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Este martes por la noche se hizo en el Palau de la Generalitat la entrega del primer Memorial Cassià Just . El estado de salud de Carlo María Martini, afectado por la enfermedad de Parkinson, no le permitió recoger el premio personalmente. Martini, preparó un texto de agradecimiento donde se presenta como un hombre que ha querido hacer de "puente entre la comunidad eclesial y la sociedad laica"y que afirma: "el tener la responsabilidad de la diócesis de Milán me hizo tomar conciencia de que ser obispo no me exime de ser ciudadano, sino todo lo contrario ". En el texto que reproducimos a continuación, Martini también explica que "cuando se tiene poder es fácil dejar de escuchar. Uno acaba creyendo que percibe todo lo que sucede en su entorno ".

El acto estuvo presidido por el vicepresidente del Gobierno, Josep Lluís Carod-Rovira, e intervinieron el ex presidente del Parlamento de Cataluña, Joan Rigol, para glosar la figura de Cassià Just, y la pastora protestante y teóloga Nathalie Reverdin que reconoció "como calvinista y pastora protestante" la trayectoria del galardonado.

Este es el texto del Cardenal Martini que leyó en su nombre el provincial de los jesuitas de Cataluña Lluís Magriñà:

"No puedo más que empezar expresando mi gratitud por un reconocimiento que no merezco.

Cada uno es hijo de sus circunstancias. Desde mis propias circunstancias, sólo he tratado de responder lo mejor que he podido, devolviendo a la comunidad humana lo que de ella misma había recibido.

Procuro eludir este tipo de reconocimientos porque deberían darse también a todo ser humano que trata de responder lo mejor que puede a su generación. Además no quisiera que me dijeran en El Juicio final: "ya recibiste tu reconocimiento" (cf. Mt 6,2).

Las circunstancias de la vida han hecho que me encontrara en un lugar de puente entre la comunidad eclesial y la sociedad laica. Quizás de una manera parecida a la que el Abad Cassià Just le tocó vivir. Me complace hermanarme con él mediante este memorial. Esta ha sido mi función en los últimos casi treinta años.

El tener la responsabilidad de la diócesis de Milán me hizo tomar conciencia de que ser obispo no me exime de ser ciudadano, sino todo lo contrario: mi forma de ser ciudadano debía ser como obispo. Pero no para defender los intereses de mi comunidad privada, sino para velar por los intereses de todos, a partir de la plataforma que tenía a mi alcance. Esto es precisamente lo que significa Epíscopo: "el que mira con perspectiva para que se alcance la meta", la meta de todos.

A lo largo de todos estos años he aprendido a dialogar. El entendimiento entre los humanos pasa siempre por saber escuchar al otro. Siempre hay algo que aprender en la postura del que creemos nuestro adversario. He dialogado con los más diversos interlocutores creyendo en el don que compartimos todos como humanos: la capacidad de razonar y expresar nuestras creencias o convicciones. Esto nos iguala a todos y por eso debemos velar cada día para que cada ser humano sea reconocido en su dignidad ineludible e irrepetible, y así, ojalá que yo pueda escuchar un día la palabra del juicio universal: "a mí me lo hicistéis ... " (Mt 25,40).

Cuando se tiene poder es fácil dejar de escuchar. Uno acaba creyendo que percibe todo lo que sucede en su entorno. Dialogar supone ir al encuentro del otro en el mismo plano que el otro se encuentra. Entonces se abren espacios de comprensión engendrados por el mismo acto del diálogo.

Me hubiera gustado haber podido hacerme presente y convertir este acto también en un diálogo. Mi edad y mi enfermedad no me lo han permitido. Pero aceptando este reconocimiento he podido entrar una vez más, por unos momentos, en contacto con vosotros y con la realidad catalana, que conozco desde hace muchos años.

Que su reconocimiento por mi labor sea un estímulo para ustedes y que puedan emprender una y otra vez el diálogo en el seno de su comunidad humana, civil, política y religiosa, en esta pluralidad tan incómoda como fecunda que nos ha tocado vivir.

Carlo María Martini, cardenal arzobispo emérito de Milán.