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Por Josep Gallifa .

(Artículo original publicado el 27/9/2011) 

No parece que falten muchos años para desmentir el tópico que se dice cuando una obra se alarga más de lo debido de que "tarda más en terminarse que la Sagrada Familia". Casi como un milagro se alza sorprendentemente el templo que nos ha legado el genio creador de Gaudí, continuado con el trabajo y la perseverancia de muchas personas durante muchos años. Podemos estar satisfechos y agradecidos! Situada en medio-y en diálogo-con la ciudad moderna, convirtiéndose en emblema y simbolizando sus más nobles ideales, la Sagrada Familia es una de los hitos más relevantes de la máxima elevación del espíritu humano. Ahora a nosotros nos toca comprenderla, interpretarla y capitalizar su potencial para que se realice aquello por lo que fue concebida por su creador. Nos toca también saberla explicar. En este sentido el libro "La Sagrada Familia según Gaudí. Comprender un símbolo "de Armand Puig, nos puede ayudar de una forma muy notable. Ha sido una de las lecturas de este verano que más he aprovechado, ya que el libro es, además, todo un tratado de conocimientos bíblicos, teológicos y litúrgicos, que ayudan a comprender el simbolismo gaudiniano y el significado profundo de la su obra.

 

No pretendo resumir el libro de Armand Puig porque no quisiera ni minimizarlo ni ahorrar su recomendable lectura. Si quisiera presentar resumidamente algunas de sus cuestiones centrales y hacer alguna consideración.

 

Primero sobre la arquitectura coma definición del espacio. La Sagrada Familia es una genial articulación del espacio, sobre todo a través de las formas, pero también a través de los juegos con la luz-sombra. Efectivamente, la imitación de las formas de la naturaleza, tan característica de Gaudí, organiza el espacio, lo define y dirige y distribuye la luz. Por otra parte, y de manera relevante, las formas quedan ordenadas por la Geometría, que puede ser entendida como la expresión de las leyes divinas que explican las formas de la naturaleza. Es decir la Geometría, en la medida que permite entender lo que Dios ha inscrito en la naturaleza, sirve para conformar la obra de Gaudí, como en una continuidad en la colaboración con el Creador, lo que Armand Puig observa en consonancia con la Teología actual. Pero además la Geometría de Gaudí es la del hiperboloide y del paraboloide hiperbólico, figuras que son expresiones máximas de este orden sobrenatural. Además la ciencia y el cálculo gaudinianos han permitido hacer avanzar la arquitectura en esta apropiación del espacio con soluciones constructivas nuevas, como es el apoyo de la construcción con pilares formando estos arcos parabólicos desde abajo hacia arriba. En sí misma esta dimensión, digamos científica o arquitectónica de la Sagrada Familia es ya genial. Han hecho falta ordenadores potentes para hacer todos los cálculos. Los arquitectos que han sido responsables de la obra han alcanzado el propósito. Y ahora podemos contemplar la belleza sublime de este espacio.

 

Pero el espacio no es sólo un espacio bello y neutro, sino que está rodeado de significado. Y aquí entra una segunda dimensión, la sobrenatural. La Sagrada Familia es también un símbolo o si se quiere un conjunto de símbolos unidos, con una gran fuerza expresiva. Si el espacio era articulado por la Geometría, la otra dimensión que es el tiempo, la historia, el pasado y el futuro, están articulados por el símbolo. Y el símbolo se manifiesta en el gesto y en el detalle. Gaudí no deja nada a la improvisación, todo tiene un sentido preciso, cada pequeño detalle y también la síntesis de conjunto. Armand Puig explica cómo el símbolo actúa desde el primer momento en la concepción y realización de la construcción, da nombre a las piedras y finalmente determina los espacios. La materia recibe así una calidad espiritual. Gaudí entendió la Sagrada Familia como una iniciación al misterio cristiano. El simbolismo llama a la comprensión, hay que introducirse en él, por eso el templo es también un tratado de Teología y Liturgia, desde el Antiguo Testamento al Apocalipsis, desde los Evangelios a la cultura cristiana popular. Y además la Sagrada Familia no es sólo para los que saben, sino que atrae a quien entra, no hace falta que sea cristiano. El símbolo atrapa, cautiva ... Sólo hay que ver la composición de las colas de visitantes que se forman cada día para entrar.

 

La Palabra-decíamos-articula el gesto, da forma a la materia de la piedra, la singulariza y la ordena convirtiéndola en vehículo de lo sagrado. Armand Puig nos presenta el pensamiento de Gaudí que resumimos: Es preferible el pensamiento a la forma. La forma sólo apunta hacia lo esencial, lo recoge y lo integra. La forma sola puede escurrirse en la vanidad o caer en el elitismo (cartón piedra). El pensamiento sostiene y da alma a la forma. La Gloria sólo a Dios. Este pensamiento gaudiniano es para considerarlo bien. Y es que el legado de Gaudí no es sólo la creación de un templo, sino una propuesta de espiritualidad cristiana que se convierte en tan importante como la dimensión estrictamente arquitectónica. Ambas dimensiones están unidas.

 

Llegados aquí, reflexionaré sobre un aspecto, que podemos considerar como bastante importante, que es lo que nos ha llegado de que Gaudí tenía un genio fuerte, por decirlo de alguna manera. Tal vez podamos entender de forma diferente este aspecto de cómo lo hemos venido haciendo, es decir como un defecto humano. Para replantearlo pensemos por un momento en un diálogo imaginario entre Gaudí y un escultor. El escultor podría estar diciendo a Gaudí algo así como: "Maestro, quiere decir que este San José debemos hacerlo inclinado? Yo le propongo hacerlo bien derecho, así quedará mejor". GAudí: "No, debe estar inclinado hacia la Virgen María, así es como debe de estar"... "Pero quedaría mejor como yo le digo, con la vara florida, bien derecho". Gaudí finalmente: "Mire, hagalo inclinado como le digo yo, no tengo tiempo que perder". No quiero justificar con este ejemplo imaginario que esté bien ser expeditivo en el trato con los demás, pero este ejemplo quiere contribuir a entender como el creador Gaudí tenía la mano izquierda al servicio de la mano derecha ... Que también la piedra se debe cortar para poder darle forma. El cincel ejerce una acción si se quiere violenta sobre la piedra, y Gaudí era consciente de ello. Pero sin este golpe certero no habría podido expresar el gesto, el símbolo y el propósito superior al que estaba destinada.

 

Gaudí, volviendo al libro de Armand Puig, busca plasmar la Biblia, mediante dos movimientos espacio y tiempo que son uno. Espacio-naturaleza, tiempo-Historia, unión de tierra y cielo, la Sagrada Familia de Jesús y la Sagrada Familia celestial. Así como los cálculos geométricos han permitido a los arquitectos calcular la dimensión espacial, el libro de Armand Puig, que como Gaudí no deja ni un detalle sin tratar, permite comprender el símbolo y la propuesta de conjunto de Gaudí. Acabo expresando el convencimiento de que seguramente será un libro de referencia ante las decisiones de futuro que aún se tienen que ir tomando en la continuidad de la construcción y un libro para aprender a contemplar la Sagrada Familia, dejándose llevar por la belleza y el simbolismo, pero conociendo también el pensamiento que los articula y la propuesta que Gaudí nos hace. Esta propuesta nos habla hoy con un lenguaje claro y actual y se convierte en un legado que pide ser acogido. Así se cumplirá tal vez entre nosotros el propósito que el creador Gaudí imaginó. 

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