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(Laura Mor –CR) “Cuando una persona no llega a fin de mes, no puede esperar a mañana”. Y llenar el carro de comida es una prioridad. Inmediatez y urgencia se unen estos días en los servicios de distribución solidaria de alimentos, los DISA, de las parroquias. Dependen de Cáritas y funcionan gracias a la colaboración desinteresada de cientos de voluntarios.

Es el caso de Tamara Frunze, del centro DISA de Cáritas parroquial de Santa María del Mar de Salou. Hace diez años que col abora como voluntaria. Desde entonces, el tiempo que dedica es una manera de darles “gracias y de todo corazón” por la ayuda que recibió en un momento de dificultad. “Yo también pasaba un mal momento en la vida, con su ayuda he podido salir adelante”, explica.

Desde que pudo, se ha ofrecido “para lo que hiciera falta”. Ahora, como voluntaria organiza los lotes de alimentos y atiende a las familias que les llegan. Es consciente de lo que significa una urgencia social: “Si una familia se acerca y pide comida a Cáritas, sabemos que la necesita ya, en ese momento”. En esta entidad también colabora como traductora de ruso. Orienta a familias refugiadas que llegan de Ucrania, tanto para arreglar los papeles como para conseguir alojamiento.

Obligados a estar en casa

Nacida en Moldavia, Tamara Frunze vive en Salou desde 2008, donde ha arraigado. Se ha casado y tiene dos hijos, una niña y un niño. Trabaja en un hotel en temporada turística, en verano y en Semana Santa. Ahora los hoteles están cerrados y ella no ha podido trabajar: “Estamos obligados a estar en casa”, recuerda resignada. Aun así, esta vez no han sido ellos los que han requerido de un empujón: “Gracias a Dios, mi marido tiene trabajo: trabaja en la construcción y estos días ha estado activo”.

Por su parte, explica Tamara, trabajar en el sector hotelero por temporadas le permite estar por los hijos. Como madre valora el hecho de acompañarlos con las tareas escolares y verlos crecer. Los meses que no trabaja, en temporada de invierno y durante el curso escolar, es cuando ayuda en el servicio de alimentos de la parroquia.

“Con 430 euros no se puede salir adelante”

Estos días, como ha explicado Cáritas Cataluña, las peticiones se han triplicado en muchos casos. Tamara también lo ha vivido en Salou. “Ha venido muchísima gente desde que comenzó la cuarentena”, asegura. “Sin poder salir a trabajar, con ingresos mínimos y un subsidio de 430 euros, una familia no puede salir adelante”, añade.

En Salou hay dos centros DISA, conectados por Cáritas interparroquial, que intentan cubrir las necesidades básicas de alimentos de estas familias. Desde el inicio del confinamiento han tenido las puertas abiertas. En la parroquia de Santa Maria hacen reparto cada martes y miércoles. Antes de la crisis por el coronavirus atendían entre 50 y 60 familias, los dos días. Y estas semanas han llegado a repartir 130 lotes.

Caras nuevas y vecinos que colaboran

Cuando les llega un caso, lo derivan al asistente social. Allí le hacen el seguimiento, de acuerdo a su situación económica y familiar. Del informe que se deriva, en el centro DISA les hacen llegar la información pertinente a las necesidades de alimentación. Sin embargo, nunca han negado una primera ayuda. Y estos días, en la cola, han visto muchas caras nuevas.

También hay hoteles de Salou que colaboren con el DISA. Por ejemplo, con paquetes que ya no venderán y que aun no han caducado. En el caso de los supermercados, les dan fruta y verdura fresca. Incluso, los vecinos que tienen huerta han llevado fruta para añadir en las bolsas: “Los primeros días traían naranjas, limones, según la fruta del tiempo”. Tamara subraya que “estas colaboraciones espontáneas no son de ahora, sino que siempre están ahí”.

El grueso de alimentos provienen de la Unión Europea y también del Gran Recapte que organiza el Banc dels Aliments a finales de noviembre y que moviliza cerca de treinta mil voluntarios en Cataluña. Además de los alimentos que llegan en especies, Cáritas parroquial completa los lotes comprando lo que haga falta. Una compra que es posible gracias a los donativos económicos que también reciben, de forma directa, y a través de las colectas de misa.

“Me gustaría que en mi país también funcionara así”

La revisión y la preparación de los lotes son tareas que hacen los voluntarios. En el caso de Tamara Frunze, también ayuda a Cáritas en la campaña de Reyes, para hacer llegar regalos a los niños de familias vulnerables. ¿Cómo valora esta red de voluntariado? “En mi país no se hace así, son más estrictos; pero yo creo que el cambio es bueno y positivo, me gustaría que en mi país también funcionara así”, dice.

Como cristiana ortodoxa, celebra su fe con la Iglesia rumana de Tarragona y de Reus. Pero no duda en entrar en la Iglesia católica parar colaborar cuando hay una necesidad: “Todos damos y recibimos algo”, concluye.