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Hay un dicho eclesiástico que explica que los primeros en hablar del relevo de un obispo cuando llega a la edad de jubilación, son los que tienen más ganas de que lo deje. Y hay otro que dice que si no quieres que hagan obispo a alguien, lo mejor es hacer circular públicamente su nombre, para quemarlo. Con estas dos máximas eclesiales de fondo este domingo el arzobispo de Barcelona Lluís Martínez Sistach llega a los 75 años y presenta su renuncia, lo que quiere decir que previsiblemente en uno o dos años tendrá un sucesor.

Y, ¿quién vendrá a Barcelona? Pues esto no lo sabe nadie, al igual que en 2001, cuando el cardenal Carles cumplió los 75 años, nadie sabía que sería Sistach, que se dividiría la diócesis, o que un tal Jaume Pujol sería arzobispo de Tarragona. Ahora, sólo se puede hacer un mapa de posibilidades, que podrían ser estas:

La previsible

Siguiendo los canones y costumbres no escritas, lo más normal sería que un obispo de otra sede de Cataluña viniera a Barcelona. Como ha pasado en los últimos 40 años. Pasando lista, hay que fijarse en las edades porque es poco probable enviar a Barcelona un obispo que se estará menos de 5 años o mucho más joven de 60.

Así, nos quedaría que los mejor situados son Vives (1949) y Salinas (1948), que les quedan un poco más de diez años de episcopado, y si ponemos a los auxiliares está Taltavull (1948) y Cristau (1950). Cerca de esta edad también Cortés (1947), Pardo (1946), y un poco más alejado el arzobispo Pujol (1944), que llegaría un poco justo a seis o siete años de su jubilación. Por la banda alta, está Casanova (1956) y Sáiz (1956) que tienen casi veinte años de episcopado por delante. Finalmente, Novell (1969) sería un salto espectacular teniendo en cuenta que tiene más de 30 años para correr. Y Piris (1939) se jubila dentro de dos años.

El especulativa / Interesada

A parte de un fría valoración cronológica, está la cualitativa, que hace subir o bajar de la lista según los gustos. Por ejemplo, el hecho de que dos sean valencianos (Salinas y Cortés), que sean o hayan pasado por la misma diócesis de Barcelona (Vives, Pardo, Sáiz, Cristau y Taltavull), que sean aplaudidos por los sectores más integristas (Casanova, Sáiz - y los obispos "hechos" en Terrassa Pardo y Cristau-), o que se les encuadre -siempre dentro de un orden episcopal- entre los más abiertos (Vives y Taltavull), que tengan suficiente trayectoria y rango episcopal (Vives i Pujol), o que sean más o menos buenas personas (...)

Argumentos a favor y en contra para todos los gustos. Con una segunda variable: cuáles son sus padrinos.

Tenemos también la excepción de Urgell, que pediría encontrar un nuevo jefe de estado de Andorra para sustituir a Vives. Pero si se quiere hacer, se hace el mismo día.

El paracaidista

Fuera de la lista previsible, nunca se debe descartar una salida por la tangente. Tanto una salida tipo abad de reconocido prestigio, o personaje de la curia romana con vínculos con Cataluña que se quiere "promocionar". Como ocurrió con Torrella en 1983.

La bofetada

Pero la salida paracaidista también tiene otra declinación, la de bofetada. Querría decir que ha calado en Roma la idea de que la Iglesia catalana es un desastre y que hay que meter a alguien con la mitra bien puesta para que ponga orden y arrase con cualquier resto de catalanismo conciliar. Era una opción más probable hace diez años (Derribos Ureña), pero nunca hay que descartar nada. Sobre todo hay que tener en cuenta que los cardenales españoles que estan en la Congregación para los Obispos son Rouco, Cañizares y Santos Abril, y que el nuncio vive en Madrid donde se lee el ABC y La Razón.

La torna

No es un detalle menor que la sucesión de Sistach en Barcelona coincide con la Rouco en Madrid. Por lo tanto, la operación simultánea en el tiempo puede acabar llevando un arzobispo en una sede, como contrapeso al arzobispo que pongan en la otra. El problema es si en Barcelona toca el "poli bueno" o el "malo". O también, que no quieran problemas ni bicéfalas, y que una vez decidido Madrid, en Barcelona pongan un acólito que no le haga sombra. Y, siendo optimistas, que en Roma quieran dar un giro centrista a la Iglesia española y nos sorprendan con dos obispos claramente renovadores. En cualquiera de estos casos, cualquier arzobispo español sería también candidato.

El pacto sucesorio

No sería el primer caso. Teniendo en cuenta que Sistach tiene sus sintonías romanas bien moduladas, que prefiera pactar una retirada rápida pero marcando quién será su sucesor en forma de obispo coadjutor. Pero aquí hay dos preguntas irresolubles. Saber si realmente es posible y saber si es lo que Sistach quiere. En este sentido los obispos hábiles, cuando quieren algo, hacen correr lo contrario.

También hay que diferenciar entre un pacto y la rendición de Breda, aunque luego se presente como pacto.

El rompe y rasga

La última variable podría ser una segunda parte de la sucesión del 2004. Un movimiento general de obispos en Cataluña que incluyera una tercera remodelación del mapa territorial después de Lleida y Barcelona. Rehacer el mapa de la Iglesia en la Cataluña central juntando o redibujando diócesis supuestamente demasiado alargadas como Lledia o Vic, o demasiado pequeñas como Solsona y Urgell, aprovechando un movimiento de mitras que también afectara a estas diócesis.

Por ahora, nadie parece estar por el tema, pero tampoco parecía muy inminente la segregación de Lleida en 1995 aunque hacía años que se comentaba como posibilidad. De hecho, "sólo" sería la tercera vez en veinte años que se cambia el mapa diocesano de Cataluña tirando líneas con una escuadra y un cartabón desde la nunciatura como si esto fuera el Sáhara.

Pues estas serían algunas posibilidad sobre qué criterios acaban resolviendo la sucesión de Barcelona. Posibilidades que tambien se pueden mezclar en ellas. Y como en la vida nunca se puede decir que ya se ha visto todo, vete a saber. Sobre todo con un tema del que se suele hablar más a partir de los deseos que de los datos contrastados. Termine como termine, lo que os puedo asegurar es no hay obispos que cien años duren.