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Catalunya Religió Lun, 21/11/2022 - 12:50
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Galeria d'imatges

Víctor Rodríguez –CR Las Dominicas de la Anunciata, congregación catalana fundada en 1856 por san Francisco Coll, tienen en Vic su Casa Madre. Un gran casal de 1881 que hace tres funciones a la vez: escuela, enfermería y Casa Madre. Por eso, son tres las comunidades que dan vida. La educativa, formada por maestros y alumnos, la de las hermanas mayores, que son cerca de una cuarentena, y una segunda, menos numerosa, donde las hermanas llevan a cabo diferentes actividades de docencia, espiritualidad y atención y dinamización de la casa.

No todo el mundo lo sabe, pero que este edificio situado justamente en la céntrica calle del Pare Coll, es uno de los principales lugares que testimonia la obra de su fundador, Francesc Coll i Guitart. Nacido en Gombrèn en 1812 y muerto en Vic en 1875, fue beatificado en 1979, y subió a los altares en 2009.

Visitamos la Casa Madre con la hermana Carme Vilardell, que cuida de los diferentes museos y de la biblioteca que la congregación tiene en medio de la ciudad de los santos.

La iglesia, corazón del edificio

Como buena parte de templos y edificios religiosos, la escuela del padre Coll de Vic fue destruida durante la Guerra Civil y hubo que rehacerla de nuevo. La Iglesia, un espacio diáfano y luminoso, guarda sin embargo pequeños tesoros. En primer lugar, el sepulcro del fundador, salvado del incendio milagrosamente y situado hoy en un bello altar lateral construido expresamente.

En el otro extremo el templo, las paredes conservan las reliquias de Sant Pere Almató, hijo de Sant Feliu Sasserra y mártir dominico muerto en Vietnam, y a su lado, un segundo relicario con reliquias de dos de las siete hermanas martirizadas durante la Guerra Civil. Tras el altar, una sala recuerda a la primera superiora de las Dominicas, la hermana Rosa Santaeugenia, de la que también se veneran sus reliquias.

Una capilla sobre la iglesia

Antes de conocer los museos, subimos al piso superior para conocer la Capilla del Roser, de estilo neogótico. El espacio se pudo construir en la posguerra al rebajar el techo de la nave principal, ganando un piso justo sobre la iglesia. La capilla está bellamente decorada con un techo artesonado con distintos escudos dominicos, que estuvieron tapados por un falso techo hasta el año 2000, cuando fueron redescubiertos al restaurarse el espacio. Era el techo de la iglesia primitiva diseñada por el arquitecto y cura Josep Santasusana.

Preside el altar una Virgen del Rosario, patrona de la congregación y procedente de la escuela que tenían en Taradell. En el centro llama la atención un sagrario mucho más antiguo que el resto de elementos. Decorado con la escena de la Anunciación, pasaje que da nombre a la congregación, es una donación de la comunidad de Sama de Langreo, que las Dominicas tienen en Asturias. Que esté en la Casa Madre tiene una explicación: en el Sanatorio asturiano de Adaro, se obtuvo el primer milagro que permitió la beatificación del padre Coll.

Visitamos también la gran y espaciosa biblioteca que hay en el edificio. "No es una biblioteca normal, sino que la mayoría de los libros tienen que ver con nuestra congregación, con el espíritu dominicano y con el padre Coll y, aun así, rozamos ya los 7.500 ejemplares". Se suman también incunables y libros antiguos.

Tres museos en uno

Las Dominicas de la Anunciata han querido que en Vic se explicara todo lo que tenía que ver con su fundador y con la labor de la congregación. Es por eso que en diferentes plantas del edificio adyacente a la escuela encontramos diferentes salas que, como tres museos independientes, forman en realidad uno solo. Renovados en 2000, se encuentra el Museo del padre Coll, centrado en la vida y obra del fundador, el Museo histórico de la congregación y un tercer museo sobre la expansión de las Dominicas de la Anunciata por todo el mundo.

En el piso superior, abuhardillado, se encuentra el museo del padre Coll. Un breve itinerario nos muestra los lugares que formaron parte de la vida del santo ripollés, partiendo de su infancia en Gombrèn, a los pies de Montgrony, donde las hermanas mantienen una presencia activa en la casa en la que nació. El museo conserva diferentes piezas que pertenecieron al fundador: cálices, libritos, misales, rosarios, entre otros. Incluso una de las piezas más preciadas y simbólicas, como bien dice la hermana Vilardell: "Esta Virgen María es la que estaba en la casa familiar donde nació el padre Coll, era de su familia".

CARME VILARDELL, DE LAS DOMINICAS DE LA ANUNCIATA, NOS DESCUBRE LA CASA MADRE DE LA CONGREGACIÓN QUE FUNDÓ SAN FRANCISCO COLL

Uno de los objetos más singulares es un pequeño tubo que contiene un pergamino en su interior. Este texto contiene la firma de diferentes miembros del Tribunal diocesano, entre ellos, la del obispo Joan Perelló, que hacia 1930 dieron fe de que Francesc Coll podía ser venerado. Se iniciaba así el proceso para ser reconocido como santo que finalizaría en 2009.

El segundo museo, es el que recibe el nombre de Museo Histórico de la Congregación, situado justo al lado Capella del Roser. En esta gran sala se puede conocer la labor que ha desarrollado la congregación a lo largo de más de 150 años, su evolución y estructura organizativa y los personajes más destacados que han formado parte de ella.

En la planta baja se encuentra el tercer museo, el de la Expansión, que recoge objetos de los diferentes países donde la congregación tiene o ha tenido presencia. La singularidad del discurso expositivo viene marcada por los objetos traídos de las diferentes regiones de donde provienen las hermanas o bien donde se ha ido a fundar. Un hecho que aporta universalidad a la congregación y al mismo tiempo, demuestra la encarnación en la tierra donde llevan a cabo su labor apostólica. Muchos de estos objetos han sido aportados por las propias hermanas cuando visitan la Casa Madre para conocer la tierra de su fundador. Asimismo, se muestran los países y comunidades fundadas junto con los retratos de todas las superiores de la congregación.

Una santísima trinidad museística

Las Dominicas de la Anunciata fundaron la primera comunidad fuera de Cataluña cinco años después de la muerte del padre Coll. A principios del siglo pasado, la congregación se establecía ya en Argentina y en 1969 abrirían las primeras escuelas en África, convirtiéndose en un efecto multiplicador hasta hace pocos años, donde la falta de vocaciones generalizada también ha obligado a cerrar comunidades, sobre todo, en nuestro país.

Vic es la ciudad de los santos y la Casa Madre de las Dominicas de la Anunciata se ha convertido en una santísima trinidad museística que vale la pena conocer por acercarnos a la vida y a los frutos del último catalán que ha subido a los altares, con permiso de la vicense Carme Sallés, también santa desde el 2012.

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