviera, "ya mí eso me parecía que pasaba por la educación, tenía una vocación de educadora muy grande". Cinco años más tarde, en 1972, la destinan a Zaragoza para ser maestra de novicias, en el barrio de Torrero.

"Fue una experiencia muy buena porque en aquella comunidad íbamos una de cada provincia -entonces eran cinco provincias- y teníamos una pequeña escuela dentro del noviciado para niños de primaria". Una época de trabajo en equipo, "otro de los dones que el Señor me ha concedido, el trabajo en equipo", y a los tres años la vuelven a enviar a Galicia para formar parte del equipo provincial, encargándose sobretodo de la formación.

Responsabilidades en el gobierno de la Compañía

En 1978 la nombran provincial de Galicia, y lo es durante ocho años. Cuando termina el período de ocho años como provincial la envían a Roma, a formar parte del Equipo General como Consejera durante seis años, hasta que en 1991 sale elegida General y lo es durante doce años, hasta el 2003 .

"Asumir el cargo de General me costó mucho, sinceramente". En cada lugar en los que ha estado Marga se sentía muy a gusto, pero ahora que relee los eventos afirma que ha sido como si en la vida Dios le hubiera ido diciendo "ve más allá, sigue un poco más allá". En Galicia se sentía plenamente a gusto siendo provincial, tenía mucha relación con otras congregaciones, con profesores de la escuela, con antiguos alumnos, con las comunidades. "De repente toca ir a Roma, toca pensar en universal, con unas personas que quizá no conoces demasiado, y en un primer momento me asusté".

General de Congregación

Marga entonces discernió aquel nuevo encargo y entendió que había una línea que lo había atravesando siempre todo, "la línea educativa". Cuando entró a formar parte del gobierno como consejera pensaba que si ella había entrado en la Compañía era para vivir la educación, y ahora tocaba hacer Gobierno. "El Gobierno, tal como nosotros la entendemos, sigue siendo una tarea formativa, es estar al lado de cada uno, ayudar a crecer, que es muy de nuestro carisma, en cualquier situación y realidad, y eso al final es apasionante". Recuerda aquella época con felicidad, "me queda el corazón lleno de nombres", una experiencia bonita ver que la gente la ha sentido cercana y que a pesar de dejar de ser General "sigues siendo Marga Pedraz".

Del ajetreo de la responsabilidad a la calma de un pueblo pequeño en Granada, Huétor Vega. Es en esa época cuando comienza la tarea que desde entonces la ha ido acompañando hasta ahora, crear y coordinar a diferentes niveles la Red Laical de la congregación. En el último Capítulo como General en 2003 la congregación empieza un trabajo con los laicos de manera más formal. Se crea la Red Laical de la Compañía con el objetivo de concretar la misión compartida y sobre todo compartir la espiritualidad propia de la congregación, compartiendo, vida, espiritualidad y carisma. "Me mandan entonces ponerlo en marcha y coordinarlo, y todos estos años, desde 2004 que es cuando comenzó la Red, es la tarea que he hecho más de fondo, desde el lugar donde me haya tocado vivir" .

En la aldea de Granada vive durante dos años y después llega a Madrid, en una comunidad pequeña, de tan sólo cuatro hermanas, "una de las mejor experiencias de mi vida, muy cerca del barrio de Ciudad Lineal". Llevaba allí el tema de la Red Laical y también daba clase a mujeres adultas, un proyecto de escuela de adultos que la Compañía hace en los locales de la escuela en el barrio del Pilar. Mujeres que emigraron de niñas hacia Madrid tras el franquismo y que no sabían ni leer ni escribir. "Una gran felicidad aquella escuela, que recuerda la idea fundacional de nuestra congregación pero vivida actualmente".

Aterrizaje en Cataluña

En el año 2014 la destinan a Cataluña, en la comunidad de Mollet, donde es actualmente la directora. "He estado en lo que eran las cinco provincias de España".Es actualmente la superiora de la comunidad, que cuenta con ocho hermanas. El primer año fue a Cáritas a dar clases a personas inmigradas, y actualmente se dedica a preparar formaciones para otras congregaciones que le piden o acompañante capítulos generales de otras órdenes y congregaciones. Sigue formando parte de la Red Laical que se reúnen a menudo en Barcelona y preparan ejercicios, formaciones o reuniones de acompañamiento. Y no se puede olvidar el trabajo diario de casa, de comunidad. "Hoy, por ejemplo, me ha tocado cocina a mí, me toca los jueves, aunque hay domingos que también porque es rotativo entre las ocho hermanas. Una vida normal, de familia, cotidiana, con peleas y alegrías".

Y es que para Marga Pedraz la vida religiosa tiene un plus. "Tenemos claro que somos religiosas. Una no está en una comunidad para una persona en concreto. En comunidad una vive la riqueza de la complementariedad, no tenemos que ser todas iguales".

Cree que la vida religiosa tiene que ir cambiando hacia una forma "fundamentalmente de testigo de la fraternidad", para mostrar "que se puede construir desde Jesús una fraternidad donde cada uno tiene su lugar". Asimismo, explica que en pleno siglo XXI  también se deben entender bien los votos de pobreza, obediencia y castidad. Se trata de entender la desapropiación de uno mismo para encontrarse con el otro, y eso no quiere decir que no se tengan bienes o relaciones normales con la gente.

"La obediencia, por ejemplo, significa obediencia al proyecto de vida al que uno se ha sentido llamado y con el que te has comprometido. Si yo me he comprometido a que mi vida esté totalmente dada en el Reino es normal pensar que no quede otra que aceptar lo que quiere la congregación de mí, no?". Esto, según Pedraz, supone un tipo de pobreza y no ser yo el centro. "Yo me siento aquí totalmente libre, para amar, para entregarme, para encontrar sentido a la vida", reconoce.

Y a pesar de haber dado vueltas por muchos lugares y muchas comunidades Pedraz afirma que "en cualquier comunidad a la que voy lo que vivo siempre es acogida fraterna, me siento como una hermana más". Y es que para esta religiosa de la Compañía de María tener cargos en una congregación "es un servicio", "y el mismo servicio es ser General que cocinar hoy unas verduras para mis hermanas".

Tras releer su vida Pedraz se siente feliz y realizada. "El Señor me ha ido conduciendo, me siento una mujer realizada y estoy convencida de que si no hubiera optado por la vida religiosa tal vez no hubiera desarrollado tantas potencialidades personales. Son muchos los retos que la vida me ha ofrecido".