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(Jordi Llisterri-CR) "He estado y soy una mujer de fe y de Iglesia", decía Maria Martinell en las memorias que publicó en 2005 en acercarse a los 80 años. Murió como mujer de fe y de Iglesia el pasado 24 de mayo y este viernes se celebrará una eucaristía en su memoria en la Parroquia de San José Oriol de Barcelona, ​​muy cerca de la que fue su casa.

Si en los años sesenta los laicos tuvieron que luchar para hacerse su espacio en la Iglesia, esta presencia era aún más difícil para una mujer. Esto, aun hace más relevante de su trayectoria, en la que protagonizó buena parte de las iniciativasse significativas de la Iglesia catalana de la segunda mitad del siglo XX.

Durante los años 60 fue uno de los puntales de la Editorial Estela, una iniciativa que llevó a Cataluña los aires conciliares que venían de Francia. Libros como las Pregàriesde Michele QuoistReeixir van a llegar vender 300.000 ejemplares en catalán.

En aquellos años estableció una estrecha relación con quien sería cardenal Jubany. El arzobispo de Barcelona confió en ella para poner una de las primeras mujeres al frente de un institución diocesana, el Instituto de Estudios Sociales de Barcelona (ICESB). Con la tolerancia del cardenal Jubany, por allí pasaron allí personajes claves de la transición o de la Iglesia más avanzada como Alfonso Carlos Comín, José María Díez Alegría, o José García Nieto. Hizo clases desde los años 60 y fue su directora desde 1978 hasta su jubilación en 1988. También fundó en 1973 la revista Perspectiva social.

Su influencia y horas de trabajo también quedaron reflejadas en la revista Qüestions de Vida Cristiana. Durante años también fue la mano derecha de su gran amigo y director de la revista, el monje de Montserrat Evangelista Vilanova.

Bajo el impulso del Vaticano II, todo este trabajo estuvo marcado por la preocupación por las cuestiones sociales y por el papel de la mujer en la sociedad y en la Iglesia. Fue una de las impulsoras del Fòrum Vida i Evangeli, que durante años fue el encuentro anual de reflexión más numeroso y combativo de los cristianos de base. De allí también nació el Colectivo de Mujeres en la Iglesia. Martinell fue la primera presidenta y dio un tono de reflexión y diálogo más allá de cuestión de la ordenación de las de mujeres.

Nacida en Barcelona en 1927 y vecina del Eixample, tuvo una formación autodictacte a la sombra de su padre, el arquitecto Cèsar Martinell, discípulo de Gaudí y de Domenech i Montaner.

En 2006 publicó las memorias Sense renúncies escritas con Antoni Sella. Las primeras páginas se contaron con la presentación, entre otros amigos, del presidente Jordi PujolPasqual Maragall y del arzobispo Lluís Martínez Sistach. Recibió la Medalla de Honor de la Ciudad de Barcelona y la Medalla Francesc Macià al mérito al trabajo. Un reconocimiento relevante a su aportación al pensamiento social y al protagonismo del laicado en la Iglesia.