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(Eloi Aran / CR) Es necesaria una pila bautismal fija o basta que sea portátil? Cómo y donde celebramos el sacramento de la iniciación al cristianismo? ¿Qué espacios necesita? Estas han sido algunas de las preguntas que ha abordado la decimosexta sesión del Seminario de Interno de Patrimonio Sacro de la Fundación Joan Maragall y que ha contado con la colaboración del arquitecto italiano Andrea Longhi, profesor del Politécnico de Turín que ha investigado el espacio del baptisterio en la arquitectura religiosa contemporánea.

Hoy día, entendiendo el bautismo como la acogida de un nuevo miembro a la comunidad cristiana, ¿son útiles los pequeños espacios de baptisterio que encontramos tan a menudo cerca del acceso de una iglesia?

La posición de la fuente bautismal no es sólo un problema topográfico (encontrar el lugar "correcto"), más bien es un problema relacional (como es la fuente relacionada con los otros polos litúrgicos?) Y dinámica (como se estructuran los caminos litúrgicos a la fuente? y desde la fuente?). Además, no es suficiente considerar la funcionalidad de la fuente para el rito bautismal, sino que entran en juego los valores simbólicos, de la memoria, de la identidad de la comunidad local.

La posición en un nicho o en una capilla al lado de la entrada se generalizaba a la edad post-tridentina para subrayar el valor iniciático del sacramento, pero sin duda penaliza la participación de la comunidad en el rito. Por este motivo, hoy la investigación sobre la posición de la fuente es muy abierta, en busca de mediaciones específicas entre el valor simbólico de la fuente, los caminos litúrgicos previstos por el rito reformado y las relaciones con la asamblea y los otros polos litúrgicos

¿Qué relación debe tener la fuente del baptisterio con el altar y el ambón de una iglesia? Es necesario que haya proximidad visual y, en caso afirmativo, hay que incorporar la fuente bautismal al presbiterio?

Las indicaciones rituales prevén una relación entre la fuente y el ambón, tanto visual como perceptible y dinámica. En realidad, todos los polos están involucrados: el ritual bautismal comienza en la puerta del edificio, se traslada al ambón para escuchar la Palabra, se traslada a la fuente y finaliza en el altar.

La posición de la fuente al presbiterio no parece correcta, al menos en el mundo católico, donde la fuente está subordinada a la doble mesa de altar y ambón. Para permitir una buena visibilidad, varias iglesias sitúan la fuente en la proximidad visual del presbiterio (quizás con un desarrollo transversal), pero a sus pies, a un nivel inferior.

Normalmente la iluminación de una iglesia va desde la oscuridad del acceso a la luz del presbiterio, donde encontramos el altar, el ambón y la sede. Si se quiere remarcar el carácter de recorrido litúrgico y queremos poner el baptisterio cerca del acceso, ¿qué iluminación le convendría?

El otro nombre del baptisterio es la "photisterion", el lugar de la luz! Por este motivo, la fuente y el espacio litúrgico bautismal suelen tener una luz dedicada: una vidriera, un cañón de luz, una secuencia de aperturas. Incluso en la proximidad visual del presbiterio, el proyecto de luz natural y artificial puede conducir a evitar la confusión entre el baptisterio y el presbiterio, para diferenciar los valores.

La práctica indica que, a menudo, nos encontramos con espacios con el baptisterio de carácter fijo y monumental que han quedado en desuso por la aparición de fuentes de bautismo móviles. ¿Qué soluciones se pueden encontrar para el patrimonio sacro edificado más allá de perpetuar esta dualidad de fuentes bautismales?.

La cuestión es fundamental, especialmente en los países de antigua cristianización y con un gran patrimonio histórico. La solución, tal vez, no está en la arquitectura, sino en la asistencia pastoral! Si un nuevo cristiano es educado para seguir los ritos de manera itinerante (desplazándose entre los diferentes polos), para tolerar la modesta visibilidad de algunos pasajes (sustituyéndolos por una participación orante, no necesariamente visual), para capturar en cada espacio su valor (a diferencia de un enfoque cinematográfico), los baptisterios históricos pueden encontrar su total relevancia, y las comunidades se darán cuenta de cómo son de miserables las fuentes móviles.

A lo largo de la historia, especialmente en la Antigüedad pero también en la Edad Medieval, ha habido casos en el que el baptisterio estaba situado como una construcción exenta pero cercana al acceso de una iglesia. ¿Tendría sentido hoy reproducir este esquema si las condiciones del emplazamiento fueran favorables?

Algunos proyectos recientes de competencia han trabajado en este tema: sin duda es un enfoque que valora mucho la especificidad del sacramento, pero en detrimento de la participación comunitaria ordinaria. Nuestra visión funcionalista y economista no acepta la hipótesis de edificios usados unos pocos días, o unas pocas horas al año, y "inconvenientes", pero ciertamente, el paisaje urbano y los valores simbólicos -con comunidades particularmente formades- resultarían extraordinariamente enriquecidos.