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(Eloi Aran) De acuerdo, según Jordi Cabré Trias "la iglesia de la Sagrada Familia de Igualada es una blasfemia por sí misma y con pecado fue concebida". Esta afirmación podría formar parte de una versión catalana del artículo de David García-Asenjo "Las treinta y tres Iglesias más espeluznantes de Madrid" y la iglesia igualadina ocuparía el primer lugar en el ranking del autor de la artículo "Derribemos la Sagrada Familia" (la de Igualada, claro!). Tanto el artículo de Jordi Cabré, como el de David García-Asenjo, o el mismo coautor de la iglesia citada, Oriol Bohigas, tienen un tono polémico. Ahora bien, la gracia de David García-Asenjo es que ofrece las dos caras de la moneda: constata el escalofrío inicial del peatón que tiene un encontronazo con una iglesia moderna y, posteriormente, busca su "conversión estética" argumentando las bondades compositivas del edificio sacro contemporáneo de la manera más sencilla posible. Una especie de "catecismo popular de arquitectura religiosa moderna" que puede encontrar de forma más extensa en su libro "Manifiesto arquitectónico paso a paso. Un ensayo sobre la arquitectura contemporánea a través de las Iglesias ". Hoy intentaré ponerme en el papel de David García-Asenjo, me enfundaré en una capa e iré al rescate y redención del patrimonio sacro contemporáneo dando un vistazo a las bondades de la que, según Jordi Cabré, podría ser la primera en el listado de iglesias espeluznantes de Cataluña.

La citación de Bohigas que aparece en el artículo de Jordi Cabré afirmando que «Un templo tan sólo es un espacio cubierto en el que se pueden realizar un reducidísimo número de operaciones, sin demasiados problemas circulatorios ni de servicios. Es decir, un tema que se parece muchísimo a la modestia de un aparcamiento de automóviles o una carpa de fiesta mayor »[1] es bien cierta, como también lo es la réplica posterior del historiador del arte , y personaje referente en el patrimonio sacro, P. Juan Plazaola SJ: «Es necesario que todas las partes de una iglesia se vinculen orgánicamente y por eso no basta con el conocimiento superficial de su función inmediata (la cita sigue con un listado de problemáticas del programa litúrgico) ... varios y serios problemas que hacen tan evidente la complejidad orgánica de la "domus ecclesiae" que no podemos menos que sonreír cuando escuchamos a algunos arquitectos decir que la construcción de una iglesia es un asunto simple y fácil. »[2]

Hay que entender el posicionamiento del "tridente" MBM (Martorell-Bohigas-Mackay) dentro de la reflexión propia de la época donde se encontraron, por un lado, la búsqueda de las fuentes del espacio sacro centrado en el Movimiento Litúrgico - que ya había comenzado a finales del siglo XIX y del que Antoni Gaudí era buen conocedor - y, por otro, el movimiento moderno de la arquitectura, de la que MBM formaba parte promotora dentro del conocido "Grupo R" . Ambos movimientos hacían pasar la arquitectura sacra por la "depuradora" pero, en el caso de MBM, con cada lavado se perdió una sábana hasta que, en algunos aspectos simbólicos propios del templo cristiano, se acabó "tirando el niño con el agua sucia ".

Resulta esclarecedor para entender el conjunto parroquial de la Sagrada Familia de Igualada el artículo que escribió Josep M. Martorell en 1975 en el número 185 de la revista Serra d'Or con el título "Treinta y cinco años de arquitectura religiosa ". Aquí es donde aparece la idea clave de los espacios religiosos de MBM: «No hay una vida religiosa y otra que no lo es; sólo hay una, y los cristianos deben tratar de llenarla con el legado liberador de Jesucristo. Por ello, según las últimas tendencias de la Iglesia, los locales de culto deben ser plurivalents y deben poder servir para muchas y diversas actividades ». En estas declaraciones podemos ver una apuesta por el cristianismo "de opción (social)" que liga muy bien con la idea de una vivencia cristiana encarnada y comprometida que podía ser cercana a los arquitectos modernos del momento. En esta perspectiva, la sinceridad estructural y constructiva del edificio, su ajuste, el servicio que podía ofrecer ... pasa por delante de los aspectos estéticos, monumentales o simbólicos porque se considera que es la manera de hacer más cercana la institución y el mensaje cristiano. No es casual que, por estas fechas, también se proyecten nuevas parroquias en toda Europa donde la nave de la iglesia se puede separar visualmente de un presbiterio que actúa a modo de Capilla del Santísimo por el culto diario mientras se usa el resto del templo por las actividades de la comunidad parroquial pero, incluso un despacho moderno como MBM, no se atrevió a proponer una operación así.

Si, tal como apuntaban las reflexiones del despacho MBM, el espacio "sacro" no se diferencia del "profano"; si la función litúrgica no puede hipotecar otras posibles funciones pastoral-sociales; entonces, como debe ser una iglesia para la sociedad contemporánea? Pues como un contenedor que posibilite todas las acciones que requiera la comunidad. Desde esta perspectiva se entiende muy bien la satisfacción que sentía MBM para la reconversión de su primera "capilla de urgencia" en San Sebastián de Verdum, hecha con paneles prefabricados (1958), en una escuela[3]; o que, en el definitivo complejo parroquial de San Sebastián del Verdum (1965), Martorell afirmara «Visto el programa, la solución propuesta fue la de construir un edificio a la línea de fachada que en la planta baja tuviera los locales parroquiales y la acceso a la nave de culto, que preveíamos en el interior de la isla, como si fuera un almacén cualquiera ». La misma asociación de ideas entre nave de culto y almacén es lo que encontramos en la Capilla de Sant Jaume en Badalona, de Antoni Moragas (1957), de la cuál Oriol Bohigas decía que era la iglesia "más eficazmente fea"[4]. Ahora nos podríamos rasgar las vestiduras, pero hay que llevar al recuerdo colectivo las oraciones multitudinarias de Taizé en los encuentros de Barcelona los años 1979 y 2000, el Mercado del Born y en los pabellones de la Feria de Barcelona respectivamente. ¿No se reconvirtieron entonces espacios industriales o de feria en espacios de oración y celebración?. Pensamos en los diferentes ensayos de espacio celebrativo que llevaron a cabo el arquitecto Rudolf Schwarz y el teólogo del Movimiento Litúrgico, Romano Guardini, en la Sala de los Caballeros del Castillo de Rothenfelds los años 1928/29; ¿No se trata también de un espacio-contenedor donde lo que importa realmente es el acto litúrgico, la "función (nalidad)" del momento?

El artículo de Martorell también tiene unas palabras para "su" Sagrada Familia, la de Igualada. De entrada, aunque no tardaron los más de cien años en construirse como es el caso de la Sagrada Familia de Gaudí, el proyecto estuvo más de ocho años en gestación mientras dialogaban MBM y el Obispado de Vic. En este proceso se desestimó una primera propuesta de 1956 por el escándalo, según Martorell, de la introducción de un patio interior que prolongaba las visuales de la nave del templo; una propuesta que hoy vemos a menudo en las nuevas iglesias que se proyectan como San Pedro Canisio de Berlín, o San Françoise de Molitor de París, por poner sólo dos ejemplos. Ya por aquellas fechas, había habido en Finlandia dos ejemplos exitosos que quizás estaban en la mente de los autores: La Capilla de la universidad de Otaniemi, los hermanos Siren (finalizada el mismo año 1956); y la paradigmática Capilla de la Resurrección, de Erik Bryggman, del año 1941, donde desaparece uno de los muros laterales de la nave para abrirla en el jardín, tal como proponían MBM. (Véase imagen de proyecto publicado en Serra d'Or)

El complejo parroquial aprobado se presenta como una suma de espacios de planta cuadrada de diferentes alturas en relación con su superficie. Esta idea compositiva tiene dos razones. La primera es rehuir de la clásica planta de nave alargada con dos piezas simétricas a ambos lados del presbiterio, una para la capilla del Santísimo y otra de sacristía, que encontramos sistemáticamente desde el Concilio de Trento. La segunda razón es económica, dado que así se permitía la construcción por fases, tal como ha sucedido a pesar del escepticismo mostrado por Martorell de llegar nunca a completarlo (... hombre de poca fe!). La primera fase de las obras se iniciaron en 1966 y, en tres años, se construyeron los módulos de la nave central, la capilla del Santísimo, la sacristía y el campanario; la segunda fase de las obras se realizó en 1994, dirigidas por el arquitecto de Igualada, Jaume Riba, que incorporó una nave lateral con fachada a la calle de Pierola siguiendo fielmente el diseño - concebido hacía ya medio siglo! - por MBM; aunque hubo una tercera fase, terminada en 2001, con la tercera nave de la iglesia, dirigida también por Jaume Riba

A pesar de querer rehuir del edificio-símbolo, la altura del campanario, los muros de ladrillo visto y las linternas cenitales terminan delatando el conjunto como una construcción de carácter religioso. Quizás se puede retraer la rudeza del aspecto exterior pero, si nos fijamos, ¿no es el Panteón de Roma también un edificio de planta central con una luz cenital?, ¿no encontramos también el recurso de la luz perimetral corrida en la terminación del muro y arranque de la cubierta en el tambor de Santa Sofía de Constantinopla o, incluso, en la Unity Church de Frank Lloyd Wright (1908), la Capilla de Ronchamp de Le Corbusier (1954), o la pritzkeana y también sobria capilla de Saint Benedkt de Peter Zumthor (1989)? Es cierto que es un recurso lumínico empleado también en las fábricas industriales, almacenes y otros edificios públicos ensimismados hacia el interior, pero no se puede negar que no sea adecuado también para una iglesia.

Si miramos el interior del conjunto, hay que apuntar varios aspectos para valorar la propuesta de MBM. De entrada, se accede por un espacio más bajo, el porche que conecta con la rectoría, que acoge al visitante y lo prepara para el salto de altura de la nave principal. Son de interés también los agrupamientos de cuatro columnas, también terminadas en ladrillo visto y capiteles de hormigón, por las visuales que ofrecen a un espacio que se percibe continuo desde la nave principal hacia las dos capillas laterales. El conjunto de nave principal y capillas laterales toma forma de T, y en su intersección se dispone el presbiterio; ofreciendo así una visual de toda la asamblea cuando hay ocupación plena del templo y en la línea de lo que la Sacrosanctum Concilium (Concilio Vaticano II) pedía de la actuosa participatio de los fieles en la celebración eucarística. Esto no quita que las capillas laterales puedan funcionar independientemente, que es la idea de plurifuncionalidad por las iglesias que buscaba MBM en el artículo citado de Martorell.

Todos los módulos se cubren con una interesante aparente malla tridimensional constituida por cerchas de hierro, muy ligeras, distribuidas radialmente; constituyendo un moderno baldaquín suspendido de planta también cuadrada de donde penden las luminarias. Esta estructura sorprende todavía hoy por su modernidad,y podemos ver una intervención similar al proyecto de la nave de la iglesia de San Sebastián del Verdum. Aquí la estructura forma parte del carácter espacial interior del edificio y, siguiendo la misma lógica que en el resto de la construcción, no se opta por esconderla detrás de un falso techo como tampoco esconde el acabado los muros de ladrillo visto.

En cuanto a las imágenes, se siguen también las directrices postconciliares: pocas y bien puestas. Por eso encontramos las tres tallas de madera de abedul que representan la Sagrada Familia en la pared de fondo de detrás del altar, obra de del escultor Joan Mayné de 1977. Las imágenes se presentan sin peana ni marco, colocadas de manera exenta en relación a la pared soportando. Si se puede hacer alguna crítica es que, por el material empleado, no destacan suficientemente del fondo de ladrillo, aspecto que se podría mejorar disponiendo un fondo blanco tal como proponían los mismos MBM en la imagen de la primera propuesta de 1956.

Contrariamente a la opinión de Jordi Cabré, hay arquitectos locales que se sienten la iglesia de la Sagrada Familia como un bien cultural próximo y que, de ninguna manera, querrían su derribo: «Actualmente, rodeada de un entorno ya totalmente consolidado, en la frontera entre los barrios del Poble Sec y los Siete Caminos, la iglesia de la Sagrada Familia sigue siendo un ejemplo moderno y líder de la arquitectura religiosa de nuestro país y, sin duda, una muestra de arquitectura contemporánea de la que puede enorgullecerse nuestra ciudad»[5]

En definitiva, con estas palabras me gustaría decir que no hay que renunciar a ninguna de las dos partes del "díptico Sagrada Familia" porque - tanto la modernista de Antoni Gaudí, como la moderna a secas de MBM - forman parte de nuestro patrimonio y de nuestra historia. Ambas nos hablan de aciertos y desaciertos de arquitectos de una época para dar respuesta a la pregunta que debe ser una iglesia y cómo se presenta la Iglesia en el mundo. Cada familia sabe de su historia, ninguna de las dos Sagradas Familias es perfecta, pero ambas merecen consideración.

(imágenes actuales: web de la parròquia Sagrada Família d'Igualada)

 

[1] “Conversaciones sobre arquitectura religiosa”, Josep Maria Vilaplana Ribas, Josep Maria Martínez-Marí, Mn. Francesc Camprubí, 1965, pg. 76

[2] Citat a Plazaola, J. (1965) “El arte sacro actual”,  Pag. 316. Esta relación y la posterior explicación sobre la Iglesia provisional de San Sebastián se desarrollan dentro del libro “El espacio sagrado en la arquitectura española contemporánea”, Cobián, E.F. 2005,  pg. 570.

[3] Por cierto, ¿sabíais que en un momento determinado Gaudí planteó que los bajos del templo expiatorio también fueran aulas para jóvenes obreros a modo de "ciclos formativos"?

[4]  Delgado Orusco, E. (2013) ¡Bendita vanguardia!. Madrid: Ediciones Asimétricas. Pg. 119

[5] Pelfort i Prat, S. “L’església de la Sagrada Família d’Igualada”. Revista d’Igualada, núm. 40, Abril de 2012