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(Lucia Montobbio-CR) En el último capítulo general de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Quim Erra fue elegido Primer Consejero de una institución presente en 55 países. Nacido en Vic en 1961, había sido provincial en Cataluña en dos ocasiones y ahora era superior de la comunidad del Hospital San Juan de Dios de Barcelona. Es diplomado en Enfermería y máster en Bioética. Su vocación hospitalaria la ha llevado ahora a Roma a formar parte del equipo de gobierno internacional. Una responsabilidad que no quiere que le haga perder de vista los más débiles en el día a día.

¿Cómo es su día a día en Roma?

La verdad es que llevo muy poco tiempo en Roma. Pensad que nosotros terminamos el capítulo general, donde se deciden las funciones que tiene que hacer cada hermano de la orden, entre finales de enero y principios de febrero de este año. Antes de instalarme en Roma, tuve que hacer toda la transición de mis funciones en la Provincia de Aragón - San Rafael. Podemos decir, que es ahora, más o menos cuando me he incorporado de lleno.

¿Como está siendo su inicio?

Cuando empiezas hay que mirar y observar. Siento que la perspectiva es muy diferente de la que conozco. Es cierto que me he encargado de temas de gobierno de la provincia o del centro, pero a escala internacional las perspectivas son muy diferentes. Hay que ser prudente, no hay soluciones únicas, hay varias opiniones y miradas sobre los temas. La prudencia es clave, no sólo en el momento de actuar o atender, también en las opiniones que emitimos.

Esta diversidad tiene que ver con el hecho de que estés trabajando, codo con codo, con personas de los cinco continentes.

Exacto. Nuestro gobierno está confirmado por consejeros de los territorios donde estamos presentes, hoy por hoy, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios está presente en los cinco continentes, hay por tanto representación de los cinco continentes. Ahora, a mi lado, además del hermano general , el padre Jesús Etayo, que es navarro, tengo a Pascal Ahodegnon (África), Jose Augusto Gaspar Louro (Europa), Joseph Smith (Australia), Dairon Meneses (América) y Vincent Kochamkunne (Asia). Esto nos da una visión muy amplia de quiénes somos y de qué estamos haciendo.

Esta diversidad está muy vinculada al valor de la hospitalidad, el valor central de nuestra orden. La hospitalidad es muy inherente a la universalidad y el respeto a la diversidad. La trayectoria, estar en contacto con colectivos muy diversos, atender a personas que se encuentran en áreas de frontera, estar insertados en centros que tienen profesionales con mucha diversidad interna ... todo esto nos debe ayudar a ser este pequeño grano de arena. Tenemos que estar juntos para captar las diversas sensibilidades. Nos queremos alejar de las visiones rígidas.

Dice que la hospitalidad es el valor central de la orden. ¿Qué significa ser hospitalario?

La hospitalidad la entiendo como acoger al otro en un espacio para poder dar respuesta a las necesidades que tenga. Nuestra hospitalidad, en concreto, se da en el ámbito de la salud, en hospitales como este donde nos encontramos ahora de San Juan de Dios en Barcelona, ​​y también en el ámbito social desde donde apostamos por la atención a la gente en la calle.

La hospitalidad es una cultura que está basada en acoger a las personas que no vienen de manera voluntaria, sino movidas por una necesidad. Queremos responder de la manera más acogedora que podamos, respondiendo en función de lo que más les pueda ayudar para promoverlas como personas, acompañando su situación, paliando el máximo de sufrimiento posible...

El orden tiene más valores, además que el de la Hospitalidad.

Además de la hospitalidad, como valor central, nosotros tenemos definidos a nivel de toda la Orden el valor de la calidad, el respeto, la responsabilidad y la espiritualidad.

Los otros dos valores que quisiera poner de relieve, vinculados de forma directa a la diversidad, son el del respeto, y el de la dignidad de las personas. Nuestra institución, por coherencia con el Evangelio y la espiritualidad, se esfuerza en ser una presencia que sea una pequeña luz de un mundo que a menudo discrimina, estigmatiza, construimos muros en vez de construir puentes... y queremos construir puentes en vez de construir muros.

Exactamente, ¿qué hace como primer consejero?

Aparte de ser corresponsable del funcionamiento de la Orden, coordino la región de Europa, esto quiere decir todas las provincias religiosas dentro de Europa. Lo que hago es estudiar los temas más significativos para nosotros, y ver los que tienen contenido significativo para empezar a trabajar con sinergias con diferentes lugares.

Y, hoy por hoy, ¿qué es lo que ha observado?

En Europa hay dos temas que son centrales y en los que ya se está trabajando. Existe un interés creciente por el tema pastoral, tanto en el ámbito de salud, como en el ámbito social. El segundo tema es el desarrollo de la bioética, qué posicionamiento tiene el orden dentro del ámbito de la salud, en un mundo cambiante, con debates éticos que antes no existían como la distribución de recursos, cuestiones genéticas, el impacto de las nuevas tecnologías, la ética de las instituciones.

¿Cómo desean ser percibidos?

Por un lado, queremos que se nos identifique con el concepto de inclusión social, concepto muy vinculado al valor central de la orden: la Hospitalidad. Queremos ser percibidos como generadores de instituciones éticas.

Hemos empezado a trabajar en dos ámbitos concretos: en el de inclusión social y en el ámbito de la salud mental. En el de inclusión social, nos preguntamos cómo podemos favorecer la inclusión social de personas que viven en la calle, pero también de todas las personas que sufren patologías mentales o discapacidades físicas, a los que tienen dificultades para integrarse en el mundo laboral.

En el de la salud mental, donde ya tenemos una larga tradición, estudiamos patologías que son complejas dado que intervienen muchos elementos médicos, psicológicos y sociales. En ambos ejes aparece el tema del sufrimiento. Un sufrimiento que viene, tanto de las personas que padecen la enfermedad, como de las personas que hay en su entorno: amigos y familias. Un sufrimiento que nos interpela, y que queremos que interpele a los demás para tomar conciencia de que es un tema de todos.

En este sentido, hacemos asistencia directa, pero también apostamos por la sensibilización. Queremos ser voz de estos colectivos y personas en un mundo que va demasiado deprisa y rápido, que se empeña con sus cosas. La realidad de las personas vulnerables acaba dejada de lado, pierde la atención, y tiene el riesgo de ser vivida sólo por los actores directos: los que atendemos estas realidades y los que la padecen. Tiene que haber una corresponsabilidad social.

Nuestro carisma nos dice que los problemas de los demás son también nuestros, y somos corresponsables de construir una sociedad donde todos tengamos cabida, independientemente de nuestras patologías, aciertos y desaciertos... con esta filosofía intentaremos avanzar.

Mi trabajo, pues, es captar iniciativas que se mueven, a corto o largo plazo, crear grupos, y atender las cosas propias, de gestión propia de las instituciones.

¿Hay líneas de acción estratégicas marcadas para estos años?

Cuando terminamos el capítulo, hicimos unas líneas de acción, que son las que nos dirigirán en estos seis años. Se distribuyen en ocho apartados y por señalar tres de prioritarios: vida de hermanos y de comunidad; organización de estructuras desde el punto de vista territorial, jurídico, organizativo; y el liderazgo de las comunidades y los centros u obras apostólicas.

¿Se había imaginado ser el primer consejero y fue a vivir a Roma?

Nunca (ríe). Nunca.

¿Qué es lo que había imaginado como religioso?

Cuando me hice hermano de la Orden de San Juan de Dios, lo que me imaginé o pensar es que me dedicaría más bien a un servicio concreto, atendiendo personas en cualquier ámbito de forma directa. La vida, sin embargo, es así... a veces te lleva a asumir este tipo de responsabilidades. En nuestro caso, existe la ventaja de que son tareas temporales, los cargos de la vida religiosa duran el tiempo marcado a hacer un servicio, a nivel de provincia cuatro años, a escala mundial seis años. En este caso, me toca desarrollar tareas de gobierno y de organización.

Lo que tengo claro es que es que mi corazón lo que quiere es hacer cosas de más proximidad. Le gusta estar con la gente. No es que me desagrade lo que estoy haciendo ahora, lo hago muy a gusto, y es lo que toca, son trabajos diversos y todas merecen respeto y consideración.

¿Cómo ha llegado a ser primer consejero?

Uno no se presenta a estos sitios, ni tampoco hace ningún paso para llegar a donde estoy yo. Todo es fruto de un proceso de asambleas, de discernimientos, capítulos... en estas reuniones, los hermanos de la orden proponen personas para que hagan funciones concretas. Cuando me propusieron ser primer consejero, en la asamblea internacional, pensé que, si los hermanos me habían elegido, tampoco podía decir que no, y acepté agradecido, es un acto de confianza que los hermanos hacen hacia mí.

La corresponsabilidad de la que hablaba antes.

Sí. Es importante la corresponsabilidad. Cada uno de nosotros ha de proponer hacer lo mejor posible la función para la que ha sido elegido, entendiendo que ningún cargo es más o menos importante que las otras funciones. Esto es lo que hará funcionar el sistema de la organización.

Teniendo tareas de gobierno, también encuentra tiempo para la atención directa. Antes de la entrevista, le hemos visto en el hall del hospital hablando con una familia.

Hasta ahora, cuando he hecho trabajos de gobierno, he intentado compaginarlo con funciones de atención directa. Primero, porque es mi vocación y oficio, y segundo porque es muy importante no perder el contacto con la realidad, no perder el contacto con la gente, estar a su lado, el mundo de los profesionales, familias, enfermos, son los que te estimulan a pensar, a crecer... te dan interrogantes incluso en el ámbito espiritual.

Nuestra vocación nos lleva a orar por estas personas, a hacer lecturas de fe de realidades aunque sean duras, el capítulo del sufrimiento no es nada fácil, por todo ello se necesita mucha proximidad.

Y en Roma, ¿ya ha encontrado el espacio para la atención directa?

Estoy en una fase previa, aprendiendo italiano, situándome, y así pasaré el verano, pero me gustaría poder hacer atención directa en alguno de los centros que tenemos en Roma, alguna colaboración voluntaria, testimonial, y no perder los vínculos con las personas que atendemos.

¿Qué llega primero, la vocación para ser enfermero o por la vida religiosa?

Desde joven, intuí que tenía esta vocación religiosa. Había tenido la oportunidad de vivir la fe y de conocer a personas religiosas de diferentes congregaciones e iniciativas de Vic... rezar, vivir en comunidad, dedicarse a los demás. Me sentía muy llamado a vivir la vida desde la fe. Cuando hablamos de llamada, es de eso, de sentirse fuertemente identificado.

Y después fui consciente de mi interés por los enfermos, por los abuelos, por las personas que sufrían enfermedades y por personas que tenían diferentes grados de discapacidad. A la hora de mirar, observar, qué orden religioso tenía esta dedicación por el mundo de la salud, conocí la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. El hecho de conocer su estilo, carisma, hizo que escogiera esta orden.

Por lo tanto, primero vino la intuición de querer elegir u optar por la vida religiosa, y luego descubrí el gusto por la profesión de la enfermería.

¿Qué es lo que le hace más rabia de este mundo?

Lo que más me indigna es el maltrato a las personas. Sobre todo, de las personas más indefensas. El maltrato a los otros dicen que viene de las personas débiles, que lo necesitan para sentirse mejor con ellos mismos. Lo hemos visto, lo vemos cada día, personas que ven que son buenas o poderosas en algún ámbito y se dedican a dar codazos a otros o a pisar los demás. No hablo sólo del ámbito profesional, sino que también hablo del ámbito social, situaciones de pobreza, desconocimiento de la lengua, personas que tienen discapacidad. Es un tema que me indigna porque es la última cosa que tenemos que hacer en esta vida. Podemos hacer daño sin querer, claro, pero una cosa es un error, y la otra es hacer tuya la actitud de pisar. Maltratar no es sólo una cuestión física, también maltratamos cuando ironizamos, menospreciamos, ignoramos, etc.

¿Por qué hay personas que pisan?

Bueno, nos encontramos en un entorno muy competitivo y cada vez más individualista. Hemos normalizado ciertas actitudes, es fácil encontrarse con personas que digan "yo vivo para pensar en mí, para ocuparme de mí, y que el resto se busque la vida, no es problema mío". Y eso, no tiene nada de evangélico.

¿Hay algún antídoto?

La ternura. La ternura nos puede inspirar. Afortunadamente, también hay muchos gestos de ternura en este mundo. No digo monerías, digo ternura con toda la profundidad del término. Puedes encontrar ternura en escritos, en posicionamientos políticos, en expresiones corporales. Esto me inspira, cuando somos capaces de hacer el bien, ser cercanos, ser misericordiosos, pasar por el corazón las situaciones de los demás. Todo esto hace que nos enriquecemos, que crecemos como personas, tanto a nivel psicológico como a nivel espiritual. Nos reconciliamos con el hecho interior. Los cristianos decimos que Dios es lo más íntimo de nosotros mismos. Por lo tanto, cuando yo soy capaz de actuar desde esta intimidad, es cuando realmente se proyecta la divinidad en nosotros.

Con todo el tema de la divinidad humana, en Jesús tenemos un ejemplo claro. Jesús es divino porque es muy humano, y es muy humano porque es muy divino. Pienso que a nosotros nos emociona esta capacidad de divinizar actos a pesar de nuestras limitaciones. No se trata de perfeccionismos, no se trata de hacer espejos de cosas que no son reales. Con mucho realismo, aceptando dificultades y limitaciones, errores y confusiones, debemos hacer crecer y divinizar la capacidad de hacer el bien, de ser cercanos, tiernos, detallistas.

Las cosas más importantes son las cosas más pequeñas, las de cada día. Dado que las cosas extraordinarias son, como la misma palabra indica, extra ordinarias; es decir, que pueden, o no, pasar de vez en cuando. Lo que más pasa son los detalles de cada día, la forma en que nos miramos, cómo nos posicionamos, como nos relacionamos, expresiones que utilizamos, como contemplamos, como acompañamos personas que pasan por momentos difíciles ... todo eso es lo que nos ayuda a crecer desde el punto de vista espiritual y humano.

Relacionado con ello, en una entrevista al dominico Thimoty Radcliffe, también le pregunté: ¿si viniera Jesús hoy qué nos diría?

Es que Jesús viene cada día (ríe).

Jesús viene cada día a través de muchas personas. El misterio es éste. A través del espíritu, Dios está presente en nuestras vidas y se manifiesta a través de muchísimas personas. Lo que nos falta es esa capacidad de saberlo leer. Lo que nos continúa diciendo, a través de las personas más sencillas, y los hechos más cotidianos, es que él es sobre todo amor, estimación, debemos estar por encima de todo. Nos invita a no juzgar, a no discriminarnos, a ser solidarios, a hacernos cercanos, a andar honestamente, a ser facilitadores, a ser fraternos... la fraternidad es un valor importante de Jesús. San Agustín dice: ama y haz lo que quieras.

Esto es lo esencial.

Sí, al final sí, lo importante no es el ritmo de vida que llevas, tu orientación sexual, tu tendencia política, tus opiniones ... lo importante en la vida es la capacidad de amar, de darse té, de acoger, de ser compasivo y misericordioso.

Qué difícil.

Tuve un profesor que decía, el cristianismo no es difícil, es exigente, y es cierto. No es un tema difícil, es un tema de exigencia. Y claro, eso es luchar contra los instintos de venganza, contra emociones negativas espontáneas. Por ello, la importancia de articular espacios de silencio, de oración, de diálogo. Debemos fortalecer y fortificar esta dimensión, la espiritual, que también forma parte de nosotros.

Sin estos espacios te pierdes. Si vas a mucha velocidad, pierdes toda la perspectiva. Y toda la visión. La mirada atenta, tenemos que darnos cuenta, tenemos que contemplar, hacer silencio, escuchar, pensar. Lo que hago ¿qué impacto tiene en los demás, qué impacto tiene en mí?

Ir deprisa ya nos va bien, disfrutamos de la evasión, llenamos nuestros vacíos de cosas. La vida te va poniendo en situaciones cercanas y te ponen ante la realidad de la vida.

¿Cómo es esta vida?

Pues muy interesante, sobre todo es un don, pero también es finita, es limitada, llena de incertidumbres. Es por ello por lo que hay que cultivar la capacidad de hacer el bien, que la tenemos todos, que nos llenará de sentido, y hará crecer y dará fuerza a nuestra vida.

En Roma, ¿ha encontrado algún espacio especial para hacer silencio?

Además de mi casa, donde vivo con mi comunidad, he conocido la Fraternità di Romena, que me ha atraído mucho y estoy seguro de que volveré y podré cultivar estos espacios de reflexión, diálogo y silencio de los que hablábamos.