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Domingo XIV del tiempo ordinario. Ciclo A
Barcelona, ​​6 de julio de 2014

Este texto impresionante es una revelación de la intimidad de Jesús.
Una revelación en la que pone de manifiesto sus sentimientos más íntimos.
Estos sentimientos se refieren a dos realidades:
– primera: su relación íntima y única conel Padre.
– segunda: sus preferencias sociales.

Su relación con el Padre del Cielo es tan profunda que Jesús habla de una relación exclusiva en tanto que su conocimiento mutuo es exclusiva de ellos.
Pero lo que más llama la atención es que esta relación con lo trascendente de Dios, llevaba a Jesús a tomar posición clara en este mundo.

Esta posición de Jesús consistía en su preferencia por la gente sencilla.
Lo que le llevaba inevitablemente a anteponer los sencillos por delante y por encima de los sabios y entendidos.
¿Qué quiere decir esto?
Quiere decir que lo que se relaciona en serio y a fondo con Dios no puede estar con todo el mundo.

Es decir: el que toma en serio a Dios, es el que toma en serio los más humildes y desamparados de la sociedad.
Pretender estar en íntima relación con Dios y al mismo tiempo pretender mantener una posición de privilegiado social, estas dos cosas son sencillamente imposibles. Del todo imposibles.

De ahí, que la llamada de Jesús se dirige de lleno a los que van por la vida agobiados y cansados.
Agobiados por un yugo que los oprime. Este yugo es, de hecho, todo lo que les hace sufrir, sea lo que sea y venga de donde venga.
En la Biblia se hace referencia al yugo de los poderosos y políticos opresores: Egipto, Siria, Babilonia y Roma.
Pero en tiempos de Jesús, cuando se mencionava el yugo, se trataba sobre todo del yugo que era la Ley religiosa, que se había convertido en una carga insoportable.

Por lo tanto, Jesús no quiere, no tolera una ley religiosa que resulte una carga dura para la pobre gente.
La religión de Jesús es suave, ligera, agradable de llevar.
¿Por qué?
Porque es humanidad y felicidad para todos.

¿Es así como vivimos nosotros?