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Esta centralidad del bautismo en lo que se refiera a la inauguración de la 'vida nueva' no nos autoriza a separar de forma anacrónica 'la eficacia sacramental' de la conversión. En el texto de Basilio queda claro que el sacramento no es completo sin la conversión del corazón:
 
Consecuentemente, con tres inmersiones y otras tantas invocaciones se realiza el gran misterio del bautismo, para que se represente la figura de la muerte y, por la tradición del conocimiento de Dios, se iluminen las almas de los que se bautizan. De modo que, si hay alguna gracia en el agua, no proviene de la naturaleza de ésta, sino de la presencia del Espíritu. Pues el bautismo "no es eliminación de impureza corporal, sino compromiso con Dios de una buena conciencia (1 P 3,21) (15:35).
 
La persona bautizada debe pasar a concebirse a sí misma únicamente en función de la dinámica de amor de Dios. Resulta del máximo interés para el tema de la analogía entre el 'ser persona' de Dios y el nuestro, el hecho de que Basilio hable abiertamente de la "nueva naturaleza" del bautizado y que la identifique (como anticipada por la gracia) con la misma naturaleza que en la resurrección nos permitirá participar de la vida trinitaria:
 
Para prepararnos a la vida de la resurrección, el Señor nos propone todo el comportamiento evangélico prescribiendo que seamos dulces, tolerantes, puros del amor del placer, desinteresados ​​de las riquezas, de manera que lo que la vida futura tiene por naturaleza, lo mismo, adelantándonos deliberadamente, lo mantengamos en modo oportuno. Y si alguien, en consecuencia, dijera por definición que el evangelio es como una prefiguración de la vida que surge de la resurrección, no me parecería que se equivocaba (15:35).

 
'La vida que surge de la resurrección' es la 'vida espiritual' (1 Co 15, 44), y como tal es inaprensible en fórmulas, conceptos o palabras; se sitúa necesariamente más allá de nuestra capacidad discursiva, pero nos es (anticipadamente) experimentable:
 
Como el mar es figura del bautismo para arrancaba [al pueblo] del faraón, así también el baño bautismal nos separa de la tiranía del diablo. Aquella mar en sí misma mató el enemigo, aquí y ahora cancela nuestra enemistad con Dios. De aquella, el pueblo salió indemne, y del agua nos levantamos como vivientes entre los muertos, salvados por la gracia del que nos ha llamado (14:31).
 
Saberse 'salvado por la gracia', saberse amada por Dios de manera total y gratuita (hasta dar la vida) es encontrar la verdad sobre su propio ser; comportarse de acuerdo con esta verdad, amar (en la medida de las propias fuerzas) como se es amado (hasta dar la vida) es 'ser persona', es 'ser como Dios'.
 
(Extraído de Ser persona, hoy: estudio del concepto de 'persona' en la teología trinitaria clásica y de su relación con la noción moderna de libertad. Teresa Forcades i Vila. Publicaciones de la Abadía de Montserrat).