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(Ramon Bassas –CR) Cáritas Barcelona tiene tres espacios polivalentes activos en Barcelona, Hospitalet y Santa Coloma, y en septiembre abren un cuarto en Badalona. "El proyecto está pensado para dar respuesta a los doce meses del año, pero la actividad debe ser organizada y propuesta a partir de las necesidades de la comunidad", nos informa Mireia Milián, responsable del programa de familias e infancia de esta entidad diocesana, que tampoco cierra por vacaciones.

Mireia, que trabaja en Cáritas desde 2008, trabajadora social y psicóloga de formación, ha estado bastante tiempo acompañando la acción social de las parroquias, dinamizando la labor del voluntariado en la institución y asesorando psicopedagógicamente los proyectos de familias e infancia antes de asumir su actual responsabilidad.

Durante el mes de julio, los espacios polivalentes han estado ofreciendo actividades de ocio para los niños. "Si no ofreciéramos este servicio, muy probablemente las familias no podrían permitirse un casal de verano" —reflexiona—. "La idea de estas actividades es que sean abiertas a toda la familia, y que no sólo disfruten los niños, sino también los padres. Por otra parte, estamos abiertos a cualquier actividad que propongan las familias, por lo que el proyecto se adapta a todo aquello que puede ser positivo para generar comunidad".

—Estos espacios polivalentes son muy recientes, ¿cómo se os ocurrió abrirlos?

—Surgió de un proceso de reflexión que se inició en mayo de 2020, analizando los puntos fuertes y los puntos débiles de nuestros proyectos de atención colectiva. Los profesionales de la acción social coincidían en pedir que se flexibilicen los proyectos colectivos, pasando a atender a más personas y familias, bajando el nivel de intensidad en el acompañamiento y ofreciendo espacios de confort a personas que no podían disfrutar en sus domicilios.

—¿Y por qué este nuevo planteamiento?

—Todo esto se vuelve a pensar por la realidad que nos estamos encontrando, que es la de personas y familias con dificultades para cubrir las necesidades materiales (alimentación, vivienda...), y en muchas ocasiones en situación administrativa irregular, lo que les impide acceder a un trabajo regularizado y a una serie de derechos sociales. Un 66% de las personas atendidas por Cáritas no tienen un hogar digno, estable o seguro, y nos preocupan las situaciones de infravivienda y hacinamiento. La mayoría de personas que atendemos tienen una baja autoestima por la situación que viven, además de una red relacional y social débil. Por todo ello, creemos que los espacios polivalentes pueden dar respuesta a muchas de estas problemáticas.

—¿Qué vienen a hacer, aquí, los usuarios? ¿A comer, por ejemplo?

—En estos espacios, no sólo se cubren las necesidades materiales, como podrían ser las comidas que debe hacer un niño, sino también otras cuestiones como un refuerzo escolar o el acompañamiento de los padres en la búsqueda de empleo. La idea es poder intervenir en todos los niveles, y que las personas sientan que el proyecto puede acompañar de manera global.

Mireia insiste que estos espacios pretenden ser espacios de humanización y acogida, donde las personas atendidas puedan ser protagonistas de su gestión y "donde encuentren nuevas oportunidades de participación y de relación, convirtiéndose en comunidades generadoras de sentido vital". También me hace notar que cada espacio es un proyecto abierto en el barrio (o distrito, o ciudad), muy basado en la proximidad. "Cualquier persona o familia puede participar, siendo orientada por algún profesional o por iniciativa propia" —dice—. "Queremos huir de proyectos donde sólo participen personas ya atendidas por servicios asistenciales, y creemos que la interacción con otra gente del barrio puede ser muy positiva para las personas que participan en los espacios polivalentes".

—Eso quiere decir que los que leemos esto podemos participar viniendo. ¡Me parece muy bien!

—¡Y tanto! Mira, no sólo desde el amor fraterno saldremos, hay que tejer redes de apoyo entre todos y todas. Me gustaría que los lectores escuchen otras voces, que se acerquen y en la medida que puedan, que caminen con nosotros para construir una sociedad más justa e igualitaria.

—¡Y todo esto al lado de casa!

—Es que, para mí, entrar a trabajar en Cáritas fue un reto y un regalo. Desde que inicié mis estudios y fui conociendo el mundo social, admiraba la capacidad y flexibilidad de Cáritas para crear proyectos innovadores, adaptados a las necesidades de las personas más vulnerables, y quería participar y aprender. Tras estos trece años de viaje, sigo admirando esta capacidad, y aún valoro más la oportunidad de formar parte de esta gran familia formada por las personas que confían en nosotros, los voluntarios que aportan su tiempo, y los profesionales que siguen aprendiendo y desaprendiendo para mejorar cada día.

—Me parece que vamos a la esencia de la fe, por este camino, ¿verdad?

—Sí, mi compromiso se basa en el amor, sobre todo, hacia los más desfavorecidos. Me gusta mucho la referencia que hace Francisco cuando nos habla de lo que es ser pobre. Pobre no es sólo aquel que no tiene dinero, sino también el que no tiene amigos o familia, el que sufre acoso escolar o violencia de cualquier clase. Desde este amor y compromiso, siento que hay que mirar como hacía Jesús, con mirada acogedora, y acompañar todas estas realidades, intentando generar espacios normalizados, donde se ayude a crecer en valores, y empoderando a las familias para que puedan ser las protagonistas de su camino.

Pues sí, en eso no hay vacaciones.