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Este escrito es para recomendaros una entrevista y un libro que, antes de ser publicado, hace muy buena pinta. El personaje entrevistado y el autor del libro, galardonado recientemente con el premio Joan Maragall, es Josep Otón, un activo doctor en historia y profesor de filosofía que, para que me entendáis, cuenta con un grupo de fans en Facebook . Es experto en Simone Weil y, en estas dos recomendaciones que hago, explora la idea del reencantamiento religioso moderno, y sus caacterísticas, fruto del agotamiento del modelo moderno del desencanto como fue formulado por Max Weber. Y, también, ante la sorpresa de muchos que daban por 'liquidada' la religión como una losa, una rémora, una represión arcaica que las luces y el progreso redimiría matándola. He hablado en este blog en otras ocasiones.
 

 

El libro galardonado y la entrevista sale publicada hoy en El Punt Avui . Decía que vale la pena destacar sus características -postmodernas, les llama- (y que, para mí, son tan aplicables al hecho religioso, como político, o social o el amoroso ...), dado que la religión no vuelve exactamente como la conocíamos (o quizás como esperábamos) : "en este retorno a lo sagrado del individuo rompe con los referentes culturales de la propia tradición religiosa y asume el protagonismo en la configuración de las creencias. En estat proceso, la globalización le aporta los contenidos religiosos a partir de los cuales confecciona su credo particular ", dice Otón. Las características del tiempo que vivimos (los 'líquidos' de Bauman, la individualización, la desconfianza hacia el compromiso colectivo y toda 'mediación' que no sea 'mediática',el adanismo ....) trasladadas también a la emergencia de una dimensión de las personas que, queriendo a él, liberar, el exceso de racionalismo había reprimido a la vez.
 
 
El punto de partida, por otra parte, no es exactamente el de la tradición, que por otra parte, vive una evidente crisis de transmisión debido a la descofianza (Duch dixit) de sus transmisiones. "Es una religión basada en la experiencia personal y, por tanto, deberíamos hablar, de espiritualidad. Esta experiencia personal -que en la posmodernidad por un lado se aleja de los orígenes, de las raíces y, por otro se acerca, porque no decirlo, el ocio y el entretenimiento- puede ser una especie de neomística, en formas de meditación, por ejemplo. O estar más difusa en la cultura, aquí descansaría el interés por los libros sobre gnósticos, templarios, cátaros o de autoayuda. Una tercera opción son los fundamentalismos ", advierte el entrevistado.
 

"El futuro de este fenómeno, sin embargo, es incierto. Otón apunta, entre otros, una posibilidad interesante para leer desde las experiencias religiosas más tradicionales (que permanecen y que son-a pesar de todo-bastante seguidas), apunte que parece una plegaria: "que esta reivindicación de la experiencia posmoderna actúe de catalizadora y entre en diálogo con las religionesnes que ya existen y puedan ser un revulsivo de tal manera que las religiones tradicionales acaben recuperando la propia dimensión espiritual ".

 
Atención, pues. No sólo por el fenómeno que surge y que puede influir en el mundo de la religión ... sino también al resto de la cultura y de nuestra vida. Y, en mi opinión, no siempre positivamente. Por eso apuesto porque la tradición sirva, al menos, para introducir un poco de criterio ante un pensamiento neopanteista en que cualquier cosa puede ser sagrada, como cuando en La vida de Brian sus discípulos haciendo con todo lo que encuentran (una sandalia , una calabaza, etc ...).

Una anécdota. He sido concejal en mi ayuntamiento. Meses antes de saber que tendría que enfrentarme a un espinoso tema -yo entonces aún no era concejal de Urbanismo-, cuando se empezaba a articular una oposición al entonces demolición (después traslado) de una nave del siglo XIX , algunos de los motivos de esta oposición mehacer pensar con el fenómeno del reencantamiento y lo escribí aquí . Si con Weber y los modernos aprendimos a no sacralizar los muros de la religión, o desconfiar de ellos al menos, como Jesús cuando relativizaba el templo, diciendo que él tenía algo más grande aún (Mt 12, 6) y profetizando su su destrucción (Lc 21,6), a ver si ahora sacralizar cualquier piedra, lagarto o marca.