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(CR) "Aquí tenemos a nuestra madre. Hagámosle sitio en nuestra vida y en nuestro corazón". Esta es la petición del prior de Montserrat, Bernat Juliol, durante el velatorio de oración de la Virgen de Montserrat celebrada anoche en la basílica. Una vigilia en la que se ha querido recordar cómo María es "el trono" en el que se sienta Jesús, una figura que lo sostiene, que le acuna desde el nacimiento y le acompaña hasta la cruz. "Y en un momento y en el otro María, su madre, está presente", recuerda Juliol. "No es sólo un simple testigo silencioso, sino que su misión es ir tejiendo la humanidad de Jesús", ha afirmado.

En la homilía, Juliol también ha remarcado que este año se cumplen 75 años de la entronización de la Virgen de Montserrat, en 1947. Una fiesta entonces, ha explicado, "en la que se intentaron superar las consecuencias de los difíciles años de la Guerra Civil y se quiso caminar decididamente hacia el futuro". El trono construido para la Virgen María, ha afirmado, no es sino "un homenaje a aquella que constantemente nos hace presente a su hijo Jesucristo".

También se debe tener presente que Montserrat se acerca a la gran celebración del Milenario de Montserrat, en 2025. Juliol ha hecho mención a la decisión que tomó el Abad Oliba de Ripoll de enviar un grupo de monjes a fundar un monasterio en esa montaña. "Y no lo fundaron en cualquier sitio, sino que lo hicieron allí donde ya desde el siglo IX había una capilla dedicada a la Virgen María". Y es que la devoción a la Virgen en la montaña proviene, explica Julio, "de los orígenes más profundos de nuestra historia". Desde entonces, reconoce, la Moreneta "también ha ido tejiendo nuestra humanidad para que pudiéramos llegar a Jesucristo". "Aquí tenemos nuestra madre", ha zanjado el prior de Montserrat.

Manuel Nin, exarca para los católicos griegos de rito bizantino en Atenas y monje de Montserrat, ha presidido este miércoles la misa en la Solemnidad de la Virgen de Montserrat. Nin recordó también en su homilía que celebrar el aniversario número setenta y cinco de la entronización de la Santa Imagen de la Virgen María no ha de ser celebrar un hecho lejano. Por el contrario, significa, afirma, para todos y cada uno de nosotros, "un hacer memoria viva, un celebrar, un vivir hoy la presencia, la intercesión, la mirada amorosa de la Madre que desde este lugar alto, desde esta cámara alta y bella y preciosa, sigue mirando nuestro mundo, nuestra tierra, nuestras familias, cada uno de nosotros".

Nin ha incitado a los asistentes a ser y convertirse también en trono de la Virgen. "Lo somos cuando dejamos que María, con su hijo en su regazo, nazca en el corazón de cada uno de nosotros, cuando dejamos que María nos visite, corra y nos empuje para llevarnos a Cristo".