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(Montserrat Boixareu –CR) La Federación de Universidades Católicas Europeas (FUCE) fue creada en 1991 con el objetivo de fortalecer la red de universidades católicas europeas. El actual presidente es el reverendo profesor Michael Mullaney, doctor en derecho canónico y profesor en St. Patrick's College de Irlanda. Con él hablamos sobre el trabajo de la Federación y las cuestiones principales que han tratado en la Asamblea General de la Federación que se ha celebrado este mes de noviembre en Barcelona, ​​en el Ateneo Universitario Sant Pacià.

¿Cuáles son los principales objetivos de la FUCE desde su creación en 1991?

El objetivo primero y más claro de la FUCE es proveer una estructura a todas las universidades católicas y pontificias de Europa para poder unirse y colaborar juntas, de forma solidaria. Lo que queremos es que esto nos permita afrontar los retos que tenemos planteados mediante este intercambio de conocimientos, experiencia y maestría. Esto es lo principal.

¿Qué retos tienen planteados?

Discutimos juntos temas de interés común, nuevos desarrollos y nuevos retos. Uno de ellos es el de estudiar la presencia del islam en Europa en la actualidad. Otro proyecto consiste en intentar responder a nuevas cuestiones. Cuando el papa Francisco visitó el Parlamento Europeo habló sobre un nuevo humanismo europeo. Hemos tomado esta cuestión y hemos organizado un programa de verano para jóvenes de diferentes universidades católicas de Europa, Líbano, Georgia y Albania. Se reúnen con el objetivo de discutir sobre un nuevo humanismo europeo.

¿En qué programas y planes de estudios participan?

Ofrecemos becas y ayudas a estudiantes de universidades católicas fuera del programa Erasmus para que puedan estudiar en facultades y universidades católicas europeas. E intentamos que los estudiantes del ámbito Erasmus puedan entrar en programas de universidades católicas europeas. Este encuentro, por ejemplo, nos da la oportunidad de mirar cómo diferentes universidades pueden colaborar en acuerdos bilaterales o en grupo en áreas especializadas para establecer acuerdos entre ellas. Trabajamos en red para estrechar los lazos entre las universidades católicas.

¿Cuáles son las cuestiones específicas que han tratado en este encuentro?

Hoy tratamos cuestiones sobre tecnología e inteligencia artificial y ayer sobre la universidad católica y la cultura.

¿Qué define a las universidades católicas?

Pienso que las universidades católicas no deben ser iguales que las demás universidades. La tentación es hacerse iguales a las demás universidades. Muchas universidades católicas tienen facultades con buena reputación. Mucha gente acude a las facultades católicas de derecho o medicina o empresa o muchos profesores quieren enseñar en facultades católicas. Posiblemente mucha gente quiere encontrar un buen trabajo a partir de que la universidad consta en su CV. El reto de las universidades católicas es no ser un instrumento para encontrar un buen trabajo. Muchas veces les digo a mis estudiantes que ellos vienen a la universidad no para encontrar después un trabajo que les guste, sino una vida que les guste. El objetivo de la educación católica es el de no caer en la trampa de ser sólo un negocio, de no caer en una visión utilitaria, sino tener una visión holística de la educación.

¿En qué consiste esa visión holística de la educación?

Si en las universidades católicas sólo trabajáramos para tener éxito en el sentido de conseguir cifras cada vez más importantes para tener sólo prestigio y las mejores facultades, con esto podríamos perder algo. Lo importante es no perder de vista la vocación ni la educación holística que podemos dar a la gente. Esta perspectiva está arraigada en la bonanova del evangelio y forma parte de la ética y de la rica tradición católica en humanidades. Es importante que, sean cuales sean las materias que ofrezcan las facultades católicas, los estudiantes estén expuestos a una mayor base de materias para ampliar su preparación. La tentación para las universidades católicas sería la de perder ese deber. Esto significaría perder el sentido católico de su labor educativa.

¿Cómo afecta esta educación a los estudiantes?

Queremos que nuestros estudiantes acaben la universidad no sólo trabajando para ellos, sino que les queremos ofrecer una perspectiva del mundo y de la sociedad según la cual ellos tienen una contribución a hacer. Que sepan que la vida no es sólo para ellos, sino que existen otras familias que viven allí. Esto es importante, el hecho de que se den cuenta de que vivimos en sociedad.

¿Existen diferencias entre las universidades de los países miembros de la FUCE?

Sí, por supuesto, cada país es único. Hoy, por ejemplo, hemos tenido una muy buena presentación sobre los retos que tienen las universidades libanesas. Como sabéis, en Líbano están en una situación dramática a todos los niveles, social, político y económico. Uno de los retos a los que se enfrentan las universidades católicas de los distintos países es, por ejemplo, la secularización. En Irlanda es muy mayor. Las facultades católicas se encuentran en un territorio totalmente nuevo en una Irlanda poscristiana. Un país que era profundamente católico está ahora secularizándose de manera muy radical. Otro aspecto es que, aunque seamos universidades católicas, en nuestros países debemos encontrar la forma de colaborar con las universidades públicas, con diferentes programas e intercambios de estudiantes, para enriquecernos y no encerrarnos en la nuestra situación particular.

¿Cómo afecta la secularización a las universidades católicas?

La secularización es el reto al que debemos responder la mayoría de universidades católicas europeas. La pérdida de la fe y el reto de las universidades católicas de expresar su fe de forma que sea accesible, con sentido, de forma dialogante con el mundo y la gente joven de hoy. Y, aunque mucha gente en nuestra sociedad haya abandonado la fe, todavía hay muchos valores que la Iglesia católica puede ofrecer. Valores que pueden influenciar, pero sin imponerlos, ofreciéndolos de forma clara, persuasiva, intelectual, creíble. Éste es el reto específico de la universidad católica. Nuestro objetivo no es imponer, sino articular estos valores de forma moderna e inteligente.

¿Pide algún tipo de compromiso al profesorado de sus universidades?

Si tu institución enseña una determinada orientación de los valores, debes testimoniarlo. No puedes tener un doble estándar hacia tu plantilla y tus estudiantes. Si tu institución es de algún modo un testigo, se supone que tus trabajadores deben tener una forma de vivir, una ética y una actitud respetuosas hacia la labor de la FUCE. Yo creo que en nuestra institución hay mucha diversidad y hay un gran respeto, un gran entendimiento. Evidentemente, en términos prácticos, si tu institución recibe ayudas públicas debe estar de acuerdo con el derecho público con respecto a los trabajadores. Pero, evidentemente, el compromiso debe ser diferente en una universidad católica. Actualmente, todo el mundo quiere trabajar en una universidad católica, aunque no sean creyentes.

¿Cómo describiría a los estudiantes de las universidades católicas europeas?

Las universidades católicas y pontificias no son distintas de las otras universidades, encuentras todas las diferentes perspectivas de la vida. Los estudiantes son muy abiertos y muy idealistas, aunque no sean creyentes, son muy idealistas. Tienen grandes valores. Están muy preocupados por la justicia social, el medio ambiente, el cambio climático, tienen mucha sensibilidad por los pobres, por la igualdad, la inclusión, la discriminación. Quizás no tienen creencias muy fuertes, pero tienen valores muy fuertes que son compatibles con el evangelio y la institución católica. Por ahí es por dónde podemos conectar con ellos. Son estudiantes que tienen pasión por la vida. Los que son creyentes queremos que sean fuertes testigos dentro de la institución.

¿Con qué dificultades se encuentran estos estudiantes?

Existe también un tipo de fragilidad para los estudiantes. Tienen que lidiar con muchos retos. En los medios de comunicación social, existe mucha presión para la gente joven. Tienen muchos valores pero también tienen muchas presiones, en muchas cuestiones, como el abuso del éxito o un ambiente muy sexualizado. Tienen mucha libertad y eso significa también que tienen muchas presiones. Nosotros intentamos que se conviertan en ciudadanos responsables, que sepan elegir bien para conseguir una vida que los llene, sean creyentes o no. Yo soy profesor de teología y todos mis estudiantes son creyentes. Esto significa que lo que intentamos es conectar con ellos a partir de sus valores para conseguir que puedan desarrollarlos.

¿Cuál es la especificidad de la formación de los estudiantes de las universidades católicas?

Pienso que lo más importante será que, sean creyentes o no, consigan tener un fuerte impacto en la sociedad. Esto es lo importante, que quieran vivir sus vidas para los demás, que se preocupen por los más vulnerables, que tengan un gran sentido de justicia. Esto es a lo que aspiro para la gente joven que viene a estudiar en una universidad católica. Para los que tienen fe, que su fe se fortalezca, para que sean testigos valientes en medio del mundo. Y, en cuanto a los que no son creyentes, que tengan un sentido muy grande de responsabilidad social cuando dejen la universidad.