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La última cosa que esperaba ver miércoles antes de ir a la cama era a dos cristianos que la mayoría hemos conocido en charlas de parroquias o de grupos de Acción Católica anunciando través de la televisión un movimiento político y social para cambiar el sistema. Sobre todo porque no eran dos que hacen una propuesta política y que además son cristianos, sino que hacen una propuesta política que ven consecuente con su compromiso cristiano y que -sin hacer de ello una bandera- no ocultan esta condición. No es casual que en la entrevista en el Singulars la misma Forcades hiciera una referencia al Evangelio para argumentar una de las respuestas.

Dejo a politólogos, sociólogos y tertulianos varios la valoración sobre el éxito del proceso y de la viabilidad o oportunidad de sus propuesta. Pero hay un punto de partida que fácilmente se puede compartir. La cosa va mal y algo habrá que hacer. Y Teresa Forcades y Arcadi Oliveres han decidido que una de las cosas que se podía hacer era impulsar este movimiento para articular en una propuesta política el descontento social y, sobre todo, para responder a la exclusión que deja fuera de un sistema inviable y sin futuro a demasiadas personas.

Estamos en un momente en el que también hay que articular el rechazo al sistema. Fácilmente podemos vernos abocados a que una mayoría sin nada que perder encuentre las respuestas fáciles en los movimientos populistas. O en el totalitarismo. Por ejemplo, temo que se establezca como costumbre que gente sin más legitimidad que la que se ha otorgado a sí misma decida organizarme un escrache delante de mi casa sy lo creen adecuado para conseguir las finalidad que persiguen.

Desde dentro de la Iglesia, no creo que tarden en llegar las críticas al compromiso político de Forcades y Oliveres. Sobre todo por el hecho de que una monja contemplativa se ponga a hacer algo más que organizar recogidas de alimentos o talleres de integración laboral para parados. Pero curiosamente los primeros en criticarlo serán los que más han utilizado la Iglesia para hacer política. Con una agenda totalmente diferente, pero también política.

Por ello, creo que es bueno que se visualice que también hay cristianos en los grupos más críticos con el sistema. Implicados hasta el punto de liderarlos. Que no sólo hay católicos que alíaienen con los partidos conservadores y neoliberales excusándose en una agenda moral. Sino que también hay que desde el mismo convencimiento impulsan la reforma radical del sistema. Dos cristianos republicanos que ven que ésta también es la manera de construir el Reino de Dios.

No es necesario comulgar necesariamente con la propuesta. Incluso se puede creer que es inoportuna, ilusa o equivocada. Los hechos dirán. Pero que los cristianos -no la Iglesia- tomen un compromiso político coherente con sus creencias, siempre será una buena noticia. Este jueves hace 50 años que lo escribió Juan XXIII en la Pacem in Terris.