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(Fundación Oscobe) Este vienes se cumple el primer aniversario de la muerte, en Girona, del jesuita Anton Raventós Espona. Desde sus inicios en la parroquia de Mare de Déu de Bellvitge, en 1969, se comprometió con los problemas de un barrio de inmigración, donde se carecía de casi todo al ser de nueva creación. Falta de equipamientos y servicios, con un plan urbanístico deficitario.

Quienes se acababan de instalar en el barrio, matrimonios jóvenes, procedían de lugares muy diferentes y estaban inmersos en los múltiples problemas que provoca el inicio de una nueva vida, en un entorno de notable individualismo y de falta de comunicación entre personas que no les vincula casi nada.

Las iniciativas que surgieron de la parroquia fueron determinantes para animar, aunar voluntades, crear cercanía, generar complicidades…; y muy pronto fueron muchos los que participaron en actividades sociales de barrio y parroquiales.

Antón administraba sacramentos, pero no olvidaba abordar los problemas sociales y de urbanismo, proponiendo alternativas. Negociaba con alcaldes en una situación política difícil por el franquismo, al tiempo que batallaba en asociaciones y asambleas de vecinos. La tarea es enorme en todos los campos.

Ya en los primeros meses que estuvo en la parroquia, creyentes y no creyentes coincidieron en una cosa: “el nuevo cura es un hombre de corazón bueno e ideas claras”. Siempre defendió que no iniciaría la construcción de un nuevo templo mientras faltaran servicios básicos. Desde la iglesia-barracón se apoyaron luchas y encierros para conseguir farmacias, ambulatorios, etc..

El sentido de comunidad, tejiendo redes

Gracias a él, los vecinos entendieron la necesidad de no cerrar nunca los ojos ante el drama del sufrimiento humano, ahondaron en vivencias humanas que dieron sentido a su vida, sintieron una iglesia más cercana y servidora, descubrieron el sentido de comunidad aglutinando pareceres, afectos e ideales y descubrieron la exigencia amorosa de una relación de pareja, en los grupos de matrimonios.

Antón contagió un clima de ilusión, sano, que se extendía como una red sutil por todos los ámbitos del propio barrio y de la comunidad cristiana, hasta los niños y jóvenes. Éstos pasaron a ser su gran preocupación. Entendía que para desarrollarse como personas los jóvenes necesitaban un barrio digno, con lugares de esparcimiento, servicios básicos, y el soporte de una comunidad cristiana viva.

Siguiendo esta vocación, con una actitud de amor y servicio, Antón abrió nuevos caminos y horizontes a quienes más lo necesitaban: los jóvenes sin norte y sin posibilidades educativas formales para rehacer sus vidas con alegría y esperanza.

Durante los años 80, desde Girona, en Sant Gregori, por encima de Taialá, junto a otras personas de la comunidad cristiana originaria, inició un proyecto de inserción de jóvenes bajo el lema “Aprender a trabajar, con la experiencia”, que se llamó OSCOBE.

Los jóvenes se implican en circunstancias y ámbitos simulados a los de carácter laboral, en los que, al descubrir sus limitaciones, se sienten apoyados, dotados con conocimientos empíricos y prácticos, y con fuerzas y capacidades para traspasar esos condicionantes de vida, de los que no son responsables.

Así, Antón, impulsó cursos de construcción para rehabilitar las masías de la finca, cursos de camarero y ayudante de cocina en un restaurante o una casa de colonias; cursos de viverista, jardinero o de huerta en los terrenos de la finca; una residencia para acoger a jóvenes sin hogar o sin padres y algunos pisos para completar su proceso de autonomía personal.

Los jóvenes de OSCOBE

Desde entonces la Fundación OSCOBE, de Girona, desarrolla este abanico de servicios formativos para esos jóvenes que constituyeron la preocupación de Antón Raventós.

Hoy OSCOBE ha incrementado su labor formativa dando acogida y formación a la población de jóvenes redirigida por Ayuntamientos y Generalitat, y proporciona la inserción laboral a personas en riesgo de exclusión social, mediante diversas actividades económicas en la empresa de inserción Brot.

En este primer aniversario de la muerte de Antón Raventós, lo recordamos con su sencillez y humildad, en esa vocación de ser “Una persona para los demás”, que es nuestro fermento y fuerza para mantener vivo el proyecto de la Fundación OSCOBE que él impulsó.