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Debo confesar que después de tantos años de estimar mi iglesia y luchar por una iglesia "algo diferente", cuando no entendía demasiado las encíclicas o, (he de decir la verdad) era imposible que estas encíclicas llegaran a mucha gente, me las leía como una obligación, a veces me costaba bastante. Encuentro, por primera vez, un documento escrito directamente por el santo padre, que no sólo lo entiendo sino que me sirve para leer, me sirve para hacer la oración de la mañana, me sirve... por la joya, y éste es el título. La joya del Evangelio es verdaderamente una joya. Yo digo muchas veces, ¿por qué nos enseñaron primero los mandamientos y después las bienaventuranzas? Ahora tenemos un papa que nos habla de la alegría de la buena noticia. Si es que buena noticia es una alegría. He disfrutado tanto desde el primer momento con cosas tan sencillas como éstas... abrimos las puertas de la iglesia, abrimos las puertas al sacramento. (...)