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Leemos entre la primera y segunda lectura de este domingo fragmentos del salmo 25 (vv. 4bc.5ab.6-7b.8.9). Es un salmo acróstico, es decir, que cada verso del salmo comienza con una letra del alfabeto hebreo y sigue el orden de este. Parece que fue escrito en una época tardía. El salmo no era usado en el culto del templo, más bien parece un salmo de súplica individual o grupal. Es un salmo convencional, carente de singularidad y originalidad. El hecho de ser acróstico explica que se vayan introduciendo temas sin que el salmo presente una estructura bien organizada. Es una recopilación de consideraciones morales y súplicas que se ayuda a recordar mediante el recurso del alfabeto. Se podría considerar como una recopilación de jaculatorias para uso de los piadosos israelitas.

Los temas que aparecen en el salmo se pueden agrupar en tres: Conciencia del orante de estar rodeado de enemigos numerosos (1), se siente inmerso en una situación infeliz y desgraciada en medio de la soledad. A resultas de esta situación, el orante mantiene, a pesar de todo, una gran confianza (2) en el Señor y, fruto de esta confianza, brota la oración (3) de la que sobresale el ruego para el olvido y el perdón de los pecados y la petición de la enseñanza de los caminos del Señor, tema estrella de nuestra lectura.

En los versículos escogidos que leemos hoy sobresale el tema del camino y la enseñanza. "Haz que conozca Señor tus rutas, que conozca tus caminos". Es que puede haber otros que no sean los caminos del Señor? El libro de los salmos habla de los caminos de los malvados (1,6; 146,9), los caminos malos (36,5), los caminos engañosos (119,104.128), los caminos tortuosos que desvían (125,5), de los caminos de idolatría (139,24). Cuando el orante pide al Señor que le enseñe sus caminos, está pidiendo que le enseñe, tal como dice el salmo 16, el camino que lleva a la vida. Este camino es el contrario del camino de la muerte. El Deuteronomio habla de elegir entre la vida y la muerte, seguir los caminos del Señor y cumplir los mandatos lleva a la vida (30,15). En el mismo sentido habla el profeta Jeremías: "Así dice el Señor: pongo ante vosotros el camino de la vida y el camino de la muerte" (21,8). Las palabras de Jeremías fueron recogidas por la literatura cristiana primitiva. La Didaché, la doctrina de los doce apóstoles, es un librito que empieza diciendo: "Hay dos caminos, uno de la vida y uno de la muerte y es grande la diferencia entre estos dos caminos” (1,1).

El tema de la enseñanza se hace presente a través de varios verbos hebreos que son sinónimos: "lamad" (3x), "iada", "dabar" (2x), "iara". Los encargados oficiales de la enseñanza son los sacerdotes, levitas o escribas, pero aquí el orante pide que sea el Señor quien enseñe los caminos. Este rezo se encuentra a menudo en los salmos (27,11; 86,11; 143,10).

Enseñar los caminos no se limita tan sólo a indicar los lugares geográficos por los que se debe transitar. Camino es un término que aparece a menudo estrechamente ligado a la torá, la ley, de tal manera que enseñar el camino se convertirá en equivalente a enseñar el cumplimiento de la torá, la ley. "Hoy te ordeno que ames al Señor tu Dios, que sigas sus caminos y cumplas sus mandamientos, sus decretos y sus prescripciones" dice el libro del Deuteronomio (30,15). Camino será, pues, un término que evoca las instrucciones del Señor encaminadas a recto comportamiento tanto para el individuo como para la comunidad del pueblo de Israel.

Domingo 1º de Cuaresma. 21 de Febrero de 2021