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(Glòria Barrete –CR) 31 de enero: la fiesta grande salesiana. La celebración para el mundo salesiano de la muerte de su fundador, San Juan Bosco, patrón de los jóvenes, los magos, los actores, y padre de toda la familia salesiana que incluye la congregación de los salesianos, de las Hijas de María Auxiliadora, los salesianos cooperadores, las asociaciones de antiguos alumnos y muchas otras instituciones.

Don Bosco, como popularmente se conoce al santo italiano, se ha convertido en una gran fiesta que se celebra en todas las obras salesianas y en todos los ámbitos donde tienen actuación: escuelas, plataformas de educación social, parroquias y basílicas, centros juveniles, grupos de teatro e incluso grupos de deporte. Desde Andorra, hasta Ciutadella, pasando por Monzón en Juesca, Lleida, Girona, Barcelona o Ripoll, sea en la escuela, en el esplai, el teatro, o en un Centro Abierto, todos, educadores, destinatarios y familiares, se impregnan del carisma salesiano y recuerdan todo lo que Don Bosco les enseñó.

Tal como indica el provincial de los salesianos en Cataluña, Ángel Asurmendi: “En concreto recordamos el día en que murió Don Bosco, pero, en realidad, la celebración nos lleva a celebrar su vida, su persona, su carisma y su dedicación a los jóvenes, porque los cristianos siempre celebramos la vida”, i añade: “cada año revivimos el carisma y nos comprometemos a ser creativos en la fidelidad para traducirlo a los tiempos actuales y a las nuevas necesidades de los jóvenes más desfavorecidos”.

Un carisma imperante en todas las obras salesianas ya que según Asurmendi lo que predomina en todas las casa el día 31 de enero es “el clima de fiesta y alegría, de juegos y de teatro, de celebración religiosa y de encuentro de familia, reviviendo así el espíritu familiar que tienen todas nuestras casas”.

El carisma de Don Bosco hoy

Unas obras salesianas que son casa que acoge, escuela que educa, iglesia que hace presente a Dios y patio que divierte y que acerca en un clima natural y libre. Características diferenciales que Don Bosco legó a la congregación salesiana y que forman parte de uno de sus regalos a la juventud: su Sistema Preventivo, sistema que Asurmendi define en una frase bien conocida por Don Bosco: “formar buenos cristianos y honrados ciudadanos, que hoy lo traducimos por educar evangelizando y evangelizar educando, mostrando a los jóvenes un rostro de Dios del que se puedan enamorar, un Dios cercano y amigo incluso de los más desheredados, que eran sus preferidos.”

Hoy en muchas escuelas, esplais e iglesias se cantará una canción popular en el ambiente salesiano: la canción Padre, maestro y amigo, una clara alusión a la vocación de educador salesiano de Don Bosco, un educador salesiano que, según Ángel Asurmendi, “está con los jóvenes, está en medio de ellos, está entre ellos, siempre de una manera positiva, acogiendo con cara alegre, acompañando en toda ocasión, e interactuando con ellos de manera que consigan sacar y desarrollar todas sus potencialidades”, y recuerda por último una de las premisas de Don Bosco: “el educador salesiano siempre prefiere a los más ‘rotos’ y a los excluidos, que son objeto de su atención más cuidada”, y es que tal como decía Don Bosco: “Entre vosotros jóvenes, es donde me siento bien”.