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(Jordi Llisterri - CR) Este lunes ha muerto Albert Manent. Escritor, historiador, poeta, biógrafo, dialectólogo, estudioso del novecentismo, activista cultural, cronista de la resistencia, maestro de historiadores e investigadores... Una larga lista de especializaciones de alta cultura que también puso al servicio de la Iglesia catalana, con la promoción de obras como el Diccionario de Historia Eclesiástica de Cataluña y con numerosos libros y artículos sobre historia eclesiástica contemporánea.

Este martes por la tarde estará instalada la capilla ardiente en el Tanatorio Ronda de Dalt y el funeral se oficiará el miércoles a las 11'30h. de la mañana.

"Es un hombre terco, tenaz, estoy muy contento de ser su amigo. Cataluña necesita gente así ", le decía el presidente Jordi Pujol tras 63 años de relación en clausurar el homenaje que le hicieron en 2010 al celebrar los 80 años. Ciertamente, en los últimos años ha vivido una época de reconocimientos, culminada con el Premi d'Honor de les Lletres Catalanes, una distinción que compartía con su padre, el poeta Marià Manent.

Albert Manent y Segimon nació el 23 de septiembre de 1930 en Premià de Dalt, hace 83 años. El ambiente familiar y universitario de Barcelona le llevó a adentrarse en el mundo literario y al mismo tiempo en el activismo cultural de resistencia. Participó en la mayoría de iniciativas literarias de los años de la recuperación cultural, como la revista Serra d'Or, al tiempo que se implicó en luchas clandestinas como la segunda huelga de tranvías o la campaña contra el director de La Vanguardia. Tomó aún más compromiso y protagonismo en la campaña "Volem bisbes catalans" ["Queremos obispos catalanes"] de 1966 cuando participa en la redacción del libro clandestino Le Vatican et la Catalogne.

Su papel también es determinante en la realización de las declaraciones del abad Escarré a Le Monde que dieron la vuelta al mundo criticando la hipocresía del régimen franquista, que se decía cristiano pero no actuaba como tal. De hecho, Manent es uno de los personajes clave en la reivindicación del perfil propio de la Iglesia catalana durante el siglo XX. No es casual que incluso la estampa de su primera comunión se imprimiera de forma clandestina en catalán.

Con la restauración de la Generalitat, en 1980 es nombrado director general de Actividades Artísticas y Literarias del Departamento de Cultura. De 2000 hasta 2004 será director del Centro de Historia Contemporánea de Cataluña. En esta etapa promovió diversas iniciativas tivas que ponían de relieve el vínculo entre la Iglesia y la cultura catalana. Y fue uno de los principales impulsores de "Germinabit", la exposición sobre el libro religioso en catalán que se hizo en Roma en 2001.

Uno de los últimos homenajes que recibió fue este noviembre en la Jornada del Grup Sant Jordi. Al celebrar los 80 años, ofrecía en esta entrevista a CatalunyaReligió.cat su mirada sobre la fe y sobre la evolución de la Iglesia en Cataluña en los últimos años. Veía que desde el Vaticano II había habido "una involución eclesial, pero tampoco tan fuerte como parece" y lamentaba como los miedos que impiden evolucionar a la Iglesia. Sobre todo le preocupaba el desprestigio y las calumnias sobre la Iglesia en Cataluña que fomentaban los sectores más integristas. Fiel a sus principios y al conocimiento de la historia, Manent reivindicaba una iglesia catalana, con características propias pero que no va en contra de la Iglesia universal. Hasta el último día.