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Domingo III del tiempo ordinario. Ciclo A
Barcelona, ​​26 de enero de 2014

Resulta fácil resumir el mensaje de Jesús.
Dios no es un ser indiferente y lejano que se mueve en su mundo desconocido interesado solo por su honor y sus derechos.
Dios es Alguien que busca para todos lo mejor. Su fuerza salvadora está actuando en lo más hondo de la vida.
Solo quiere la colaboración de sus criaturas para conducir el mundo a su plenitud: "El Reino de Dios está cerca. Cambiad. "
Pero, ¿qué es colaborar en el proyecto de Dios? Y, ¿en qué hay que cambiar?
La llamada de Jesús se dirige a todos, porque todos debemosaprender a mirar la vida y a actuar de una manera diferente.

Concretamos puntos claros:

Primero: la compasión debe ser siempre el principio de actuación.
Hay que introducir en el mundo compasión hacia los que sufren: "Sed compasivos como lo es el Padre del Cielo."
Sobran del todo las grandes palabras que hablan de justicia, igualdad o democracia. Sin compasión hacia los últimos no son nada ni valen nada.
Sin ayuda práctica a los desgraciados de la tierra no hay verdadero progreso humano.

Segundo: la dignidad de los últimos debe ser la primera fila, el gran objetivo. "Los últimos serán los primeros". Hay que dar a la historia una nueva dirección. Hay que poner a la cultura, la economía, a las democracias y a las iglesias mirando hacia los que no pueden vivir de una manera digna.

Tercero: hay que impulsar un proceso de curación que libere a la humanidad de todo lo que la destruye y degrada. "Id y curad".
Jesús no encontró un lenguaje mejor ni más claro:
– lo decisivo es curar
– aliviar los sufrimientos
– compartirlos
– sanear la vida
– construir una convivencia orientada hacia el máximo de felicidad para todos.
Este es el testimonio y la herencia de Jesús.
Nunca ni en ninguna parte se construirá la vida, tal como Dios la quiere, si no es liberando a los últimos de su humillación y de su sufrimiento.

¿Cómo pensamos colaborar?
Sobran excusas. Faltan compromisos.