Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

(Jordi Llisterri - CR) Siempre se ha acusado a los seminarios catalanes de no estar a la altura en número de vocaciones y ordenaciones respecto al resto de España. Pero curiosamente uno de los problemas con las nuevas hornadas sacerdotes más conflictivos que se ha vivido en Cataluña en los últimos años ha venido de fuera. Estos días se ha conocido la reducción al estado laical del expresbítero David de Vargas, ordenado por el obispo de Castellón pero que ejercía en el obispado de Vic, primero en Manlleu y desde 2006 hasta 2011 como rector de Sant Vicenç de Castellet.

Durante estos años mantuvo un pulso con sectores, entidades y colectivos cristianos de esta comunidad de la diócesis de Vic. Un conflicto que siguió puntualmente el diario de la Cataluña central Regió 7, haciéndose eco del malestar de los feligreses y de conflictos económicos. Vargas demandó al diario y perdió el juicio ante dos instancias. "El problema existía y el tratamiento periodístico fue legítimo", concluyó este verano la Audiencia de Barcelona.

Pero después de su cese parroquial en 2011, la reducción al estado laical no ha sido causado por la prensa, sino, entre otros motivos, por un dossier elaborado con la ayuda de detectives privados y abogados especialistas en derecho canónico. El dossier incluía fotografías como mínimo equivocas, como las que hicieron dimitir en 2012 un obispo argentino.

Ante el conjunto de pruebas y de testigos que avalaban una conducta y una personalidad nada adecuada para el sacerdocio, la Santa Sede ha actuado. Los únicos apoyos que tuvo De Vargas desde el primer día provienen de la inquisición integrista digital (ahora sin tema y en horas bajas) y desde los sectores interesados ​​en la lectura política de los hechos eclesiales. Precisamente, desde el diario El Mundo, lo defendía este domingo el columnista Arcadi Espada, del que hasta ahora se desconocía su solicitud pastoral.

Pero más allá del hecho concreto, lo que ha pasado en Sant Vicenç de Castellet es muy significativo y un buen retrato de las consecuencias que ha tenido la manía de los últimos años para mostrar números brillantes en el seminario, a mayor gloria de la carrera eclesiástica del responsable episcopal . Y esto ha llevado a saltarse todos los filtros, teóricamente preceptivos, que aseguran que una personalidad poco adecuada no llegue al sacerdocio. En el caso de David de Vargas, fue ordenado por el entonces obispo de Castellón, Juan Antonio Reig, hoy obispo de Alcalá de Henares. Como fácilmente podía saber, y hay que remarcarlo especialmente, antes había sido expulsado del Seminario Conciliar de Barcelona y de otros centros formativos de Institutos religiosos catalanes y andaluces, entre ellos los salesianos.

La praxis de aceptar seminaristas rechazados por otros seminarios y sin preocuparse demasiado de investigar su pasado, se ha practicado demasiado a menudo. Y aunque es de sentido común, esto llevó a la Congregación para la Doctrina de la Fe a dictar unas normas el año 2011, a través de una Carta Circular precisa y concreta. El documento, firmado por el cardenal Levada, prefecto de la Congregación, tiene el significativo título de" Subsidio para las Conferencias Episcopales en la preparación de Líneas Guía para tratar los casos de abuso sexual de menores por panrt del clero ".

En su punto primero, apartado c, se dice textualmente: "Hay que dar una particular atención al necesario intercambio de información sobre los candidatos al sacerdocio o a la vida religiosa que se trasladan de un seminario a otro, de una Diócesis a otra, o de un Instituto religioso a una Diócesis". Más claro imposible.

La actitud del papa Benedicto XVI ante los abusos sexuales fue contundente. Y no sólo en lo que refiere al fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. Esta misma actitud decidida ha continuado con el nuevo pontificado del papa Francisco.

A finales de noviembre, el papa mantuvo un encuentro con la Unión de Superiores Generales, reunidos en asamblea. Lo que debía ser un saludo protocolario se convirtió en un largo encuentro del que recientemente ha trascendido un extenso resumen publicado en la Civiltà Cattolica. Francisco se refirió sin ningún tipo de ambigüedad a la misma cuestión y alertó sobre la "Trata de novicias que lleva a la búsqueda de novicios y novicias" en otros países. "Hay que estar alerta y tener los ojos bien abiertos".

Esta actitud vigilante y de alerta se debería tener presente en todo momento y en todas partes. Demasiado a menudo los éxitos aparentes a nivel estadístico en el número de seminaristas de un seminario concreto se han convertido en un fracaso estrepitoso. Los filtros y el intercambio de información deberían hacer posible que casos como el de Sant Vicenç de Castellet no se repitieran. No siempre ha sido así. Y no hacerlo, si que llevaría a una verdadera crisis de los seminarios catalanes.