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(M. Victoria Molins / CR) En primer lugar quiero expresar mi admiración por la entrevista del papa Francisco. Incluso entusiasmo porque creo que es la primera vez en mucho tiempo que oigo palabras del Vaticano, expresadas por el mismo Papa, que pueden ser entendidas por todos y desde una postura que no da la sensación de hablar siempre con infalibilidad. Y es tal su talante que suenan muy verdaderas las palabras con las que se define: "Soy un pecador en quien el Señor ha puesto los ojos".

Tres elementos, entre otros, quisiera subrayar. Primero, que desconfía de los que están demasiado seguros: "Si una persona dice que ha encontrado Dios con certeza total y sin ningún margen de incertidumbre, algo no va bien". Esto supone que, con una mentalidad jesuítica, valora mucho el discernimiento y el "pensamiento incompleto y abierto". Lo que supone diálogo, confrontación y tiempo necesario para las reformas que sean necesarias. No tanto "dictadas" como consultadas y discernidas. E incluso llega a decir con humildad que en su gobierno como jesuita no siempre lo hizo bien.

Es quizás en este punto en el que más se ve su formación y espíritu jesuítico. Aquí me ha llamado la atención sus palabras sobre los dicasterios, y su convicción de que son las conferencias episcopales locales las que deberían tratar determinados casos ... ¡La deseada colegialidad del Concilio Vaticano II! E incluso especifica: "Deberíamos caminar juntos la gente, los obispos y el Papa (¡y lo dice en este orden!). Quizá se debería cambiar la metodología del Sínodo, porque la de ahora me parece estática. Esto podría tener un valor ecuménico, incluso con nuestros hermanos ortodoxos. De ellos podemos aprender el sentido de colegialidad... "

Segundo, oimos de su boca palabras y afirmaciones que hace tiempo están en boca de la gente de base: "No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos (...) Si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto". Para Francisco, más que censurar y prohibir, hay que estar al lado del que lo necesita, teniendo siempre en cuenta las personas más que las situaciones de "irregularidad": "Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañar con misericordia".

Y, tercero, al menos se plantea -creo que sinceramente en vista de alguna de las decisiones que ya ha tomado- que hay que afrontar el reto del lugar específico de la mujer en la Iglesia, y me ha gustado mucho, como mujer que soy, su afirmación: "no podemos confundir la dignidad con la función. Hay que trabajar más hasta elaborar una teología profunda de la mujer y luego podremos estudiar su función, incluso en estos ámbitos de la Iglesia en los que se ejercita la autoridad. "

Y para terminar, me atrevo a decir que no se puede dejar de leer el texto completo y meditar el momento en el que se explaya comentando la famosa frase ignaciana de los Ejercicios Espirituales: "Buscar y encontrar a Dios en todas las cosas". Es una lección magistral de espiritualidad. Nos anima diciendo que no se trata de un eureka empírico, de una seguridad, sino de un estar atentos a la historia, los signos de los tiempos, a pesar de que a menudo nos lleve a la incertidumbre, para que continuamos buscando ...

¡Un Papa que bendice nuestras inseguridades, nuestras investigaciones, nuestros riesgos...!

""M. Victoria Molins es teresiana