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(CR) A raíz de la muerte del cardenal Carlo Maria Martini hemos hablado con un jesuita que lo trató personalmente en Roma y que lo acogió en una visita a Cataluña. Oriol Túñí, biblista, fue provincial de la Compañía de Jesús (1988-1995) y decano de la Facultat de Teologia de Catalunya. En este texto recogemos las impresiones que nos ha explicado sobre el perfil del cardenal Martini, de quien destaca su profundo conocimiento bíblico.

(Oriol Tuñí) Improvisando, del cardenal Carlo Maria Martini se pueden destacar tres puntos importantes. Primero, Martini fue un hombre notable desde el punto de vista académico y como estudioso. Su tesis sobre el Codex Vaticano y su relación con los grandes documentos antiguos y con los principales descubrimientos de textos bíblicos que se produjeron durante siglo XX, fue un trabajo de una gran categoría. Tanto que, en los años 60, ya fue incorporado a una comisión de especialistas mundiales que prepararon la edición del Nuevo Testamento griego, que se ha utilizado después para todas las traducciones posteriores.

Aunque luego ha imperado su papel de hombre de apertura, de hombre sensato y ecuánime, es importante remarcar su gran categoría académica porque perfiles como los del cardenal Martini no aparecen de la nada. Lo pude ver cuando coincidimos, durante tres cursos, en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma a finales de los años 60. Él era una persona con un cierto posado aristocrático, pero era muy cercano y muy directo. En las conversaciones informales también era una persona extraordinariamente interesante.

Como segundo elemento cabe destacar una extraordinaria accesibilidad a los textos del Nuevo Testamento. Tenía un sentido muy profundo sobre texto del Nuevo Testamento. Y eso lo hacía muy sugerente. A través de las palabras, los giros del lenguaje, de la semántica, acertaba cuál era el relieve de los textos. Fueron especialmente un acierto los ejercicios espirituales que había preparado dirigidos a colectivos concretos a partir de los textos bíblicos.

Debe tenerse presente que el punto de referencia del cristianismo es el mundo bíblico, algo de lo que ahora se está dando cuenta la Iglesia. Y Martini era una persona notablemente familiarizada con la biblia que le permitía acceder con una gran madurez. Esto no es nada fácil de lograr. Hay gente muy técnica, muy buena, pero que no tiene ese acceso. Esto le proporcionó una capacidad pastoral en el sentido más amplio de la palabra. Tenía atractivo porque su conocimiento y accesibilidad a la biblia le daba madurez y serenidad.

Finalmente, y también se desprende de su excelencia en el mundo bíblico, fue un gran pastor. Ya se sabe que Milán es una de las diócesis más grandes y complejas. Él hizo una gran tarea, por ejemplo, en la dedicación a los sacerdotes. Una muestra fue su estancia en la Cueva de Manresa, a principios de los años 90, con una peregrinación de 150 sacerdotes de su diócesis. Un número muy significativo. Igualmente sucedía con la apertura al mundo de la frontera, de la fe-incredulidad, del conocimiento-ignorancia. Eso es parte del equipamiento bíblico que él llevaba consigo.

Sus libros de ejercicios, que hizo muchos, muestran muy bien su espiritualidad. La de un hombre que era crítico, muy inteligente y que era, al mismo tiempo, un creyente sencillo. Y eso no es fácil.