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(ALDIZ-ALDI/ Ramon Ibeas) Este breve escrito pretende ser una invitación. Su objetivo, y espero conseguirlo, es animarles a acercarse al texto completo del apartado de documentos de interés de la Web de Barandiaran Kristau Alkartea en torno a las Pastorales que a lo largo de años, los Obispos Vascos han ido publicando para ayudarnos a transitar el largo camino de la violencia política que ha asolado Euskadi, y que, comienza a remitir. Las armas han callado, pero la violencia anida todavía en nuestros corazones.

No es de extrañar. Quien escribe estas letras, nunca ha conocido la paz en este país, y quienes forman la generación que le precede sufrieron una guerra y una postguerra de cuya memoria, algunos, no quieren saber nada. Violencia sobre violencia abierta o soterrada, pero omnipresente.

Toda sociedad tiene sus propios mecanismos y en ocasiones trata de simplificar las cosas, intenta apartar los recuerdos que le hacen sufrir, pero para algunos de sus miembros eso es imposible porque no han sufrido sólo como miembros de la sociedad, su sufrimiento es personal, es vital,… han sufrido en primera persona, han enterrado a los suyos.

Todo esto me movió a escribir este trabajo sobre las Pastorales de los Obispos Vascos en torno a la pacificación. Creo que es el momento adecuado porque nos pueden ayudar a encontrar vías para avanzar hacia la pacificación de nuestros corazones y de nuestras vidas. Lo hago tratando de descubrir en estos documentos la raíz eclesial, la presencia de los principios y de los valores de la Doctrina Social de la Iglesia porque estoy convencido de que más allá de toda crítica, esos son los ejes que han movido al episcopado vasco.

Para el análisis me centro en el último cuarto del siglo XX porque es el que sufre todas las consecuencias de un conflicto en sus diversas dimensiones, la de la violencia y el terrorismo, la política, la social, la cultural… las diversas fuentes de violencia y una transición política de una dictadura hacia una democracia. Todos estos elementos hacen que los documentos elaborados en esos años obligasen a los Obispos a analizar y ofrecer su trabajo pastoral al conjunto del problema y al conjunto de la sociedad, subrayando, como es lógico, la tarea que compete a los cristianos.

El momento en el que ofrezco este texto tampoco es casual, de hecho son tiempos en los que no hacemos más que hablar de la Memoria y somos incapaces de hacerlo con el necesario sosiego cuando no tratamos de imponer una determinada lectura de la historia; casualmente la que nos beneficia. Por ello, con este trabajo pretendo ayudar a situar hoy, ante la nueva realidad que nos toca vivir tanto a la Iglesia como a la sociedad, los textos del Episcopado convencido de que siguen aportando la luz necesaria para enfrentar los tiempos nuevos, a pesar de los intentos por corregirlos.

Ante quienes tienen la tentación de pensar que una vez acabada la actividad de ETA desaparece con ella un conflicto que nunca existió y que, por ello, podemos prescindir de unos textos que fueron escritos por una Iglesia a al que suponen cómplice de la violencia, invito a una lectura sosegada de los mismos. Unas Cartas Pastorales que, partiendo de un principio innegociable: la dignidad humana, se enfrentaron a la violencia y a quienes la ejercieron, fueran estos el Estado o quienes actuaban en nombre del Pueblo Vasco. Ofreciendo una doctrina que evolucionó con las circunstancias. En este sentido recuero la cuestión de la construcción de la paz… que en una segunda Carta Pastoral se vio completada por la necesidad de “hacerla en justicia”… y “entre todos”, como añadieron los Obispos en una tercera Carta.

Las Cartas Pastorales de los Obispos Vascos forman un corpus unido, en el que se pueden ver las distintas sensibilidades de quienes han sido prelados a lo largo de estos años. Y si me permiten una orientación de lectura, tengamos en cuenta el texto de la Encíclica Populorum progresio en su número 14, en el que dice que “para ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre”. Los Obispos Vascos han creído siempre que este principio, que en la encíclica se aplica al desarrollo, es perfectamente aplicable a la pacificación.

Concluyo invitando al lector a acercarse a unos textos que no son neutrales, porque no podemos ser neutrales ante la injusticia, y por ello tampoco son equidistantes ante el sufrimiento. Unos textos que nos pueden ayudar a construir nuestra propias opciones, no tanto en su dimensión política directamente, sino en sus convicciones éticas y evangélicas, desde las que buscar la necesaria responsabilidad personal y social. Son, las Cartas Pastorales de los Obispos Vascos en torno a la pacificación, y no han pretendido otra cosa, el resultado y el interés por el ejercicio de su misión pastoral.