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(CR) Las Cáritas con sede en Cataluña presentan su memoria con un escenario social demoledor. Han aumentado las atenciones sociales en un 26%, llegando hasta las 272.702 personas que se beneficiaron de su acción social en todo el territorio. En la presentación de la memoria, que ha tenido lugar en Barcelona, han explicado cómo la vivienda, el acceso a un trabajo y a unos ingresos mínimos son la tríada que está ahogando al 8,6% de la población que se encuentra en situación de pobreza extrema y muchas más familias que "han acudido a Cáritas por primera vez en la vida".

Sin embargo, hay síntomas de esperanza para las entidades diocesanas. Hasta 1.000 personas, la gran mayoría jóvenes, se han incorporado como voluntarias de Cáritas para compartir su solidaridad. También los socios y donantes se han incrementado en un 59%, tanto de personas como del tejido empresarial que ha querido apoyar. Otro signo de esperanza: las Cáritas catalanas no cerraron y se han mantenido firmes en su acción.

Para Anna Roig , representante de la Comisión de Comunicación de Cáritas Cataluña, "la ola más importante ha pasado por la mayoría de la población, pero no para la más vulnerable". Aquí radica el reto de los próximos meses y años, "que nadie quede atrás".

 

Joan Planellas, arzobispo de Tarragona y presidente de la CET, ha recordado que el año de la pandemia ha marcado nuestras vidas. La crisis estalló y, durante el primer mes de confinamiento, las Cáritas diocesanas con sede en Cataluña vieron cómo se duplicaba el número de personas atendidas en sus servicios de emergencia y cómo se triplicaban las ayudas económicas para alimentos; pero, a pesar de la grave situación, Cáritas no cerró.

El prelado destacó que, "gracias al apoyo de nuestras comunidades parroquiales, de los voluntarios y de los técnicos, hicimos posible el mantenimiento de los servicios fundamentales y la creación de fondo de emergencia Covid-19 o bien aprobar presupuestos extraordinarios con el objetivo de ayudar a las personas y familias que estaban sufriendo gravemente la crisis económica".

Para Planellas, con "el coronavirus llovió sobre mojado, ya que veníamos de una crisis económica y social no resuelta. Como siempre en estas crisis, las familias que ya se encontraban en situación de exclusión social volvieron a sufrir las peores consecuencias del paro de la economía". Para él, la situación futura será compleja, pero podremos salir adelante con la ayuda de todos. Planellas ha reforzado esta esperanza citando al Papa Francisco: "Anhelo que en esta época que nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad".

A continuación, Francesc Roig, presidente de Cáritas Cataluña, ha puesto de manifiesto que el bache de la Covid-19, el estado de alarma y el largo período de confinamiento, han establecido un antes y un después en nuestras vidas: reclusión preventiva en los hogares, desregulación de modelos productivos, sueldos en el alambre, incremento desbocado del paro, imposibilidad de poder acompañar tantos familiares y amigos que tristemente nos han dejado, políticas migratorias y de asilo desatendidas, y pobreza extrema.

Según Roig, el panorama que nos ha dejado la Covid-19 es muy preocupante porque casi dos de cada tres familias sobrevivieron con un trabajo informal, y el 20,2% de las personas atendidas por las Cáritas catalanas vivían en hogares que no contaban con ningún ingreso económico. Una estadística que casi ha duplicado la realidad de las familias que sufrían esta grave situación antes de estallar la pandemia, a mediados de marzo de 2020. Esto se ha traducido en que más de la mitad de los hogares acompañadas por Cáritas se hayan encontrado inmersas en situación de pobreza severa (55,3%).

Las medidas de protección social fueron y aún son insuficientes. El 93,5% de las familias acompañadas por las Cáritas catalanas no cobra la Renta Garantizada de Ciudadanía (RGC). Sólo el 9,7% de las familias recibe correctamente esta prestación y casi el 50,5% de las familias transitan en el desconocimiento administrativo para pedirla. Un 64% de las familias atendidas por las Cáritas de Cataluña tampoco tiene información sobre el Ingreso Mínimo Vital (IMV) y sólo un 19,4% considera que tiene suficiente información para poder iniciar su tramitación oficial.

El confinamiento ha puesto también en evidencia la desigualdad tecnológica y el impacto sobre la salud psicoemocional de muchas personas, y ha debilitado las capacidades de ayuda material (búsqueda de trabajo, préstamo de dinero...), lo que ha dificultado la reanudación normalizada de las relaciones sociales, con el consiguiente riesgo de aislamiento acumulado

La Covid-19 ha dejado sobre la mesa un conjunto de interrogantes de futuro, una serie de dudas sin respuestas definitivas, y una creciente y peligrosa fragilidad social.  

Sin embargo, Roig ha expuesto que para hacer frente con realismo a toda esta inseguridad, necesitaremos repensar seriamente el futuro. Necesitaremos construir nuevos puentes. Tal como dijo el papa Francisco en su mensaje pascual "que el Señor haga de nosotros constructores de puentes y no de muros". El miedo no nos puede hacer perder la humanidad.

Crisis tras crisis, las familias más frágiles son las grandes perdedoras

Miriam Feu, representante de la Comisión de Acción Social de Cáritas Cataluña ha desgranado los datos sobre las familias atendidas por las diez Cáritas diocesanas con sede en Cataluña. Feu destacó que los colectivos más afectados por la exclusión social en este periodo marcado por la pandemia, siguen siendo las madres solas, las familias con hijos, las personas mayores y las personas que provienen de otros países y que no tienen su situación regularizada, o caen en la irregularidad sobrevenida.

Según la tenencia de la vivienda de las personas atendidas, cabe destacar cómo las formas de vivienda que no consideramos dignas afectan a un número elevado de los hogares atendidos. En total, el 44% de las personas atendidas se encuentra en una vivienda que no consideramos digna. En cuanto al resto, el 47% vive en régimen de alquiler y el 9% restante, en régimen de propiedad.  

En cuanto a la situación administrativa, se distribuye en proporciones prácticamente idénticas entre las de nacionalidad española (33%), en situación administrativa regular (34%) y en situación administrativa irregular (33%).

Las actuales políticas de migración no ponen a la persona en el centro, al contrario, dificultan el acceso de estas personas a derechos tan básicos como la sanidad, el trabajo o la participación en nuestra sociedad, y fomentan prácticas abusivas o explotación laboral.

Finalmente, según la situación laboral, el 64% de las personas atendidas se encuentra en paro, reflejando la estrecha relación entre las situaciones de paro y la exclusión social. El 16% de las personas atendidas tienen un trabajo, que siempre es precario y no las permite cubrir sus necesidades básicas.

Aprobamos en solidaridad individual, suspendemos en articulación de respuestas colectivas

A continuación, Anna Roig explicó que el diagnóstico realizado por el Grupo de Trabajo de Análisis Social de Cáritas Cataluña confirma los importantes efectos laborales, económicos, educativos, relacionales y de salud que están soportando las capas sociales más vulnerables. El foco se dirige, especialmente, al impacto sobre el acceso a un empleo, los ingresos, la vivienda y la salud de las familias en situación más débil.

Ante todo esto, "como sector hemos pedido un rescate social: hay que evidenciar que el rescate social sólo será posible si se aseguran los tres pilares fundamentales para una vida digna: trabajo, vivienda y garantía de unos ingresos mínimos". En este sentido, ha presentado una serie de propuestas relacionadas con el derecho a una vida digna, a la vulneración del derecho a la vivienda y a la brecha digital.

Para Roig, "aprobamos en solidaridad individual, suspendemos en articulación de respuestas colectivas: así como vemos que nuestra sociedad cree en las respuestas solidarias individuales ante las situaciones de emergencia, vemos que, en cambio, no se produce la conexión con las respuestas colectivas que deberíamos articular a partir de políticas públicas decididas que pongan el foco en transformar las condiciones de vida de las personas en situación de mayor vulnerabilidad."