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Hace ocho años, en marzo de 2005, las escuelas cristianas de Cataluña concluyeron los trabajos de su sexto Congreso, con este lema: Por un acuerdo sobre la escuela. La reflexión, el intercambio y el debate sobre la urgencia de un amplio acuerdo que diese estabilidad y garantizara calidad a nuestro sistema educativo se habían desarrollado a lo largo de seis meses. Hoy, ocho años después, recomiendo la lectura del documento conclusivo de aquel 6º Congreso de la Escuela Cristiana de Catalunya.

En la parte introductoria de este documento leemos: “No descubrimos ningún secreto al afirmar que el conjunto de nuestra sociedad vive con profunda inquietud lo que sucede en el ámbito escolar: mientras la educación constituye un centro de interés preferente para los partidos políticos y los gobiernos, los equipos directivos de las escuelas, los maestros y profesores, y las familias que tienen hijos en edad escolar, están desorientados, sin saber cuál será el marco legal que establecerá las nuevas reglas de juego del sistema educativo para los próximos años”.

Quienes hemos seguido de cerca los debates relativos al Proyecto de una nueva Ley orgánica que, según el nombre, se propondrá mejorar la calidad educativa en el conjunto de España, tenemos sobrados motivos para estar avergonzados. Por una única razón: la educación ha vuelto a ser un simple instrumento de lucha en manos de los partidos políticos de nuestro país. Mientras tanto, una vez más, las estadísticas nos dicen que la nave de nuestro sistema educativo hace agua por todos lados. ¿Hacia dónde vamos?

¿No se dan cuenta, nuestros políticos, de que están jugando con el futuro de los niños, adolescentes y jóvenes, al no ser capaces de fijar la mirada en la calidad de la educación, liberándola de sus intereses de partido? ¿No se dan cuenta de que, todavía hoy, “estamos desorientados, sin saber cuál será el marco legal que establecerá las nuevas reglas de juego del sistema educativo para los próximos años?”. ¿No se dan cuenta de que, con el sistema educativo que tenemos, no vamos a ninguna parte?