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La escritora y filóloga Laia de Ahumada, el sábado pasado, junto con la monja teresiana Viqui Molins, intervino en unas Jornadas anuales de Cristianos/as por el Socialismo en las que fueron invitadas. "En nuestras ponencias les habían puesto títulos similares, pero mi hacía énfasis en el tema espiritual y la de la Viqui, en el de la praxis", explica Ahumada, que también es coordinadora del Centre Obert Heura para personas sin hogar, en su blog.

"Antes de empezar comentábamos este hecho: Viqui, que es religiosa, no hablaba de espiritualidad, y yo no que no lo soy, sí hablaba de ello. A ella le encantaba su título ("vivencia de la fe como praxis transformadora de una sociedad injusta"); ya mí no mucho ("vivencia de la fe como experiencia de Dios en una sociedad injusta") y por elloo empecé la ponencia deconstruyendo junto con un juego de palabras", avisa.

Os dejamos la entrada inicial que se podrá completar accediendo al texto entero, en el enlace de abajo.

"Cuando el título de la charla me viene ya (im-)puesto, es decir cuando mis anfitriones  me libran de la dificultad de poner un nombre a mis reflexiones, tengo la mala costumbre de analizar una a una sus palabras; me gusta hacerlo, no se lo tomen como un reproche,  sino más bien como una deformación profesional. 

Cinco palabras: vivencia, fe, experiencia, Dios y sociedad injusta.
 
«Vivencia» y «experiencia»  parecen sinónimas y se definen utilizándose una a otra, pero hay algo que me lleva a preferir la experiencia sobre la vivencia. El matiz de carácter afectivo que conlleva la vivencia: una especie de identificación íntima entre objeto y sujeto, me recuerda demasiados años de chantaje emocional desde los púlpitos. Me quedo, pues, con la experiencia: que me lleva al conocimiento de la realidad, viviendo.  
 
La «fe», en este título, va ligada a la palabra «Dios»; dos palabras tan devaluadas como la misma religión. Una amiga me preguntaba el otro día: «Oye ¿tu vas hablar de la fe? Porque si es así no vengo.» ¡Y no ha venido!.
 
Panikkar siempre nos animaba a recuperar el sentido de las palabras, pero dudo que algunas palabras lo puedan ya recuperar;  pero esto no nos tiene que preocupar según J. Melloni: «Hay que dejar paso al Dios que adviene,  conservando lo esencial de lo anterior, pero sin que ello impida abrirse a lo que irrumpe.» (Hacia un tiempo de síntesis, Fragmenta editorial, p. 181)
 
Yo no me siento identificada con una definición de la Fe como adhesión personal «a lo que sea», pero en cambio sí que me gusta definirla como un convencimiento íntimo, que no se basa ni en la razón ni en la experiencia.
 
Y por último nos queda la «sociedad injusta», que nos sugiere la necesidad de un compromiso.
 
Hasta aquí lo que he hecho ha sido un juego de palabras para concluir con tres que resumen las anteriores y que para mí explican lo esencial:  la certeza, la vida y la compasión."
 

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