Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

Roma parece estos días el centro del mundo. Más allá de la renuncia del Papa y del próximo cónclave, este fin de semana han tenido lugar las elecciones generales italianas. Lunes por la noche llegaban los primeros datos y ayer martes se confirmaban las tendencias más preocupantes: el centroizquierda de Bersani, al frente del Partido Demócrata-heredero del antiguo PCI idOtros pequeños grupos socialistas y de centro-, ha ganado las elecciones, pero ha quedado muy lejos de la mayoría necesaria. Muy cerca, el partido de Berlusconi-aliado con la Liga Norte y con el recuerdo del "bunga bunga" - ha quedado a pocos miles de votos. Los dos partidos, que querían juntar la derecha y la izquierda y que se habían hecho una ley electoral a la medida para favorecer, precisamente,la alianza de amplias agrupaciones de partidos, no han llegado al 65% de los votos. En tercer lugar, el cómic Bepe Grillo, con su Movimiento 5 Estrellas-un partido inclasificable que agrupa el extendido malestar de los italianos ante la casta política-, ha conseguido más del 25% de los votos. Mario Monti, político tecnócrata y sensato, defensor del directorio europeoy centrista, no ha llegado al 10% de los votos.
 
El imbroglio está servido. Ya se habla de un nuevo gobierno técnico y elecciones en octubre. Creo que nos encontramos ante el final de la llamada II República italiana. Tras la II Guerra Mundial y la caída del fascismo, Italia convocó un referéndum para decidir si mantenía la monarquía o optaba per la república. Ganaron los defensores del modelo republicano y en 1948 se aprobaba la constitución. Durante casi cuarenta años, Italia fue gobernada por la Democracia Cristiana, con el poderoso Partido Comunista en la oposición. En los inicios de los años 90, y tras la caída del muro de Berlín, una multitud de casos de corrupción-conocidos por la </ I> Tangente-propiciaron la caída de los principales partidos y la irrupción de Berlusconi con Fuerza Italia, como la alternativa populista al fracaso de los partidos tradicionales. La irrupción de Berlusconi se conoce como la II República, aunque el grueso constitucional era el mismo. Han pasado casi veinte años de la irrupción de Berlusconi, de la transformación del PCI y deotros partidos en el Partido Democrático, de la agrupación de los partidos políticos pequeños en torno a las dos formaciones, y nuevamente Italia se encuentra en un callejón sin salida.
 
Italia está ante una situación probablemente extrema. Dividida entre un norte rico, emprendedor y dinámico y un sur subsidiado, sometido en muchos aspectos a las MAFies y la corrupción, parece que ha dicho basta a su casta política con un veinte y cinco por ciento de votos a favor de Grillo y su movimiento de rechazo al sistema. Por otro lado, la situación económica y las cuentas públicas parecen deteriorarse cada día más, con una deuda pública muy superior al español.
 

Qué camino;? Hacia la III República? Reforma política hacia el modelo presidencial americano, donde el jefe del estado es a la vez el jefe de la administración elegido directamente por el pueblo, a una o dos vueltas? Con un Parlamento mucho más pequeño y austero? No lo sé, pero todo indica que el italianos quieren un cambio a fondo del modelo de gobernanza y de sus élites políticas. Nada menos de lo que sentimos también en Cataluña y en España.