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(Jordi Llisterri –CR) Sin novedad en el obispado de Terrassa. Este mediodía la Santa Sede ha anunciado el nombramiento de Salvador Cristau Coll como obispo de Terrassa. Desde 2010 era el obispo auxiliar y, cuando antes del verano el obispo Josep Àngel Saiz fue nombrado arzobispo de Sevilla, Cristau tomó provisionalmente la dirección de Terrassa como administrador diocesano. Ahora se confirma este encargo de forma definitiva. También despeja una de las incógnitas en los nombramientos episcopales pendientes en Cataluña, a la espera de superar el interinidad en Solsona y ver si hay prisa por sustituir al obispo de Girona. 

Con 71 años, Cristau tiene cuatro o cinco años por delante como obispo de Terrassa. Pero, a diferencia de otros nombramientos, no será necesario esperar una etapa de adaptación o de conocimiento de la diócesis. Cristau forma parte del equipo de gobierno del obispado desde su creación en 2004 y una de las personas de confianza del obispo Saiz. Colaboraron en Barcelona en la última etapa del episcopado del cardenal Ricard Maria Carles cuando Saiz era obispo auxiliar y Cristau era secretario canciller de Barcelona. En 2004, con la división del arzobispado de Barcelona, ​​la creación del obispado y el nombramiento de Saiz como primer obispo de Terrassa, escogió a Cristau como primer vicario general y párroco de la nueva catedral. En 2006 le confió la dirección del Seminario, cuando Terrassa creó un seminario propio segregado del de Barcelona.

Sustituto de Saiz

Tanto Saiz como Cristau, a pesar de vivir en Barcelona, ​​son curas formados en el Seminario de Toledo, en una época en la que el Seminario de Barcelona era visto como poco ortodoxo por algunos sectores eclesiales. Cristau, nacido en Barcelona el 15 de abril de 1950, se licenció en derecho en la UB en 1972 y en 1976 ingresó en el Seminario Toledo. Allí fue ordenado sacerdote en 1980 y en 1985 regresó a Barcelona. De 1985 a 1990 fue vicario de Mollet del Vallès, que precisamente ahora pertenece al obispado de Terrassa. Quienes le han conocido en esta etapa destacan su bonhomía, cercanía y un talante tranquilo. 

A partir de 1990 recibe varios encargos en la curia del arzobispado de Barcelona y en 1991 se incorpora como formador del Seminario. Posteriormente, es nombrado vicerrector y director espiritual, experiencia que después aprovechará como párroco del Seminario de Terrassa. En 1999 reemprende la vida parroquial como párroco de uno de los templos más significativos de Barcelona, ​​la Basílica de Nuestra Señora de la Merced, y mantiene diversas responsabilidades en la curia hasta que es nombrado secretario general en 2001. Precisamente este encargo también le llegó para sustituir a Saiz cuando fue nombrado obispo auxiliar.

El 18 de mayo de 2010 fue nombrado obispo titular de Aliazira y auxiliar de Terrassa. Actualmente es responsable de la Pastoral de la Salud en la Tarraconense y miembro de la comisión episcopal de Seminarios y Universidades y Patrimonio Cultural de la Conferencia Episcopal Española. Cuando Saiz fue enviado a Sevilla, en junio, el Colegio de Consultores de la diócesis lo escogió administrador diocesano. Con el nombramiento pontificio como obispo de Terrassa, ahora esta situación pasa a ser definitiva.

Pendientes de las diócesis vacantes

El nombramiento de Terrassa, aclara una de sus vacantes que había en Cataluña. Aunque Terrassa es un obispado muy vinculado a Barcelona, ​​es la segunda diócesis más grande de Cataluña con 1,3 millones de habitantes, que incluye el territorio de todo el Vallès. Por ejemplo, hasta ahora era la única diócesis catalana, excepto Barcelona, con peso suficiente para tener un obispo auxiliar.

Ahora queda pendiente Solsona tras la sonada renuncia del obispo Xavier Novell. De hecho, es uno de los temas más urgentes a solucionar por el desconcierto que ha generado la situación, que provisionalmente ha asumido el obispo de VicRomà Casanova, como administrador apostólico. En cartera también se encuentra Girona, donde Francesc Pardo ha cumplido ya los 75 años y ha presentado la renuncia. Barcelona teóricamente está en la misma situación que Girona –Omella también ha cumplido los 75 años–, pero nadie espera un relevo mientras ocupe la presidencia de la Conferencia Episcopal Española, hasta el 2024.

La continuidad en la diócesis de Terrassa también pone de manifiesto una cierta dificultad para darle la vuelta a un episcopado marcado durante décadas por los candidatos de los cardenales Suquía y Rouco y para alinearlo totalmente con la renovación del papa Francisco. En Cataluña también está pesando mucho el bloqueo de cualquier candidato que tenga un mínimo perfil catalanista. Por una cosa o por otra, pese a los esfuerzos desde nunciatura, no acaba de aparecer una plantilla de obispos alternativa y los candidatos más renovadores quedan en el banquillo.