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San Jorge cabalga con su lanza. Arriesgando su vida, tiene que enfrentarse a los dragones. Una imagen bélica que parece desentonar con un día tan especial en Cataluña, donde los libros y las rosas cobran el máximo protagonismo. Cultura y sensibilidad frente a violencia y ataques. No hay contraposición, como podría parecerlo a primera vista. La revolución de las sonrisas, de los lirios en la mano, de los colores en las camisetas no ha sido interpretado como una invitación a la libertad y a la negociación, a compartir un proyecto colectivo con garantías de inclusión. La respuesta brutal invita a la violencia. La lanza de San Jorge no apunta en esta dirección. En un combate de estas características, incluso los vencedores pierden. El odio no se vence con el odio, ni la violencia con la violencia. La oración de Francisco de Asís presenta otra alternativa. Donde exista odio ponga yo el amor. Aquí es donde está el núcleo del combate. Como dice la madre del protagonista de la película Mi pie izquierdo: «Es en tu corazón donde se ganan las batallas.» La lucha es contra los dragones internos. Aquellos que quieren adueñarse del corazón e instalar en él el odio y la venganza. La derrota sería segura. Resuenan las palabras de Sócrates: «Prefiero sufrir una injusticia a cometerla.» Este es el gran desafío de la situación actual, donde impera la mentira, la falsedad y la injusticia en proporciones altamente preocupantes. Sin dejarse arrastrar por el miedo. Necesitamos el coraje de San Jorge. Los dragones amenazan por doquier. Cada momento requiere su respuesta. En la vida de Jesús lo vemos. Camino del exilio a Egipto en la infancia y coraje en el Gólgota. Cabe recordar que el nuevo pacto no radica en la letra sino en el Espíritu: «La letra mata, el Espíritu da vida» (2 Co 3,6). La tentación acecha: sacar la espada, como Pedro, y atacar al agresor. El criterio de Jesús no admite réplica: «Quien a espada mata, a espada muere» (Mt 26,52). Hace unos días se ha empezado a ver, de nuevo, la verdad de esta afirmación.