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Leemos en el evangelio de este domingo unos versículos del capítulo 13 del evangelio de Juan (Jn 13,31-35) que se sitúan después del descubrimiento de Judas como traidor y antes del anuncio de la negación de Pedro. La liturgia omite un fragmento del versículo 33.

La lectura comienza mencionando Judas. "Cuando Judas salió fuera". El evangelio de Juan cita Judas 9 veces; dos anunciando la traición (6,71; 12,4), tres más las podríamos considerar como las del descubrimiento de la traición (13,2.26.29) y cuatro más indicarían la realización de tal traición (13,31; 18, 2.3 .5), dentro de este último grupo hay que situar la noticia que de Judas da la lectura que nos ocupa.

El detalle no está de más. La marcha de Judas significa que ha comenzado a ponerse en movimiento la dinámica del mal simbolizada por este personaje. Esta dinámica maligna se contrapone a la dinámica de la glorificación. La glorificación es actuación de Dios en el momento decisivo (la hora en lenguaje del evangelio de Juan) de la muerte de Jesús. Dos movimientos de signo contrapuesto se ponen en marcha: la traición, obra satánica del poder del mal contrapuesta al proyecto de Jesús y la glorificación, actuación sublime de Dios en orden a confirmar la persona de Jesús, su hacer y su mensaje. La glorificación como contrapeso a la dinámica del mal no puede ser realidad hasta que esta dinámica del mal no se ha puesto en movimiento: la marcha de Judas del cenáculo, por eso Jesús dice: "ahora", es decir, a partir de este momento comienza la glorificación.

Fijémonos en el juego de entradas y salidas. El versículo 27 dice que Satanás entra dentro Judas y esta entrada de Satanás se contrapone a la salida de Judas, en cierto sentido la provoca. El traidor se separa del grupo de discípulos. Es de noche. Judas sale hacia la noche, hacia la oscuridad. Satanás se identifica con la oscuridad. Se cumple lo anunciado en el prologo: "La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no han podido apagarla" (Jn 1,5). La traición no puede soportar la luz del grupo de Jesús. La marcha de Judas posibilitará el discurso de despedida. El grupo se ha purificado por la ausencia del traidor "Vosotros estáis limpios, pero no todos" acaba de decir Jesús (13,10). El camino queda desbrozado para que Jesús pueda decir claramente: "Ya no os llamo siervos ... a vosotros os llamo amigos" (15,15).

Al mismo tiempo que se produce el descubrimiento de la traición de Judas, aparece en el evangelio de Juan la figura del discípulo amado. Son dos personajes contrapuestos. El redactor del evangelio ha querido que el líder de la comunidad que ha originado los escritos joánicos aparezca junto a Jesús en el momento de su muerte y resurrección. El discípulo amado es ejemplo del discípulo perfecto. Todo lo contrario Judas expresa al máximo nivel la infidelidad del discípulo y el rechazo a Jesús. Los judíos antagonistas de Jesús que aparecen a lo largo del evangelio quedan resumidos en la figura de Judas, inspirada en Judá que entrega el justo José a unos extranjeros (Gn 37,26).

En la traición se contrapone el mandamiento del amor. Es curioso como este mandamiento de amor se sitúa en medio de la traición de Judas y el anuncio de las negaciones de Pedro. El tema del amor dentro de la comunidad se ampliará en el discurso de despedida (Jn 15,9-15). El amor debe ser el distintivo de la comunidad que no será la adhesión a ningún dogma, ni la práctica de ningún rito ni el cumplimiento de la Torá, como corresponde a un buen judío. Tiene que ser un amor como el de Jesús que comparte el pan con un traidor y ama como lo hace con el discípulo amado; un amor tan grande que es capaz de dar la vida.

Domingo 5 de Pascua. 19 de Mayo de 2019