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2 Catalunya Religió Mar, 30/08/2022 - 18:46
Carmen Manzano
Galeria d'imatges

RAMON BASSAS -CR  Atiende mi llamada cuando la dejan tranquila en El Coronil, el pueblo al que va cada verano. Ahora que sus padres ya no están, se hace cargo de su tía, “así mis primos pueden descansar un poco”, pero no para arriba y abajo. "Nos conocemos todos y todo el mundo quiere hablar conmigo", me dice Carmen Manzano. Carmen vive en Tortosa, pero nació en este pueblo a cincuenta kilómetros de Sevilla, donde ha vuelto casi siempre por vacaciones, como tantos catalanes de origen andaluz. 

— En Tortosa usted es muy activa tanto en Manos Unidas como en Semana Santa. Y en más. Empecemos por esto último: hablar de la Semana Santa de Tortosa no es hablar de cualquier cosa, precisamente, ¿verdad?

—No, no. Es una tradición muy arraigada y participada. Hay bastantes procesiones, algunas muy concurridas, como la de la Pasión o el Domingo de Ramos. Hay diez cofradías, que nos agrupamos en una Agrupación de Cofradías, de cuya junta formo parte, además de presidir la Cofradía de L'Hort, conocida también por la de Sant Antoni dels Pagesos, que funciona al menos desde el siglo XIV. En la Agrupación me encargo, sobre todo, del concurso de dibujos. Piensa que hacemos mucho más trabajo, además de las procesiones de Semana Santa. También hacemos conferencias, un Festival de Música Sacra, etcétera.

— En Manos Unidas Tortosa es la presidenta desde hace poco, creo.

—Lo soy desde marzo, al frente de una comisión gestora, pero vamos, hace muchísimos años que soy voluntaria. Sobre todo, me dedicaba a contar cuentos. Creo que se me da bien, por lo menos los niños me escuchan. Ahora lo sigo haciendo, pero me toca también impulsar las campañas que hacemos y las actividades. Mira, a finales de julio celebramos una cena del hambre en Mora d'Ebre, con 182 personas.

— ¿Actúa en todo el obispado?

—Sí, nuestro ámbito es toda la diócesis; es decir, las Terres de l'Ebre y el Norte de la provincia de Castellón.

— Además, es usted profesora de instituto

—Soy educadora y me licencié también en teología, de modo que doy clases de religión y coordino tanto las convivencias como el servicio comunitario, de carácter solidario, en el instituto.

— Ahora sí, dígame cuál ha sido verano de su vida, Carmen.

—Mira, soy voluntaria para acoger a niños y niñas, bien en Navidad, bien en vacaciones. No tengo hijos y quizá por eso tengo tiempo para dedicárselos. Pero tuve una niña de acogida bastante más tiempo, muchos años, que ahora ya se ha hecho mayor y se ha emancipado, y con la que me llevo bien. La acogí cuando tenía tres o cuatro años. Como ya te he dicho, cada año voy al pueblo. Quizás el verano que recuerdo con más cariño es el primero que ella vivió en el pueblo, donde todo el mundo la quería conocer y la acogieron enseguida con los brazos abiertos.

— Debía de ser muy emocionante.

—Sí. También coincidió con que hicieron un homenaje a mi padre, que ya había muerto. Piensa que mi padre era conocido en el pueblo porque cantaba y escribía poemas. Fue tan emocionante que ella todavía lo recuerda. ¡Y eso que era tan pequeña!

— ¿Y tiene alguno en la cabeza, de verano, que quiera hacer?

—Pues seguramente será pronto. Si puedo, el próximo año. Me gustaría ir a la India o a Perú, para poder ver yo misma los proyectos de desarrollo con los que hemos trabajado. Me haría mucha ilusión.

— Eso si en El Coronil le dan permiso

—Oh, que estén tranquilos, que volveré enseguida, también.

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