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(Albert Batlle, Josep Maria Carbonell, Míriam Díez, Eugeni Gay, David Jou, Jordi López Camps, Margarita Mauri, Josep Miró i Ardèvol, Montserrat Serrallonga, Francesc Torralba - La Vanguardia) Este mes de diciembre finalizan los actos de celebración de los 800 años de la creación de la orden de la Bienaventurada Virgen Maria de la Mercè para la redención de los cautivos, fundada por el barcelonés Pere Nolasc y un grupo de compañeros suyos de esta ciudad. Es muy probable que el 10 de agosto de 1218 Pere Nolasc no pudiera llegar a pensar que después de 800 años su compromiso y sus votos religiosos, a los que añadieron el denominado voto de sangre, es decir de entregar su propia vida si fuera el caso, se habría extendido por los cinco continentes y habría dejado una estela de mártires de la Orden Mercedaria y centenares de miles de personas rescatadas en una obra social ingente, en pro de la atención y reinserción de los presos; de los inmigrantes; de los más pobres y excluidos, hasta llegar a los propios campos de refugiados y prisiones de nuestros días.

Sant Pere Nolasc, hijo de comerciantes, vivió a través de sus constantes viajes la opresión y la esclavitud de los cautivos, así como la pobreza y la miseria de las familias de estos, y vio la necesidad de rescatarlos en la medida de sus posibilidades. Por eso, cuando heredó el importante patrimonio familiar lo destinó íntegramente a liberar cautivos. Una vez agotados sus bienes y los de los compañeros que lo siguieron, empezaron a pedir limosnas a las iglesias de Barcelona entre los feligreses, con el fin de continuar con la orden redentora, encontrando una gran respuesta.

Ciertamente, el 10 de agosto de 1218 en la catedral de Barcelona, en el altar erigido sobre la tumba de la mártir Santa Eulàlia, el entonces obispo de Barcelona, Bernat de Palou, canonizó en presencia del Rey Jaume I, la Orden Mercedaria. Tanto el obispo, como el Rey serían considerados “patrones de la Orden” y respectivamente dieron: el primero de ellos, el hospital de Santa Eulàlia y para el escudo la enseña catedralicia de la Cruz Blanca sobre el rojo de la sangre; y el segundo dio el escudo de su distintivo real, es decir, las cuatro barras rojas sobre el campo de oro. Precisamente en el hospital de Santa Eulàlia se dedicaron a los más pobres entre los pobres y continuaron con su tarea redentora de cautivos.

Pronto personalidades como Sant Ramon Nonat o Sant Serapi, nacido en Londres en 1179 y uno de los primeros mártires del Orden, muerto en Argel en 1240, dedicaron sus fortunas a la redención de cautivos y ellos mismos fueron mártires. El 25 de mayo de 1265, Maria de Cervelló, nacida en 1230 en la calle Montcada n.º 1 de Barcelona, tomaba el hábito de la Orden Mercedaria y fundaba la rama femenina de esta.

La Orden rápidamente se extendió por todo el mundo y su escudo mercedario con la cruz de Sant Eulàlia y las cuatro barras reales lo encontramos en piedra en sus primeros conventos extendidos tanto en Europa como los países americanos. La actual Universidad de Murcia lo luce en su portalón central.

Este año, desde el mes de enero, en Roma donde se inauguró el año jubilar mercedario hasta enero del 2019 en Lima, donde se clausurará, se han celebrado estos 800 años de compromiso y entrega evangélica de los religiosos y religiosas mercedarios a los principios inspiradores que propició la canonización del Orden. El 23 de septiembre en la Catedral de Barcelona y el 24 del mismo mes, en la Basílica de Nuestra Señora de Mercè, patrona de Barcelona, se celebraron las eucaristías de Acción de Gracias y de renovación de los votos que un grupo de amigos barceloneses hicieron en la misma ciudad y en la misma Sede hace 800 años. Las raíces de aquella Orden deberían ser profundas para que el árbol haya vivido ocho siglos de la cristiandad, en fidelidad a Cristo y en su Iglesia, comprometidos con los más pobres, desvalidos y oprimidos de la tierra.

El actual maestro general de la Orden Mercedaria Fr. Juan Carlos Saavedra ha escrito con ocasión de esta efeméride: “El mérito de Nolasco fue escuchar la llamada de Dios, entablar un dialogo con la Madre del Redentor y por inspiración divina fundar su obra con el carisma de la redención de los cautivos. Así empezó la historia y así continúa hoy”. Y continúa: “ Si estamos dispuestos a ser hombres y mujeres libres para liberar, entonces vayamos en fraternidad y servicio al encuentro de los privados de libertad y de aquellos que están en la encrucijada de las diversas esclavitudes modernas”.

Esta Obra Mercedaria es probablemente la mayor aportación barcelonesa a la humanidad donde las virtudes de la caridad y la misericordia han sido vividas hasta el martirio y han comprometido el pensamiento moderno en pro de los derechos humanos universalmente reconocidos en la Declaración Universal de 10 de diciembre de 1948, de la que también celebramos el 70.º aniversario.