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vlaferrara Mié, 10/11/2021 - 10:07
Galeria d'imatges

(Víctor Rodríguez –CR/Banyoles) Una de las casas con más historia de la plaza Mayor de Banyoles es la del número 49. Es Can Butinyà, la casa natal de Francesc Butinyà i Hospital (Banyoles 1834 - Tarragona 1899), jesuita y fundador de dos congregaciones religiosas con presencia en nuestro país: las Siervas de San José y las Hijas de San José. Estas últimas dirigen la casa natal de su fundador y nos la enseñan amorosamente.

Paseamos por las distintas salas de la mano de las cinco hermanas que conforman la actual comunidad bañolense. En la casa, museizada en torno a la vida y la obra del padre Butinyà, encontramos el cuarto en el que nació, otra sala sobre su labor apostólica –donde están reseñadas las fundaciones y las villas donde predicó– y dos salas que muestran sus publicaciones, cartas y recuerdos, así como lo escrito de él. Toda esta documentación sirvió para llenar las más de 16.000 páginas del expediente presentado en Roma para conseguir la canonización del padre Butinyà. Por último, otra de las salas expone una reliquia de su ataúd y explica los últimos días del jesuita bañolense.

De la casa llama especial atención la capilla de la comunidad, con un sagrario en forma de turno de hilar que rememora los orígenes menestrales tanto del padre Butinyà –en su casa eran corderos– como de la esencia y el carisma obrero de la congregación. Porque por Butinyà, tal y como dejó escrito y se refleja en la pared del oratorio: "Cristo es alabado en el trabajo".

Si bajamos a la planta baja, aparte de la bodega, encontramos una de las singularidades arquitectónicas de la casa y es que por debajo de Can Butinyà pasa el Rec Major, uno de los cinco canales de agua que salen del lago. Bajo un suelo de cristal se ve pasar el agua viva y los pequeños cangrejos que se marchan del lago empujados por la corriente.

El día a día de la comunidad bañolina

Las cinco hermanas nos cuentan que no llevan muchos años en Banyoles. Llegaron a principios de los años 90 del siglo pasado adquiriendo la casa natal de su fundador a los descendientes de su familia. Por eso, debemos recalcar que no se trata de la casa madre de la congregación, sino de la de su fundador. Estar en Banyoles es una presencia querida y deseada de la congregación, como un regreso a los orígenes, en el pueblo que vio nacer a Francesc Butinyà, y del que se sentía muy orgulloso. En este sentido, la casa tiene distintas funciones, como la de acogida espiritual, la de museo y vindicación de la figura del padre Butinyà. Y, sobre todo, una vertiente social y humanitaria que practican las hermanas a través del trabajo: "Nuestro corazón es el taller", reivindican. Y es que las monjas tienen al trabajo y, sobre todo, a la atención de las mujeres obreras como su misión principal, tal y como quiso Francesc Butinyà.

Al llegar a Banyoles, siguiendo el lema de "Evangelizar desde el trabajo" las primeras monjas hacían varios trabajos de enfermería o incluso, alpargatas: "Nuestra espiritualidad es la de Nazaret porque Jesús obrero es el centro de la nuestra vida", nos cuenta una de las religiosas. Poco a poco, la casa fue tomando el aspecto que tiene hoy y actualmente las cinco hermanas realizan diversas tareas apostólicas en Banyoles. Tienen un pequeño banco de alimentos y dos días a la semana disponen de un servicio de bolsa laboral para ayudar a mujeres a encontrar trabajo, así como una de sus hermanas ayuda al ropero de cáritas parroquial. Sin embargo, la labor central de la comunidad es la tienda solidaria y de comercio justo que dirigen en Can Butinyà. 

Monjas de comercio justo

En los bajos de la casa encontramos desde 2007 una tienda especial y singular que vende productos de comercio justo provenientes de todo el mundo. "Al quedar vacío el local, abrimos un proceso de reflexión para valorar y escoger qué uso le queríamos dar", expone una de las religiosas. Es así como creyeron que una tienda solidaria que vendiera productos elaborados por pequeños productores y cooperativas obreras de todo el mundo sería un buen fin. Hoy, en la tienda dirigida por las hermanas con la ayuda de varios voluntarios, encontramos alimentos (muchos tipos de cafés), bisutería, obsequios y artesanía proveniente de India, Sudamérica y África.

Singularmente, muchas de estas pequeñas cooperativas están llevadas por mujeres y sus productos llegan a Banyoles gracias a la ONG Fundación Trabajo y dignidad, que dirige la congregación. De esta forma, nudo a nudo, se extiende una red que dignifica la vida de cientos de pequeños productores siguiendo los principios de Francesc Butinyà. Los miércoles, día de mercado, la tienda sale a la calle y también están presentes, si el transporte lo permite, en el mercado de Besalú.

Con la tienda de Can Butinyà, la casa natal no es sólo un lugar para recordar la vida del fundador, sino también para vivir la solidaridad con los trabajadores pobres de todo el mundo, concibiendo especialmente a la mujer obrera como agente de su propia liberación en el trabajo, tal y como pretendía el padre Butinyà.

Si va a Banyoles y quiere visitar el espacio, pida por la tienda de las "monjas butiñanas", que es como son conocidas –y queridas– en la capital del Pla de l'Estany.

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