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(Jordi Llisterri-CR) La Iglesia católica en China tiene que convivir con una doble realidad. Las comunidades católicas toleradas por el gobierno pero que sus pastores no tienen el reconociendo oficial de Roma, y ​​las comunidades subterráneas o clandestinas que reconoce Roma pero que no acepta oficialmente el gobierno. A pesar de esta doble realidad, no son dos comunidades aisladas y en varias zonas del país conviven en una situación de tolerancia o incluso de colaboración.

El claretiano Francisco Carín vive en China desde el año 2000 y lo conoce muy bien. Cree que en este momento es importante la relación entre las dos comunidades y que una pueda aprender de la otra: "La comunidad oficial recuerda a la comunidad subterránea que se tiene que evangelizar y estar presente en la calle, y la comunidad subterránea les recuerda que somos una Iglesia universal".

Carín ha sido de los primeros claretianos a reemprender la presencia de esta Congregación en China tras una primera etapa de 1929 a 1952 que terminó cuando los religiosos extranjeros fueron expulsados ​​del país. Después de 20 años en Asia, cree que el sentido de estar allí es principalmente testimonial: "El Evangelio tiene un mensaje universal que también se puede testimoniar en Asia". Y a pesar de ser una minoría, dice que es una "minoría cualificada" y que tiene como misión mantener "una llama de lo que significa el mensaje de Jesús".

Lo explica en esta entrevista a CatalunyaReligió.cat, dentro de los testigos de la Iglesia en Latinoamérica, África y Asia, que hemos presentado esta Semana Santa y que recogimos en un reciente encuentro internacional de los Claretianos en Vic.