Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

La revuelta en las calles de Atenas y los recortes impuestos por la Unión Europea -bajo el dictado de Angela Merkel- creo que nos obligan a reflexionar sobre si las medidas que se imponen a los países del sur de Europa representan la única salida posible a la actual crisis. Medidas drásticas que no sólo suponen una reducción notable de prestaciones sociales de los estados sino que, además, conllevan una bajada muy seria de la actividad económica con riesgos probables de recesión. ¿Este es el único camino? ¿Este es el mejor camino?

Cada vez disiento más de las políticas económicas y sociales que está imponiendo la Canciller alemana. La radicalidad con que se quieren aplicar estas medidas conlleva grandes tensiones sociales que afectan a toda la sociedad griega y su vinculación a la Unión Europea y en la zona Euro. La intervención de la Unión y del Fondo Monetario Internacional es más dura que la que podría hacer la misma administración federal americana en uno de sus cincuenta estados si éstos se encontraran en una situación financiera similar. Las condiciones, acompañadas de maneras de hacer prepotentes, creo honestamente que son del todo inaceptables.

Estoy convencido de que, además de medidas sensatas de ajuste del gasto público, se han de tomar otras de carácter económico, de incentivación de la actividad productiva, de creación y generación de empleo y de mantenimiento de las estructuras de cohesión social. Si el continente europeo es diferente de muchas otras regiones del mundo es precisamente por su modelo social, un modelo en el que, junto al libre mercado, existe una intervención de los poderes públicos para asegurar una cohesión social, para conseguir que la libertad y el progreso estén al alcance del mayor número de personas.

Merkel está consiguiendo romper estas bases. ¿Hasta cuando? ¿Hasta las próximas elecciones francesas? ¿Hay margen para otra política?
Yo creo que sí. Hay margen. Otra política es posible.