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A fin de apoyar el texto del evangelio de hoy que presenta Jesús caminando sobre el agua, la primera lectura de este domingo ha escogido un pequeño fragmento del libro de Job (Jb 38,1.8-11) que habla del mar. Las oportunidades que ofrece la liturgia de leer esta joya bíblica y esta maravilla de la literatura universal que es el libro de Job son pocas. Vale la pena aprovechar la ocasión para adentrarse en la composición de este libro bíblico.

"Tener más paciencia que Job" es un dicho popularmente bien conocido pero el Job de la paciencia es el Job del prólogo (cc. 1-2) y del epílogo (42,7-17) del libro, el Job que se resigna a las desgracias que Dios le envía y que al final es recompensado con creces. Pero el Job del grueso del libro es el Job rebelde, ceñudo, reivindicativo. Después del prólogo el libro presenta una colección de discursos de los amigos de Job y las respuestas que este les da (cc.3-28). Job no acusa Dios ni la ataca, maldice su existencia; sus amigos intentan consolarlo y hacerle razonar exponiéndole las tesis clásicas de la doctrina de la retribución. Dios sólo aqueja a los malvados que nunca triunfan a pesar de sus éxitos pasajeros. En cambio protege a los justos y los salva en todo momento. Los amigos dicen a Job que si Dios le aqueja con el sufrimiento es porque ha pecado. Lo mejor es aceptar el castigo de Dios y arrepentirse. También ocurre que Dios envía desgracias a los inocentes.

Job se niega a aceptar los argumentos de sus amigos. Él no ha hecho nada, él es inocente. No acepta el sufrimiento ni el arrepentimiento. Quiere pleitear con Dios, discutir con él como si fuera ante un tribunal porque claramente Dios le diga que ha hecho, en que ha sido culpable, pero sabe que discutir con Dios es una temeridad e ir con él a juicio un imposible porque Dios no se presentará.

Sigue una intervención de Job que insiste en su inocencia (c 29-31) y en el contexto de este tipo de juicio Job invoca la presencia de un mediador, éste es Elihú que se mantiene en la mismas tesis que los amigos de Job. Finalmente aparece en el libro la intervención de Dios. La respuesta de Dios se despliega en dos discursos (38,1-40,2 y 40,6-41,26) separados por una pequeña intervención de Job. En el transcurso de estos discursos Dios no hace ninguna afirmación, sólo plantea a Job de una manera majestuosa, paciente e irónica una serie de preguntas imposibles de responder. Quién quiere "corregir Dios" debe tener un conocimiento divino. Dios finge creer que Job posee este conocimiento y le interroga sobre la actividad divina en el universo. El conjunto de preguntas hacen referencia a los fenómenos de la naturaleza más cercanos a nosotros y que no tienen respuesta: agua, tierra, estrellas, mar, bestias salvajes y domésticas. La lectura de hoy se fija en el mar. El embate de sus olas debía impresionar por fuerza un pueblo tan poco marinero como fue el pueblo de Israel pero para el autor bíblico el mar es como un niño pequeño indefenso que está bajo el control de Dios. El mar no es el de los relatos míticos, no es una realidad preexistente ni entabla batallas cósmicas sino que el Señor le impone sus límites.

Job descubre que la relación con Dios no se mueve por los caminos de la racionalidad. Dirigirse a Dios es acercarse a los misterios incomprensibles para la mente humana pero que Dios los encaja en el entramado de su lógica escondida y trascendente. En la respuesta de Job a los discursos de Dios no existe la satisfacción de haber encontrado la respuesta al misterio del mal. Sólo hay una constatación (42,3.5): "He hablado en la ignorancia de cosas grandes que no puedo entender. Yo sólo te conocía de oído pero ahora te he visto con mis ojos ". Job ha dado el gran paso, del razonamiento a la contemplación.

Domingo 12º durante el año. 20 de Junio ​​de 2021