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En la Bula Misericordiae Vultus, de convocación del Jubileo extraordinario de la misericordia, el papa Francisco ha descrito cómo la misericordia debe ser una característica esencial de la Iglesia, porque ha sido llamada a evangelizar en todo el mundo y en todas sus comunidades, de tal modo que «dondequiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia» (MV 12). Si la Iglesia no fuera un reflejo del rostro misericordioso de Dios, no sería capaz de evangelizar.

El papa Francisco también ha escrito: «En nuestro tiempo, en el que la Iglesia está comprometida en la nueva evangelización, el tema de la misericordia exige ser propuesto una vez más con nuevo entusiasmo y con una renovada acción pastoral. Es determinante para la Iglesia y para la credibilidad de su anuncio que ella viva y testimonie en primera persona la misericordia. Su lenguaje y sus gestos deben transmitir misericordia para penetrar en el corazón de las personas y motivarlas a reencontrar el camino de vuelta al Padre» (MV 12)).

Pues bien, a los Misioneros de la Misericordia, el Santo Padre nos ha encomendado que seamos «ante todo predicadores convincentes de la misericordia y anunciadores de la alegría del perdón» (MV 18). Dicho con otras palabras, nuestra misión consiste en ser pregoneros de la Misericordia. Este tiene que ser nuestro rasgo distintivo.

Por tanto, la tarea que se nos ha encomendado tiene razón de ser como un «medio necesario para avanzar por el camino de una auténtica conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están», precisamente porque «la pastoral en clave de misión supone abandonar el cómodo criterio del ‘siempre se ha hecho así». Es decir, el Para ha invitado a todos los miembros de la Iglesia a ser «audaces y creativos en la labor de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de nuestras comunidades» (EG 25 y 33).

Solo así podremos lograr que la misericordia sea «la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo.» (MV 10).

Publicado en Cataluña Cristiana, 22-05-2016