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Cuesta creer que se necesitaran tres días de camino por recorrer una ciudad de un lado a otro, por grande que fuera y también que un gran pez se tragara a una persona y luego la devolviera. Lo que decimos se explica en el libro bíblico de Jonás del que leemos un fragmento en la primera lectura de este domingo (Jo 3,1-5.10) y hay que decir que no se trata de un relato histórico, sino de un texto didáctico. El libro entró en el canon de la Escritura hebrea y no fue ni por error ni por casualidad. Seguramente sirvió para redondear el número de doce profetas antes agrupados en un solo libro que, junto con Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel formaba el conjunto de la profecía de Israel en paralelo a los 5 libros de la Ley, la Torá.

"El Señor, por segunda vez, comunicó a Jonás su palabra". La frase puede ser leída en un sentido cronológico y también teológico. ¿Qué ha pasado para que por segunda vez el Señor se dirija a Jonás? Repasemos los hechos descritos en el libro. Después de comunicar su palabra a Jonás, este decide huir a Tarsis, lejos del Señor, hacia las antípodas de Nínive. Embarca en un navío pero Dios envía una tormenta que amenaza con hundir la embarcación. Los marineros descubren que el culpable es Jonás y lo tiran al mar para calmar la furia de la tormenta y tranquilizar la ira de Dios que hace que un gran pez trague Jonás que está tres días y tres noches en su vientre. Finalmente el pez vomita a Jonás en la playa y es entonces cuando Dios dirige por segunda vez su palabra al profeta.

En sentido teológico, que el Señor se dirija a alguien por segunda vez quiere poner de manifiesto la insistencia de Dios para llevar a cabo su plan. Lo vemos en Samuel que Dios le habla no dos sino tres veces (1Sa 3), también a Salomón (1 Re 9,2), Jeremías (13,3), Ageo (2,20). De hecho, esta insistencia está en consonancia con las palabras del segundo Isaías: "Así será la palabra que sale de mi boca, no volverá nunca infecunda. Realizará el yo quería, cumplirá la misión que yo le había confiado "(Is 55,11). Jonás ano se escaqueará, acabará llevando a cabo, mal que le pese, el plan de Dios que le será manifestado las veces que sean necesarias.

"La gente de Nínive creyó en Dios y proclamaron un ayuno". Cabe destacar la rapidez de la conversión de los ninivitas. Nínive era para los israelitas la ciudad más cruel de todas y sus habitantes los peores enemigos del pueblo de Israel que los veía, como Jonás, incapaces para la conversión y de ninguna manera objeto de la misericordia de Dios. Pues bien, estos paganos indeseables hacen más caso de la palabra profética que no el pueblo de Israel a quien el Señor "no se ha cansado de enviarles a diario sus siervos los profetas que los israelitas no han escuchado ni hecho caso "(Jr 25,4). El arrepentimiento de los ninivitas se traduce en obras bien concretas: ayuno, vestir de saco, ponerse ceniza.

El libro de Jonás no es un relato histórico sino didáctico. En un momento en que las israelitas esperaban la destrucción de sus enemigos causantes de todas sus desgracias, el autor del libro proclama el mensaje de que la misericordia de Dios tiene un alcance universal. El libro de Jonás pone de manifiesto una corriente postexílica de pensamiento que se muestra abierta y favorable hacia las otras naciones y que está en sintonía con el pensamiento del tercer Isaías: "Los extranjeros que se han unido a mí, el Señor, podrán adorarme y amar mi nombre y ser mis servidores "(56,6). Jonás querría que la misericordia de Dios se limitara a Israel y por eso huye. El autor del libro proclama, sin embargo, el universalismo del amor de Dios contrapuesto a la corriente de pensamiento que defendía un particularismo excluyente.

Domingo 4º durante el año. 24 de Enero de 2021